Sun
18
Mar
2012

Homilía IV Domingo de Cuaresma

Año litúrgico 2011 - 2012 - (Ciclo B)

Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Introducción

Dios, el amigo y salvador del hombre no se cansa de estar a su lado, a pesar de lo que éste sea. Estar a su lado es una manifestación de gracia y bendición por medio de su Hijo Jesucristo, rico en misericordia (Pablo). Pero es Juan el que hoy nos presenta esa cercanía y la mejor réplica a la interpretación judía equivocada del mesianismo de Jesús: él, y no la ley, es fuente de vida y norma de conducta, siendo levantado en lo alto. En “este levantamiento” revela el amor de Dios y como luz es criterio de bondad o maldad. El hombre responde prestándole adhesión y entonces, tiene vida y acercándose a él para recibir la luz y sale de la tiniebla. Nicodemo esperaba con su gente un mesianismo al que Jesús no corresponde, ya que no se parece en nada a un reinado de poder, orden o como ellos pensaban, sino que es un mesianismo desde el amor manifestado en la cruz, que pone patasarriba a la ley, incapaz de dar vida al hombre.