Mié
23
Jul
2014
El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante

Primera lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 2, 19-20:

Hermanos: Para la Ley estoy muerto, porque la Ley me ha dado muerte; pero así vivo para Dios. Estoy crucificado con Cristo: vivo yo pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Y, mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí.

Salmo

Sal 33: Bendigo al Señor en todo momento

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. R/
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
y lo salva de sus angustias. R/
El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved que bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él. R/
Todos sus santos, temed al Señor,
porque nada les falta a los que le temen;
los ricos empobrecen y pasan hambre,
los que buscan al Señor no carecen de nada.R/

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 1-8

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- Yo soy la verdadera vida, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento mío que no da fruto lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego lo recogen y los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid los que deseáis, y se realizará. Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.

Reflexión del Evangelio de hoy

  • Estoy muerto para la Ley

Hoy abandonamos la lectura continua propia del tiempo ordinario, y la liturgia nos ofrece unos textos bíblicos que se supone quieren ilustrar el modo de situarse y de actuar que asumió en su vida la santa cuya fiesta celebramos: Santa Brígida, patrona de Europa.

Y tengo la impresión de que esos textos se focalizan en una única idea clave: el Señor Jesús como único lugar y posibilidad de vida auténtica.

Empezamos con el pequeño párrafo de la carta de Pablo a los gálatas. Y voy a poner la atención en unas palabras en las que tal vez no nos fijamos demasiado porque poco después el apóstol hace afirmaciones aún más audaces.

Pero hoy vamos a intentar profundizar un poco en la primera frase de la lectura: “Para la Ley yo estoy muerto”. Pablo habla de la Ley judía, que tiene su origen en Moisés (diríamos que los Mandamientos que todos aprendimos en algún momento), pero que reflexionada, evolucionada, desarrollada y concretada, se convirtió en un conjunto de más de 600 leyes que era imprescindible cumplir para ser “agradable” a Dios. Muy pocos la conocían y en consecuencia todos ellos eran pecadores porque no podían cumplirla. Otros conociéndola no la cumplían. Y por último, aquellos que la cumplían, corrían el riesgo de creer que su cumplimiento les otorgaba méritos y derecho a la bendición de Dios. Pablo, en otros pasajes, explica que él pertenecía al grupo de los estrictos cumplidores de la Ley. Pero se ha encontrado con Cristo y ya no hay ninguna ley que rija para él, se sabe totalmente libre frente frente a ella. Sólo sirve Cristo y vivir en Él.

  • El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante

El evangelio abunda en la misma idea que Pablo nos ha transmitido. Juan, a través de la alegoría de la vid y los sarmientos, explica de manera sencilla y comprensible la centralidad de Jesús en la vida. Sólo formando parte de Él circula la savia de la vida verdadera que nos permite crecer, florecer, dar frutos. Camino único, desde el punto de vista creyente, para llegar a ser nosotros mismos. Y promesa de futuro que camina hacia la plenitud, aunque hayamos de tener en cuenta y experimentar las podas que la propia vida trae consigo. Y es que, si permanecemos en Él, si la raíz de nuestro ser la constituye ese Jesús del cual Pablo vive, iremos descubriendo lo esencial, aquello que reconocemos como nuestras necesidades y deseos más profundos precisamente porque se identifican con el Señor al que queremos seguir y del que queremos vivir.

Si es eso lo que pedimos al Padre (y no tantas cosas secundarias con las que a veces intentamos negociar con Dios) podemos confiar en que lo vamos a recibir. Y en que nuestra vida, incluso sin que muchas veces seamos conscientes de ello, dará frutos abundantes de amor, como expresión y manifestación del AMOR que Dios es y nos tiene a cada uno de sus hijos.

Hoy puede ser un buen día para profundizar en lo que significa para nosotros estar liberados de la ley, y vivir insertos en la vid que es Jesús de Nazaret.