Lun
28
Abr
2014

Evangelio del día

Segunda Semana de Pascua

Tenéis que nacer de nuevo

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 4, 23-31

En aquellos días, Pedro y Juan, puestos en libertad, volvieron a los suyos y les contaron lo que les habían dicho los sumos sacerdotes y los ancianos.
Al oírlo, todos invocaron a una a Dios en voz alta, diciendo:
«Señor, tú que hiciste el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos; tú que por el Espíritu Santo dijiste, por boca de nuestro padre David, tu siervo:
“¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos planean proyectos vanos? Se presentaron los reyes de la tierra, los príncipes conspiraron contra el Señor y contra su Mesías”.
Pues en verdad se aliaron en esta ciudad Herodes y Poncio Pilato con los gentiles y el pueblo de Israel contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste, para realizar cuanto tu mano y tu voluntad habían determinado que debía suceder. Ahora, Señor, fíjate en sus amenazas y concede a tus siervos predicar tu palabra con toda valentía; extiende tu mano para que realicen curaciones, signos y prodigios por el nombre de tu santo siervo Jesús».
Al terminar la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos; los llenó a todos el Espíritu Santo, y predicaban con valentía la palabra de Dios.

Salmo

Sal 2, 1-3. 4-6. 7-9 R/. Dichosos los que se refugian en ti, Señor

¿Por qué se amotinan las naciones
y los pueblos planean un fracaso?
Se alían los reyes de la tierra,
los príncipes conspiran
contra el Señor y contra su Mesías:
«Rompamos sus coyundas,
sacudamos su yugo». R/.

El que habita en el cielo sonríe,
el Señor se burla de ellos.
Luego les habla con ira,
los espanta con su cólera:
«Yo mismo he establecido a mi Rey
en Sion, mi monte santo». R/.

Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho: «Tú eres mi hijo:
yo te he engendrado hoy.
Pídemolo:
te daré en herencia las naciones;
en posesión, los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro de hierro,
los quebrarás con jarro de loza». R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 1-8

Había un hombre del grupo de los fariseos llamado Nicodemo, jefe judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo:
«Rabí, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces si Dios no está con él».
Jesús le contestó:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de nuevo no puede ver el reino de Dios».
Nicodemo le pregunta:
«¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?».
Jesús le contestó:
«En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: “Tenéis que nacer de nuevo”; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabemos de dónde viene ni adónde va. Así es todo lo que ha nacido del Espíritu».

Reflexión del Evangelio de hoy

  • Da a tus siervos valentía para anunciar tu Palabra

Las dificultades sin cuento que la primera comunidad sufrió no solo para decir a los cuatro vientos su fe, sino incluso para sobrevivir físicamente por mor de la persecución que sobre ellos se desató por doquier, nos legan este texto que es un ramillete de sentimientos confesantes y un limpio recurso a Dios Padre, la única fuente de donde nos puede venir la necesaria intrepidez para no callar el recado que a la comunidad dejó la vida y mensaje de Jesús de Nazaret. Preciosa oración no exenta de esqueleto litúrgico (invocación que levanta acta del universal alcance de Dios; alusión a los sufrimientos del Siervo, camino realizador del plan salvador de Dios) donde se pone de manifiesto que la pasión de la comunidad cristiana es un reflejo de la Pasión del Maestro. Alegra constatar que los orantes de esta primera comunidad no cifran su salvación en verse libres del acoso de sus perseguidores sino en que, a pesar de las dificultades sin cuento que les acosan, puedan comunicar el vigor del Espíritu manifestado en la palabra valiente y en la confianza plena en Dios que no se olvida de sus fieles. Hermoso y oportuno aviso para navegantes en estos tiempos nuestros donde hay que dar razón de nuestra esperanza en contextos que ignoran la fuerza humanizadota de Cristo resucitado.

 

  • Nacer del agua y del Espíritu para entrar en el Reino de Dios

Abundan en el evangelio de Juan las alusiones a superar elementos fundantes de la religión judaica precisamente a través de figuras de diversa índole (samaritana, centurión, Nicodemo…); en esta pedagogía de la superación de la vieja religión es oportuna esta página que nos habla del nacimiento de arriba, manera de señalar al tiempo el origen y el destino de Cristo, suerte que compartirán necesariamente todos sus seguidores, si en fidelidad al Maestro aceptamos nacer por obra del Espíritu. No otro título esgrimimos para nacer de nuevo, solo el del Espíritu, el que todo lo hace nuevo. Los judíos creen estar en la órbita de Dios solo por pertenecer al pueblo elegido, y Nicodemo, todo un maestro de la ley, se siente incapaz de en-tender la palabra de Jesús que nos remite a su amoroso origen, el Padre Dios. Por eso es más que oportuno nacer de arriba, nacer por obra del Espíritu, arriesgarse a ser criatura nueva, reestrenar cada día nuestro bautismo porque nuestro mundo precisa beber del agua que sacia con creces nuestra sed y, así, abrirse al horizonte trascendente de un Dios que es Padre compasivo.