Mié
31
Mar
2010

Evangelio del día

Semana Santa

Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 50,4-9a

Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?

Salmo

Sal 68, 8-10. 21-22. 31 y 33-34 R. Señor, que me escuche tu gran bondad el día de tu favor.

Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R/.

La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.
Espero compasión, y no la hay;
consoladores, y no los encuentro.
En mi comida me echaron hiel,
para mi sed me dieron vinagre. R/.

Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias.
Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 26, 14-25

En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso: - «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?» Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo. El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: - «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?» Él contestó: - «ld a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: "El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos."» Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce. Mientras comían dijo: - «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.» Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro: - «¿Soy yo acaso, Señor?» Él respondió: - «El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido.» Entonces preguntó judas, el que lo iba a entregar: - «¿Soy yo acaso, Maestro?» Él respondió: - «Tú lo has dicho.»

Reflexión del Evangelio de hoy

Judas Iscariote

Nunca sabremos por qué, por eso el gesto de su traición seguirá dando pábulo a mil distintas interpretaciones. Hubo un momento en su vida que claramente optó por Jesús y éste, conociéndole, admitió su oferta y, a su vez, apostó por él. Luego, el contacto con Jesús tenía que haber provocado en él una adhesión cada vez mayor, como en el resto de los discípulos. Pero no fue así, a no ser que también nosotros interpretemos su gesto como el de un hombre que “quiso provocar la llegada de ese Reino denunciado por Jesús para obligarle a actuar” y a, definitivamente, triunfar.

No. La traición de Judas fue objetivamente y por lo que nosotros podemos intuir más que saber, si no la peor, una de las más graves que se pueden cometer. Con el agravante de tener lugar entre personas buenas y al lado del Santo entre los santos.

Tanto el lunes como ayer, hemos encontrado también en el Evangelio esta figura maligna. De la liturgia ha pasado a las procesiones. Y el Judas de las procesiones es objeto de mil “judiadas” en muchos de nuestros pueblos. Los hay donde el muñeco de paja representando al traidor se quema públicamente; en otros, es ahorcado, etc. Este es el sentir popular sobre el personaje.

Otra cosa es ahondar en la proyección, incluso un tanto inconsciente, que podamos tener al hacerlo. Si cuando alguien nos traiciona le decimos: “Eres un judas”, quizá con ese gesto busquemos marcar distancias entre nosotros, Judas y los judas que en el mundo han sido. Hasta puede ser una señal de arrepentimiento.

Pero, a partir de mañana, el protagonista va a ser otro hombre, el Hijo del hombre. El que quita el pecado del mundo, el que limpia las marcas que dejan en nosotros las “judiadas” que hacemos, y a quien tenemos siempre que agradecer las que evitamos por él y gracias a él,  a pesar de nosotros.