Dom
26
Abr
2009

Homilía Tercer Domingo de Pascua

Año litúrgico 2008 - 2009 - (Ciclo B)

Y en su nombre se predicará la conversión

Pautas para la homilía

  • Ideal de vida cristiana

Por la identificación con la persona de Jesucristo recibimos de  Dios la salvación; a través de nuestra conversión personal, movidos por el Espíritu, podremos desarrollar un cambio de conducta propio y comunitario, que nos separe del pecado y nos incorpore a la vida nueva en Cristo Jesús. Tal ha sido el itinerario cuaresmal camino de la Pascua, y constituye el marco del ideario de vida feliz, que nos brinda la resurrección de Jesucristo, como obra del amor.

  • Nuestra sociedad

Ya Pablo VI resaltó la necesidad de una nueva “civilización del amor” donde la justicia estuviera integrada y sublimada por la caridad.”Las relaciones de fuerza no han logrado jamás establecer efectivamente la justicia de una manera durable y verdadera”. El compromiso por una civilización del amor debe ser, pues, prioritario.

Juan Pablo II insistía: “De nosotros depende que triunfe la civilización del amor, o la civilización, que mejor debería llamarse in-civilización, del individualismo, del utilitarismo, los intereses opuestos, los nacionalismos exasperados y los egoísmos elevados al rango de sistema… La Iglesia siente la necesidad de invitar a cuantos se interesan de verdad por el destino del hombre y de la civilización a unir sus recursos y su esfuerzo para construir la civilización del amor”.

Por su parte, escribe Benedicto XVI en la encíclica “Dios es amor”: “En un mundo en el cual a veces se relaciona el nombre de Dios con la venganza, o incluso con la obligación del odio y la violencia… éste es un mensaje de gran actualidad y con un significado muy concreto. Por eso en mi primera encíclica deseo hablar del amor, del cual Dios nos colma, y que nosotros debemos comunicar a los demás”.

Dice el Papa: “Dios actúa siempre con amor porque es amor” porque en Dios el amor es una realidad única. En la naturaleza humana, amor de hombre y amor de Dios (Eros y ágape)  filantropía y caridad, razón y fe, justicia y perdón, están destinadas a encontrarse y a integrarse en una civilización del amor.

  • Progresión amorosa en la conducta humana

Si quieres la paz prepara la guerra, decían los antiguos, intentando demostrar que la paz se conseguía con el triunfo en las batalla; y el mejor de todos ellos era el que llevaba al adversario a reconocerse inferior y aceptarlo en su capitulación.

La paz, como obra de la justicia. Dar a cada uno lo que le corresponde; respeto a la ley natural en la que son reconocidos los derechos ajenos; la paz en la sociedad como fruto del quehacer de  los buenos gobernantes. La administración de la justicia puede a veces exigir ocasionalmente el uso de la fuerza, de la violencia, a modo de excepción.

La paz verdadera como consecuencia del amor. La historia de las civilizaciones ha demostrado la perpetuidad de las guerras, luchas fratricidas (de toda índole) y el fondo egoísta que subyace en la naturaleza humana, que solamente es vencido por el amor maduro, generoso, servicial.

  • Resucitar por medio de la conversión

Aceptar a Cristo resucitado es aceptar como importante en nuestra vida concreta, la de ahora, la de todos los días, que necesitamos cambiar de vida, morir en la renuncia a las riquezas, el poder, el placer narcisista; a las malas relaciones con los demás, para resucitar a otra forma de existencia, justa, santa.

Comencemos creyendo en nuestra resurrección interior, en que es posible cambiar de vida; más aún, que debemos cambiar de vida, y que nadie lo puede hacer por nosotros mismos si nosotros no lo aceptamos. El Reino de Dios -resurrección- comienza a ser realidad en el momento en que se inicia el proceso propio de conversión.

Quien dice que conoce a Dios y no guarda los mandamientos, en expresión de san Juan, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda sus palabras ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. El pecado del que hemos de salir (resucitar) es el que mata la sonrisa y la alegría, mata el amor, mata la relación afectuosa de esposos, mata a los hijos, mata la armonía social: Podemos permanecer “vivos” matando la misma vida.

Ser santo es interesarse por los “otros”: es decir ayudar a los más necesitados, compartir la alegría de la mesa, aliviar dolencias de los enfermos, escuchar a quienes viven en soledad, acoger a emigrantes, etc. Resucitar es vivir ahora, a diario, de un modo nuevo en familia, en el matrimonio, en la política, las relaciones profesionales o de trabajo, en la vecindad: Es vivir en justicia y santidad verdadera, vivir en veracidad, guardando los mandamientos. No esperemos a resucitar en el último día solamente; ahora es tiempo propicio para comenzar.

  • Aplicaciones a la vida real de resucitados con Cristo

Asumamos la existencia de tres niveles afectivos en el ser humano (eros, amistad, ágape) con exigencias y necesidades funcionales complementarias y diferenciadas, que con el paso del tiempo requieren:

  • integración de los niveles sensibles (sentimientos y emociones) con la voluntad;
  • integración madurativa posterior de ellos con la caridad sobrenatural (Ágape)

Teóricas:

Movidos por el Espíritu aceptemos que Dios-amor se hace presente en la vida cotidiana, personal, de todos. Puede resultar misterioso el hecho, tanto referido a nuestro propio YO cuanto a los demás. Afirmamos como cierto que Dios está presente en todos y cada uno de los hombres.

Prácticas:

Descubriendo y cultivando el ser y obrar del laicado cristiano, que hace compatible fe y cultura:

  • En la actual crisis social desde el Amor (de Dios y humano) que vivifica espiritualidad y profesionalidad, vida escondida en Dios y manifestada en la transformación del orden temporal. Se trata de mantener coherencia de vida en el pensar, decir y obrar.
  • En la Iglesia (hacia dentro) desarrollando el Amor hacia su plenitud, desde su propia espiritualidad secular, individual y conyugalmente. ¡Enormes posibilidades diarias!