Vie
6
Ene
2017

Homilía Epifanía del Señor

Venimos a adorar al Rey

Pautas para la homilía

Hoy Dios se presenta en medio de nosotros, y no como el Dios grandilocuente de Isaías, sino como un niño que nace en medio de la noche, iluminando la oscuridad. Nace para todos, y todos podemos adorarlo. Dios, luz de justicia y camino de salvación hace pasar su historia por los últimos. Un bebe en un establo, un bebe que nace migrante, un bebe totalmente indefenso.

Y esa luz, ese niño que nace nos cuestiona: ¿cómo nos posicionamos nosotros ante él? ¿qué hacemos ante la luz de la estrella? ¿abrimos los ojos? ¿los cerramos para no ver? ¿nos quedamos sentados? ¿nos levantamos y nos ponemos en camino?

Los tres reyes magos somos nosotros cuando vivimos con los ojos abiertos, buscando la verdad en nuestra realidad, en los rostros de nuestros seres queridos y de aquellos que nos cruzamos en nuestro camino.

Los tres reyes magos somos nosotros cuando nos ponemos en camino para perseguir nuestros sueños, esos sueños que parecen lejanos e imposibles de alcanzar pero que nos mantienen en camino ante las dificultades.

Los tres reyes magos somos nosotros cuando seguimos nuestras intuiciones, cuando preguntamos por lo que no sabemos y somos capaces de sacar nuestras propias conclusiones.

Los tres reyes magos somos nosotros cuando nuestro corazón se alegra cuando encontramos parte de esa luz de Dios, en lo pequeño, en los gestos cotidianos que son verdaderos regalos: en el beso de una madre, en una sonrisa, en una ayuda inesperada,…

Los tres reyes magos somos nosotros cuando descubrimos el rostro de Jesús en los rostros anónimos sufrientes y somos capaces de regalarnos, de entregar nuestro tiempo, nuestras capacidades, nuestro dinero a los demás.

Vivamos por tanto como los magos, en búsqueda activa, con capacidad de ver, de alegrarse y  sorprenderse, y hagamos que los que nos rodean se sientan queridos y felices, con independencia del lugar en el que se encuentren, sea un portal, una casa, un refugio o un hospital. Adoremos a Dios en los que nos rodean, en los lejanos y los cercanos, en los queremos y en aquellos deberíamos querer más, porque en todos está Dios.

Hoy es día de abrir regalos, un regalo es siempre una ilusión, una novedad, un don. Pero como en la vida, demasiados regalos, regalos sin sentido, regalos consumibles, pueden hacernos perder el verdadero sentido del día hoy: el mejor regalo que podemos hacer es regalarnos  nosotros mismos, ser don para los demás, como lo fueron los tres reyes. Ellos llevaron oro, incienso y mirra, pero podían no haber llevado nada, y nada hubiera pasado, porque el verdadero regalo era su presencia adorando a un Dios encarnado que nace en la noche oscura para traernos la luz de la salvación.