Dom
11
May
2014

Homilía IV Domingo de Pascua

Año litúrgico 2013 - 2014 - (Ciclo A)

Yo he venido para que tengan vida, y la tengan abundante

Pautas para la homilía

“Sal a darlo todo”es el lema de esta LI Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Todos tenemos vocación, porque la esencia de Dios es “vocar”, llamar, comunicarse. Vivir en cristiano es vivir “vocacionalmente”, dando sentido al plan de Dios para cada uno, que no se sabe de una vez para siempre, sino que se deja descubrir poco a poco. Y así, los llamados/amados tenemos la misión de convertirnos en llamantes/convocantes. ¡Esto forma parte del misterio de Dios y de su Iglesia!

  • ¿Qué tenemos que hacer?

No se puede vivir la vida sin un proyecto, sin un sentido, sin un horizonte. El vivir humano, el seguimiento cristiano, nos invitan a un camino, una opción constante. Porque todo no sirve ni llena. Porque la vida es excesivamente hermosa como para desperdiciarla… Se trata de vivir eligiendo, dando pasos eficaces como aquellos primeros cristianos impresionados por el testimonio de la Resurrección escuchado por boca de los discípulos. ¿Cómo servir a este Resucitado? ¿Cómo contagiar su alegría, cómo extender siempre su Pascua? No valen respuestas teóricas solamente. La experiencia cristiana necesita ser concretada en un “qué”, en un “cómo”…

  • La promesa vale para todos los que llame el Señor

Y el Señor no puede vivir sin llamar. Porque es, esencialmente, comunicación. Y porque nosotros somos su imagen, capaces de diálogo con Él. Un trato que nos humaniza y enriquece, que nos lleva a lo mejor de nosotros mismos. Pero, aunque puedan confundirse, no todas las llamadas son iguales. Respondemos diariamente a multitud de llamadas que distraen o empobrecen, que entretienen o ahogan. La llamada del Resucitado es “promesa de vida plena”. Todos somos invitados, y continuamente además, a crecer en esta llamada. Los jóvenes y los adultos, los practicantes y los tibios, también los alejados. Hay una oferta, una promesa de vida feliz, única y exclusiva para ti. ¿No vas a prestarle atención? ¿No vas a vivir conforme a ella?

  • Sus heridas os han curado

El Cristo de la Pascua viene con heridas. Pero no son heridas que contagian dolor o maldición, sino que curan. Son heridas que nos resultan familiares porque nosotros también las tenemos. Lo que en mi vida no he elegido y se me ha dado (mi infancia, mi familia, mi amor o desamor…) forma parte de mi, y a veces me disgusta o incomoda. El Resucitado me enseña a reconciliarme con mi herida, a contemplar mi historia como lenguaje de salvación, a entender que “todo es gracia”. Y si sus heridas me curan, puedo volver con las mías a Él, que por ellas me abre un camino nuevo de reconciliación y servicio. ¿Y si el Resucitado nos estuviese invitando a llevar su curación a los lugares donde lo humano se presenta herido?

  • Ladrones y bandidos…

Sigue habiendo muchos a nuestro alrededor y estamos demasiado habituados a ellos. Tanto que corremos el riesgo de arrimarnos demasiado a esos lugares de corrupción, poder y oscuridad. Ladrones que roban y matan, que no conocen ni hablan con amor, que avasallan la libertad cuando no entran por la puerta. ¿Qué debe sentirse viviendo así? Es tentadora la oferta de los bandidos de este mundo. Ofrecen rentabilidad, provecho, futuro, seguridad a cualquier precio. Su llamada, tan racional y superficial, sigue seduciendo a muchos. Pero están vacíos… Desenmascararlos, y a nosotros cuando caminamos tras ellos, es una urgencia.

  • … Y el buen pastor

Que además es, según el relato de Juan, “la puerta”. El que va de cara, sin escondites. El que ofrece su voz amable. El que ama y regala un proyecto de amor. El que tiene “vida abundante”. Sí: Jesús quiere seguir siendo hoy el amigo, el que camina al lado, el que ofrece plenitud y sentido. Con Él se vive distinto, “resucitados”… Nos toca ponernos cara a cara frente a Él, acompañar a otros para que disfruten de esa relación. Y preguntarle cuál es el plan de amor que tiene para nosotros. Nos toca vivir “en clave vocacional”, desde esa llamada que es diálogo y que nos hace amigos de Dios. Y nos toca, finalmente, orar, pedir al Resucitado que siga tocando el corazón de muchos para que, dejándolo todo, le sigan.