Vie
6
Ene
2012

Homilía Epifanía del Señor

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría

Pautas para la homilía

  • La epifanía es la fiesta de la luz

La Navidad abre el ciclo de las manifestaciones de Dios. Pero la salvación revelada en la Encarnación no puede quedar escondida. Con esta fiesta celebramos que con la Encarnación del Hijo de Dios una luz brilla para todos: “La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo... y la Palabra se hizo carne” (Jn 1, 9.14). La estrella subraya que Dios ha entrado en nuestra historia. Por eso, el tema esencial de esta “segunda navidad” es la manifestación de Dios. El profeta Isaías, que nos lleva acompañando desde el comienzo del Adviento, sigue con su profunda fe en la reconstrucción de Jerusalén, a la que ahora pronostica la llegada de una gran luz: “Levántate, Jerusalén, que llega tu luz”. También san Pablo nos advertirá que ahora ha sido revelado el misterio de que Atambién los gentiles son partícipes de la Promesa en Jesucristo. Por eso, esta fiesta está tan íntimamente relacionada con la Navidad.

Esa luz es la que se proyecta en todo el texto evangélico. “Vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle”, confiesan en Jerusalén los Magos. Lo más importante del evangelio de hoy es la manifestación del Señor. Dios ha aparecido en nuestra historia. El nombre antiguo de epifanía significa manifestación, pero también presencia como la llegada de un príncipe con su séquito y ejército. Es la forma de traducir la experiencia que el pueblo tenía de las epifanías o apariciones de Dios en determinados hechos de su historia. Nosotros llamamos epifanías a todas las manifestaciones individuales o comunitarias que nos orientan y nos marcan el camino a seguir. Se enciende una luz interior, cuando alguien nos escucha de verdad o cuando alguien se identifica con nosotros en momentos de agobio, porque al final en estas iluminaciones reconocemos la presencia de Dios.

  • Hemos visto salir su estrella

Los antiguos estaban convencidos de que todo personaje importante tenía su estrella y el “rey de los judíos” no podía ser menos a la hora de presentarlo ante toda la humanidad. Aunque nuestro conocimiento de los orígenes del cristianismo son fragmentarios, sabemos sin embargo que hubo comunidades compuestas por judíos y miembros de otras razas y religiones. El evangelio de Mateo está dirigido a una comunidad de este tipo. Por eso, acude tanto al Antiguo Testamento para corroborar su fe. La relación entre la condición mesiánica de Jesús y su nacimiento en Belén estaba consolidada en la tradición de las Escrituras, como indicaba la profecía de Miqueas 5, 1. Lo importante es que los primeros cristianos de origen judío tenían que rebuscar en la Escritura para aceptar a Jesús como el Mesías verdadero, que traería la salvación a todos. Lo que manifiesta aquí este evangelio es la convicción profunda de aquella comunidad de judíos y gentiles sobre la condición mesiánica de Jesús. Este será el punto débil de estas comunidades, cuando entren en crisis.

La estrella deja de guiarles, cuando los magos llamaron a la puerta equivocada, el palacio de Herodes. En realidad las autoridades judías y todo Jerusalén, pese a conocer las Sagradas Escrituras, se sobresaltan ante el nacimiento del Mesías y no lo reconocen. Entonces es necesario que los valientes buscadores del “rey de los judíos” salgan fuera del palacio, abandonen las discusiones eruditas de los consejeros y se confíen a la estrella. Es la señal que Dios les ofrece para descubrir el nuevo “lugar santo”, donde Dios ha decidido salir en busca de los hombres. Los magos, a pesar de ser paganos, siguen su búsqueda hasta que lo encuentran y lo adoran.

  • Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría

Hoy, guiados por una estrella que indica orientación y meta, llegan unos adoradores imprevistos. El evangelio subraya como una gran tragedia la desaparición de esa estrella, pero la espera y perseverancia les hizo emprender el camino verdadero. En realidad los Magos, extraños al judaísmo y a su religión, representan a todos los que han buscado la promesa de Dios y han aceptado también al niño de Belén como su luz. Por eso, la búsqueda de Dios de todos hombres de buena voluntad es la segunda enseñanza de esta fiesta.

Los magos son las primicias de la humanidad que camina en la búsqueda de Dios. La aparición de Dios no es un privilegio para algunos pueblos ni es un privilegio personal o exclusivo, sino que el evangelio con esta historia nos enseña que la fe en Cristo es universal. Todos los pueblos comparten y son depositarios de la misma promesa. La iniciativa divina no consiente apropiación alguna y exclusiva ni por parte de Herodes, ni de sus consejeros religiosos ni mucho menos del pueblo elegido en su conjunto. La presencia de Jesús ilumina a todos los pueblos.

La estrella aparece de nuevo al encontrar a Jesús. La búsqueda esforzada de estos Magos, hasta caer de rodillas ante el Niño en actitud de adoración, es una invitación a emprender todos nosotros la misma difícil senda hasta llegar a venerar el misterio salvador de Cristo. Aquí la “luz que se revela a todas las naciones” es Jesucristo. “Y cayendo de rodillas le adoraron”.

No debemos temer arrodillarnos ante Dios, porque entones nuestra vida alcanza su mayor grandeza. La adoración es siempre el acto religioso reservado para Dios. De nuevo el evangelio de Mateo nos indica la condición divina del Salvador. También sus regalos se convierten en símbolos: oro para la realeza divina; incienso para la divinidad; mirra en previsión de que el Hijo de Dios moriría. La actitud de adoración es una llamada a todos los creyentes. Sólo la fe permite contemplar la gloria que se contiene en aquel niño. Siempre se ha visto en este episodio, de unas personas ajenas al pueblo judío, la representación de los fieles intérpretes de los signos de la presencia de Dios en el niño de Belén.