Sáb
10
Mar
2012

Evangelio del día

Segunda semana de Cuaresma

Deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.

Primera lectura

Lectura de la profecía de Miqueas 7,14-15.18-20:

Señor, pastorea a tu pueblo con el cayado, a las ovejas de tu heredad, a las que habitan apartadas en la maleza, en medio del Carmelo. Pastarán en Basán y Galaatl, como en tiempos antiguos; como cuando saliste de Egipto y te mostraba mis prodigios. ¿Qué Dios como tú, que perdonas el pecado y absuelves la culpa al resto de tu heredad? No mantendrá por siempre la ira, pues se complace en la misericordia. Volverá a compadecerse y extinguirá nuestras culpas, arrojará a lo hondo del mar todos nuestros delitos. Serás fiel a Jacob, piadoso con Abrahán, como juraste a nuestros padres en tiempos remotos.

Salmo

Sal 102,1-2.3-4.9-10.11-12 R/. El Señor es compasivo y misericordioso

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
el rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R/.

No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R/.

Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 15,1-3.11-32

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle.
Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna." El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de saciarse de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: "Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros." Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo." Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad en seguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado." Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud." Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado." El padre le dijo: "Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado."»

Reflexión del Evangelio de hoy

  • “Volverá a compadecerse”

Este texto del profeta Miqueas evoca, ya desde esta segunda semana de Cuaresma, al grito jubiloso de la Iglesia la noche de Pascua cuando canta en el Pregón Pascual “Feliz la culpa, que mereció tal Redentor”. El pueblo siente como vuelve a estar lejos de su Dios y el profeta le compone un himno recordando las maravillas obradas por Dios en favor de Israel a pesar de la infidelidad. Sabe en su corazón, (que es donde se revelan los grandes misterios), que Dios no mantendrá su ira, que volverá de nuevo a compadecerse. Él, que reunirá una multitud de pueblos, se ha reservado un lugar desierto donde apacentará solo a su rebaño disperso, sin seguridad alguna, que puede confiar solo en él. Por eso vivamos felices a pesar de vernos débiles ante Dios porque será Él quien arroje nuestros fallos al fondo del mar, para volver a comenzar su alianza de amor con nuestro corazón.

  • “Deberías alegrarte”

Desde el principio del Evangelio vemos cómo tenemos dos grupos de personas que están con Jesús: los publicanos y pecadores que van a escucharle y los letrados y fariseos que murmuran. Y el evangelista nos señala claramente cuál es la actitud de cada uno, llevándonos ya desde este instante a ir dándole sentido a la parábola siguiente, donde Jesús habla de cómo dos hijos se relacionan con su padre.

Uno de los mayores fallos del hijo menor no es solo que abandonara el hogar y gastara la fortuna, sino que dice el texto: “vivió perdidamente”, o sea, perdió la vida. La cual su padre había guardado afanosamente hasta el momento en que decide apartarse irresponsablemente. Pero el apartarse no solo se da en el sentido físico, ya que el hijo mayor estaba aún más lejos del corazón de su padre que su hermano.

No podemos cambiar actitudes exteriores sin cambiar las interiores. En primer lugar eso es gracia de Dios y por eso aprovechamos esta Cuaresma para ir dando pasos hacia el corazón de Dios desde lo profundo de nosotros, y así las obras buenas y los gestos bondadosos serán los que broten de nosotros. Que Dios nos conceda la gracia de ir curando lo que hay en nosotros de hijo mayor e hijo menor, convirtiéndonos así en imagen de Dios Padre que se alegra siempre la vuelta de sus hijos a sus caminos de felicidad.