Sáb
8
Dic
2018

Homilía La Inmaculada Concepción

Año litúrgico 2018 - 2019 - (Ciclo C)

Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo

Pautas para la homilía

Recuperando la Belleza

Según los filósofos antiguos, entre las propiedades del ser, denominadas “los trascendentales”, junto a la Verdad y la Bondad está la Belleza. Hemos sido creados para la belleza en cuanto que somos “imagen de Dios”. El pecado introduce una raíz de fealdad en lo más íntimo de nosotros. El pecado afecta a nuestra constitución creada, en principio, buena, verdadera y bella. El pecado nos trastoca. El relato del Génesis, en la primera lectura de hoy, nos lo recuerda. Pero también pone delante de nosotros, para nuestra reflexión, la determinante voluntad de Dios, que en su misericordia,  no nos deja a nuestra suerte pues “la estirpe de la mujer… herirá la cabeza de la serpiente…”

María, preservada por Dios de esa mácula original, es la porción preciosa de nuestra humanidad, limpia y dispuesta, escogida y cuidada por la Gracia para que pudiera germinar en Ella, en carne, el Hijo de Dios, la Palabra Salvadora, Redentora y Liberadora: Cristo… “el más bello de los hombres” (Cf. Salmo 44) que restituirá al ser humano su belleza original.

Cantad al Señor

¡Cómo no cantar al Señor por todas las maravillas que ha hecho por nosotros…! El salmo 97 nos sirve para ensalzar a Dios, rico y poderoso en su gracia que todo lo hermosea. En Cristo Salvador y en María Inmaculada, ha mostrado a todos la justicia de su misericordia y su fidelidad para con nosotros. ¡Gritad, vitoread, tocad!

Elegidos, bendecidos, puestos a puntos en Belleza

En Cristo, Dios se ha desbordado para con nosotros. Nos ha elegido, bendecido y constituido en “hijos”. En Cristo, “santos e irreprochables por el amor”, es decir, nuevamente bellos. Nuevo principio. En Cristo todo empieza de nuevo. Es a lo que estamos llamados y es lo que vemos cumplido ya en María. Ella es ese precioso espejo donde nos podemos mirar cada día para que la “gloria de la gracia divina”, tan generosamente concedida a nosotros por Cristo, y especialmente manifestada en la Virgen, redunde en alabanza suya.

Un Sí a la Belleza

La “Llena de gracia” responde. Con su libertad asiente… “Hágase”… Cree y confía por eso dice “sí”. María es responsable, desde su voluntad libre, a la hermosa efusión de gracia que recibe en virtud de su Hijo, concebido por obra del Espíritu Santo. María, con su sí, anuncia la llegada del Sí que nos salva, nos limpia y nos devuelve a nuestra primitiva hermosura. María nos mueve hoy a renovar el sí de nuestra fe que neutraliza el pecado en nosotros y nos hace optar con firmeza por la belleza que nos trae Cristo y por ser agentes de la misma en medio del mundo. Belleza imperecedera, la de un corazón firme en el Señor, lleno de amor, vida, gracia, verdad, justicia, paz, bondad…en definitiva, la santidad verdadera que rejuvenece y vitaliza.