Lun
29
Mar
2010

Evangelio del día

Semana Santa

Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro.

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 42, 1-7

Mirad a mi siervo,
a quien sostengo;
mi elegido,
en quien me complazco.
He puesto mi espíritu sobre él,
manifestará la justicia a las naciones.
No gritará, no clamará,
no voceará por las calles.
La caña cascada no la quebrará,
la mecha vacilante no la apagará.
Manifestará la justicia con verdad.
No vacilará ni se quebrará,
hasta implantar la justicia en el país.
En su ley esperan las islas.
Esto dice el Señor, Dios,
que crea y despliega los cielos,
consolidó la tierra con su vegetación,
da el respiro al pueblo que la habita
y el aliento a quienes caminan por ella:
«Yo, el Señor,
te he llamado en mi justicia,
te cogí de la mano, te formé
e hice de ti alianza de un pueblo
y luz de las naciones,
para que abras los ojos de los ciegos,
saques a los cautivos de la cárcel,
de la prisión a los que habitan en tinieblas».

Salmo

Sal 26, 1. 2. 3. 13-14 R/. El Señor es mi luz y mi salvación

El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar? R/.

Cuando me asaltan los malvados
para devorar mi carne,
ellos, enemigos y adversarios,
tropiezan y caen. R/.

Si un ejército acampa contra mí,
mi corazón no tiembla;
si me declaran la guerra,
me siento tranquilo. R/.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 12, 1-11

Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa.
María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice:
«¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?».
Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando.
Jesús dijo:
«Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis».
Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron no solo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos.
Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.

Reflexión del Evangelio de hoy

Se puede decir que las lecturas de este día mantienen un tono que no induce a pensar en los relatos de la Pasión. El siervo de Yahvé, dentro de su fragilidad: “caña cascada”, “pábilo vacilante”, mantiene la confianza en su Dios, que tiernamente le “toma de la mano”. El texto evangélico nos muestra las deferencias que una mujer tiene con Jesús. Deferencias que Jesús acepta con agrado, a pesar de la interesada crítica de Judas. El salmo responsorial alude a triunfo y exaltación. La liturgia este día parece, pues, no querer ahondar en el fin trágico de Jesús. Pero lo anuncia: los sumos sacerdotes siguen con la idea de matar a Jesús, y ”también a Lázaro”, porque Lázaro, sacado del sepulcro, era testigo de la fuerza y el poder de Jesús y de su palabra: de que Dios estaba con él. También con Yahvé está “su siervo”, según la primera lectura; pero que Dios esté con ellos no va a evitar que se lleve a cabo lo que los hombres maquinan. El mismo Jesús lo anuncia cuando habla de su sepultura, preanunciada por la unción de sus pies y cabellera. Le gusta a la Liturgia, como sucede el domingo de Ramos, compartir la acogida cariñosa de Jesús por parte de unos –los sencillos-, con el rechazo hasta buscar su muerte de otros –los poderosos-. La suya y la del testigo Lázaro. Mientras, Judas es dibujado como ideólogo que construye ideas, aparentemente válidas, al servicio de sus aviesos intereses. Algo a tener en cuenta cuando se trata de acoger o rechazar a Jesús de Nazaret.