Vie
2
May
2014

Evangelio del día

Segunda Semana de Pascua

Repartió a los que estaban sentados todo lo que quisieron

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 5, 34-42

En aquellos días, un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la Ley, respetado por todo el pueblo, se levantó en el Sanedrín, mandó que sacaran fuera un momento a aquellos hombres y dijo: -"Israelitas, pensad bien lo que vais a hacer con esos hombres. No hace mucho salió un tal Teudas, dándoselas de hombre importante, y se le juntaron unos cuatrocientos hombres. Fue ejecutado, dispersaron a todos sus secuaces, y todo acabó en nada. Más tarde, cuando el censo, salió Judas el Galileo, arrastrando detrás de sí gente del pueblo; también pereció, y dispersaron a todos sus secuaces. En el caso presente, mi consejo es éste: No os metáis con esos hombres; soltadlos. Si su idea y su actividad son cosa de hombres, se dispersarán; pero, si es cosa de Dios, no lograréis dispersarlos, y os expondríais a luchar contra Dios." Le dieron la razón y llamaron a los apóstoles, los azotaron, les prohibieron hablar en nombre de Jesús y los soltaron. Los apóstoles salieron del Sanedrín contentos de haber merecido aquel ultraje por el nombre de Jesús. Ningún día dejaban de enseñar, en el templo y por las casas, anunciando el Evangelio de Jesucristo.

Salmo

Sal 26, 1. 4. 13-14 R. Una cosa pido al Señor: habitar en su casa.

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida
¿quién me hará temblar? R/.

Una cosa pido al Señor, eso buscaré:
habitar en la casa del Señor
por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo. R/.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor,
sé valiente, ten ánimo,
espera en el Señor. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 1-15

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte del lago de Galilea (o de Tiberíades). Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía con los enfermos. Subió Jesús entonces a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, la fiesta de los judíos. Jesús entonces levantó los ojos, y al ver que acudía mucha gente, dice a Felipe: -«¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?» Lo decía para tantearlo, pues bien sabía él lo que iba a hacer, Felipe le contestó: - «Doscientos denarios de pan no bastan para que a cada uno le toque un pedazo.» Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dice: - «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y un par de peces; pero, ¿qué es eso para tantos?» Jesús dijo: - «Decid a la gente que se siente en el suelo.» Había mucha hierba en aquel sitio. Se sentaron; sólo los hombres eran unos cinco mil. Jesús tomó los panes, dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo todo lo que quisieron del pescado. Cuando se saciaron, dice a sus discípulos: -«Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie.» Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada, que sobraron a los que habían comido. La gente entonces, al ver el signo que había hecho, decía: - «Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo.» Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña él solo.

Reflexión del Evangelio de hoy

Hoy el Evangelio nos presenta un milagro de Jesús por el que se satisface la necesidad de comer de la gente partiendo de escasos alimentos. La reacción de la gente genera una actitud religiosa, que les hizo exclamar: “Este sí que es el Profeta que tenía que venir al mundo”; y otra actitud política: “Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró otra vez a la montaña, él solo”.

Aunque los problemas económicos son competencia de los economistas, sus repercusiones en las familias y en las personas son responsabilidad de todos, nosotros incluidos. De ahí la reacción de Jesús ante sus discípulos: “Dadles vosotros de comer”.

  • Amor a Dios y al prójimo

La multiplicación de los panes y los peces, además de su proyección eucarística, tiene razón de ser en sí misma. No fue un pretexto instrumental para anunciar y enmarcar el anuncio del pan de vida. Jesús hace este milagro porque ve a la gente hambrienta y sin posibilidad de alimentarse. Les hablaba continuamente de su Padre, del Reino y de la misión; pero cuando se encuentra con sus necesidades, enfermedades y carencias, deja de hablar y actúa. Vino a librarnos de la muerte, del pecado y del mal. Y males no son sólo los morales y espirituales, sino todos aquellos, estructurales o personales, que esclavizan o deshumanizan a la persona humana, como la guerra, la corrupción, la violencia, la opresión, el egoísmo, el odio, el hambre y la enfermedad.

Es cierto que tuvo necesidad de decirles: “Me buscáis porque comisteis pan hasta saciaros”, pero lo comprendía sabiendo de su humanidad. Lo que él buscaba es que comprendieran el rostro que les mostraba de su Padre y padre de todos y que validaran ese conocimiento por medio de la auténtica fraternidad.

  • Justicia, solidaridad, generosidad, responsabilidad

Las personas necesitadas, los que pasan hambre –y cada vez son más-, se van cansando y van desconfiando de las palabras, aunque sean bellas, y de los discursos y teorías sobre sus problemas. Creen más en los gestos comprometidos y solidarios, aunque aparentemente sean más prosaicos. El gesto de Jesús hoy en el Evangelio va por ahí. Quiere ser solidario con aquellos que pasan hambre. Decía que cada vez son más los que pasan hambre de pan y de compañía, de alimentos, de cultura y cercanía. Y, aunque salgan menos en los medios, hay muchas personas solidarias y generosas que dedican su tiempo y su vida en servicio de los demás.

En la persona y actuación de Jesús todo es significativo. Hoy podía haber hecho el milagro sin contar con los demás, porque era el Hijo de Dios. Pero, quiso valerse de la solidaridad de aquellos que tenían, muy poco, cinco panes y dos peces. Es revelador y elocuente que pusieran a disposición de los discípulos lo poco que tenían. Y, a partir de ahí, se produce el milagro. Los panes y peces se multiplican en las manos de Jesús, y todos los presentes pueden ser alimentados.

“Que nada se desperdicie”. Y Jesús les manda recoger todas las sobras. Como un aviso para navegantes. Por lo visto, el despilfarro existía ya entonces, y sigue existiendo, mejor, coexistiendo, con los problemas económicos gravísimos de una gran mayoría. Como si Jesús quisiera indicarnos que algo tenemos que ver con los problemas de los demás; que no son sólo “de los demás”, son nuestros también. Y que, ¡quién sabe!, quizá poniendo a su disposición “los panes y peces” que tenemos, puedan surgir nuevos milagros. Y cuando, no ya nuestros pobres enseres, sino nosotros mismos nos ponemos a su disposición, bendecidos por quien bendijo hoy los panes y peces evangélicos, con seguridad volverá a producirse el milagro.