Mié
15
Dic
2010

Evangelio del día

Tercera semana de Adviento

Anunciad a Juan lo que habéis visto y oído

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 45, 6c-8. 18. 21b-25

«Yo soy el Señor, y no hay otro,
el que forma la luz, y crea las tinieblas;
yo construyo la paz y creo la desgracia.
Yo, el Señor, hago todo esto.
Cielos, destilad desde lo alto la justicia,
las nubes la derramen,
se abra la tierra y brote la salvación,
y con ella germine la justicia.
Yo, el Señor, lo he creado».
Así dice el Señor, creador del cielo
—él es Dios—,
él modeló la tierra,
la fabricó y la afianzó,
no la creó vacía,
sino que la formó habitable:
«Yo soy el Señor, y no hay otro.
—No hay otro Dios fuera de mí—.
Yo soy un Dios justo y salvador,
y no hay ninguno más.
Volveos hacia mí para salvaros,
confines de la tierra,
pues yo soy Dios, y no hay otro.
Yo juro por mi nombre,
de mi boca sale una sentencia,
una palabra irrevocable:
Ante mí se doblará toda rodilla,
por mí jurará toda lengua»;
dirán: «Sólo el Señor
tiene la justicia y el poder».
A él vendrán avergonzados
los que se enardecían contra él;
Con el Señor triunfará y se gloriará
la estirpe de Israel».

Salmo de hoy

Sal 84, 9ab-10. 11-12. 13-14 R. Cielos, destilad desde lo alto al Justo, las nubes lo derramen.

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz
a su pueblo y a sus amigos».
La salvación está cerca de los que lo temen,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R/.

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R/.

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
y sus pasos señalarán el camino. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 7, 19-23

En aquel tiempo, Juan, llamando a dos de sus discípulos los envió al Señor diciendo:
«¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?».
Los hombres se presentaron ante él y le dijeron:
«Juan el Bautista nos ha mandado a ti para decirte: “¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?”».
En aquella hora Jesús curó a muchos de enfermedades, achaques y malos espíritus, y a muchos ciegos les otorgó la vista.
Y respondiendo, les dijo:
«Id y anunciad a Juan lo que habéis visto y oído: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan, los pobres son evangelizados. Y ¡bienaventurado el que no se escandalice de mí!».

Reflexión del Evangelio de hoy

  • “Solo el Señor tiene el poder y la justicia”

El profeta Isaías nos sitúa con los desterrados de Babilonia. Vacilantes en su fe, en los acontecimientos históricos que viven, ven a los dioses de Babilonia como más poderosos, por eso están en desgracia. Es aquí, donde la palabra profética anuncia la grandeza de Jahveh, Dios de Israel, Él es único, no hay nadie superior a Él, lo ha creado todo, es justo y salvador, tiene la justicia y el poder y es el que salvará Israel, “con Él triunfará y se gloriará la estirpe de Israel.

La historia se repite, muchas veces, ante la desigualdad y la incomprensión que nos rodean, nos olvidamos del poder y de la bondad de nuestro Dios.
Aprendamos a verlo en el acontecer de cada día, Él, como Padre amoroso está a nuestro lado, no desconfiemos.

  • “Anunciad a Juan lo que habéis visto y oído”

Juan el Bautista, preso por Herodes, quiere que sus discípulos conozcan y sigan a Jesús como el Mesías prometido. Por eso les envía para preguntarle si es el Mesías o deben esperar a otro.

Jesús, que al leer en la sinagoga el pasaje de Isaías los signos de la llegada del Mesías:”me ha enviado para proclamar la liberación a los cautivos, la vista a los ciegos, afirma que esto se ha cumplido en él (cf Lc 4 18-19), ahora quiere que los discípulos de Juan reconozcan quien es por las obras que realiza:”los ciegos ven, los cojos andan…a los pobres se les anuncia el Evangelio.

La proclamación de la Buena Nueva tiene que ir siempre acompañada de la ayuda a los hermanos, de esta manera, la Iglesia será testigo del Reino. Dios está entre nosotros siempre, pero lo manifestamos con nuestras obras así verán, en nosotros, el amor de Dios a todos los hombres.