Jue
1
Mar
2012

Evangelio del día

Primera Semana de Cuaresma

Pedid, buscad y llamad

Primera lectura

Lectura del libro de Ester 4, 17k. l-z

En aquellos días, la reina Ester, presa de un temor mortal, se refugió en el Señor.
Y se postró en tierra con sus doncellas desde la mañana a la tarde, diciendo:
«¡Bendito seas, Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob! Ven en mi ayuda, que estoy sola y no tengo otro socorro fuera de ti, Señor, porque me acecha un gran peligro.
Yo he escuchado en los libros de mis antepasados, Señor, que tú libras siempre a los que cumplen tu voluntad. Ahora, Señor, Dios mío, ayúdame, que estoy sola y no tengo a nadie fuera de ti. Ahora, ven en mi ayuda, pues estoy huérfana, y pon en mis labios una palabra oportuna delante del león, y hazme grata a sus ojos. Cambia su corazón para que aborrezca al que nos ataca, para su ruina y la de cuantos están de acuerdo con él.
Líbranos de la mano de nuestros enemigos, cambia nuestro luto en gozo y nuestros sufrimientos en salvación».

Salmo

Sal 137, 1bcd-2a. 2bcd-3. 7c-8 R/. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario. R/.

Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R/.

Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 7, 7-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.
Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!
Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas».

Reflexión del Evangelio de hoy

  • “Señor mío, único rey nuestro”

Nos encontramos con Ester suplicando al Señor que le libre del peligro en que se encuentra. Se dirige a él como “Señor mío, único rey nuestro”. Le recuerda la historia, que le ha contado su padre, de su pueblo con él. Cómo lo eligió entre todos los pueblos como pueblo suyo y cómo éste le fue infiel marchándose detrás de otros dioses. Pero ella le tiene como su único Rey y Señor, su único Dios. Aquí está la clave que lo explica todo. Y desde esa creencia y convicción se atreve a suplicarle que la atienda en su necesidad. Una súplica hecha de esta manera, nuestro Dios, tanto en el Antiguo Testamento, como en el Nuevo, siempre la atiende. La fe, la confianza en Dios es la que obra los milagros extraordinarios y los milagros ordinarios de darnos la fuerza suficiente para caminar por la senda que Jesús ha inaugurado en las circunstancias normales de cada día.

  • “Pedid, buscad y llamad”

En nuestra constante tentación de quedarnos con ciertos fragmentos del evangelio y dejar otros en la oscuridad, en el evangelio de hoy donde Jesús nos invita a “pedid, buscad y llamad”, corremos el peligro de quedarnos con el primer verbo y olvidar los otros dos. Hoy vamos a seguir la táctica contraria y fijarnos sólo en los dos último, entre otras cosas porque el primero está algo comentado a propósito de la lectura de Ester. El cristiano es un buscador, un continuo buscador de Dios, lo que le lleva a buscar cómo quiere Dios que nos relacionemos con los demás, con el mundo, con nosotros mismos. Vosotros, ante todo, “buscad el reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura”. En esta misma línea tenemos que llamar. Acercarnos a la puerta de Jesús que siempre la tiene entreabierta y él nos la abrirá de par en par y nos invitará a cenar con él, ofreciendo el alimento de su amor, de su perdón, de su pan, de su vino”. Tenemos que vivir uniendo estos tres verbos: “pedid, buscad y llamad”.