Jue
13
Mar
2014

Evangelio del día

Primera Semana de Cuaresma

Pedid y se os dará

Primera lectura

Lectura del libro de Ester 4, 17k. l-z

En aquellos días, la reina Ester, presa de un temor mortal, se refugió en el Señor.
Y se postró en tierra con sus doncellas desde la mañana a la tarde, diciendo:
«¡Bendito seas, Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob! Ven en mi ayuda, que estoy sola y no tengo otro socorro fuera de ti, Señor, porque me acecha un gran peligro.
Yo he escuchado en los libros de mis antepasados, Señor, que tú libras siempre a los que cumplen tu voluntad. Ahora, Señor, Dios mío, ayúdame, que estoy sola y no tengo a nadie fuera de ti. Ahora, ven en mi ayuda, pues estoy huérfana, y pon en mis labios una palabra oportuna delante del león, y hazme grata a sus ojos. Cambia su corazón para que aborrezca al que nos ataca, para su ruina y la de cuantos están de acuerdo con él.
Líbranos de la mano de nuestros enemigos, cambia nuestro luto en gozo y nuestros sufrimientos en salvación».

Salmo

Sal 137, 1bcd-2a. 2bcd-3. 7c-8 R/. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario. R/.

Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R/.

Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 7, 7-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.
Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!
Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas».

Reflexión del Evangelio de hoy

  • No tengo otro defensor que tú…

En la liturgia de la palabra de hoy nos encontramos ante la oración que la reina Ester dirige a Dios, exponiendo su vida al peligro por la salvación de su pueblo, así con la ayuda y auxilio de Dios intercede por su pueblo, de esta forma la oración de la Reina Ester se convierte en confesión y conversión. Dios le responde como salvador del pueblo hebreo.

También a nosotros nos puede pasar que alejándonos de Dios, nos veamos asediados por nuestros enemigos, que nosotros mismos por nuestros pecados nos infligimos. Pero el Señor siempre espera nuestra oración humilde y confiada, espera de nosotros el abandono confiado en sus manos salvadoras para librarnos de todos los males que, interna o externamente, nos puedan sobrevenir por nuestra vida errada fuera del camino de la verdad.

  • Pedid y se os dará.

Este texto de San Mateo nos enseña hoy la necesidad que el hombre tiene de orar a Dios y la garantía de su eficacia. Así Dios siempre escucha nuestra oración.

La eficacia de nuestra oración dependerá de si nuestras peticiones están en función de la doctrina del reino, no alejándonos del mismo, sino uniéndonos más a él; si pedimos lo que no conviene o cuando no conviene, Dios no nos concederá lo que pedimos.

Dice Santiago (4,31): “No tenéis, porque no pedís; y si pedís no recibís porque pedís mal, para dar satisfacción a vuestras pasiones”.

Por eso cuando oramos el Espíritu intercede por nosotros, porque no sabemos pedir como nos conviene; por todo ello pedimos al Señor Jesús igual que los discípulos “enséñanos a orar”. El nos dejó una serie de peticiones reflejadas en el Padre nuestro. Aquí encontramos un compendio de todo lo que el cristiano necesita pedir a Dios Padre; oremos en esta cuaresma con esta oración y estas peticiones liberadoras al Padre rico en misericordia.