Lun
20
Dic
2010

Evangelio del día

Cuarta semana de Adviento

Immanuel: Con nosotros está Dios

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 7,10-14:

En aquellos días, el Señor habló a Acaz: «Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.»
Respondió Acaz: «No la pido, no quiero tentar al Señor.»
Entonces dijo Dios: «Escucha, casa de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros".»

Salmo

Sal 23,1-2.3-4ab.5-6 R/. Va a entrar el Señor, él es el Rey de la gloria

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R/.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R/.

Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,26-38

A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo: «No temas, Maria, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?» El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y la dejó el ángel.

Reflexión del Evangelio de hoy

Si hay algo que sobresale en las lecturas de este lunes IV de adviento es el hecho de una “virgen encinta”, es decir, una mujer virgen embarazada. Si se es virgen, ¿cómo se puede estar embarazada? ¿Cómo se explica esto? ¿cómo puede ser esto? Las mismas preguntas que nos hacemos nosotros hoy es la que se hizo María cuando escucho el anuncio del ángel del Señor: ¿Cómo será esto, si no conozco varón?

La primera lectura del profeta Isaías nos ayuda a ver un poco más lejos. Acaz es uno de los reyes de Judá más controvertidos y detestados por la Escritura a causa de su idolatría. El Señor, por su cuenta y riesgo, decide ofrecer a Acaz un signo para que le reconozca como único y verdaderos Dios. Este signo no es una manifestación gloriosa, ni la conquista de una tierra, ni la victoria de una guerra... como habitualmente leemos en las páginas del Antiguo Testamento. No... Aquí se trata de un signo sorprendente: una virgen encinta. Este es el signo que Dios regala a Acaz para que le reconozca, para que se de cuenta de que no hay Dios fuera de Yavéh.

Corriendo unos cuantos siglos en el tiempo, nos encontramos con un signo idéntico: María, la Virgen encinta. Ahora esta Virgen embarazada no es sólo un signo de Dios a una persona, a un rey, a un pueblo concreto... No, Maria se convierte en el signo que ofrece, ahora, Dios al todo ser humano. María es el signo, es quien apunta a la presencia de Dios en el mundo. El seno de María, pues, se convierte en el arca que porta la Alianza, la promesa de Dios, la Felicidad del ser humano.

Pero, lo importante de un signo no es el signo en sí, sino aquello a lo que apunta el signo. Lo importante de ambas vírgenes, tanto la de la primera lectura como María, no es la conciliación, el entender, que sean vírgenes y estén encintas al mismo tiempo, sino que lo importante es aquello a lo que apuntan, aquello de lo que son signos elocuentes, aquello de lo que hablan. Y esto no es otra cosa que: “´Immannu-el”, que Dios se encuentra presente, acompañando a la humanidad. Y que Dios haya recorrido los mismos caminos que nosotros, pero antes... hace que nuestro camino se encuentra ya bendecido, allanado, sin obstáculos... siempre y cuando, deseemos pisar en la misma huella que piso Dios, es decir, siempre y cuando nos agarremos a Dios para caminar en la vida.