Jue
18
Feb
2016

Evangelio del día

Primera Semana de Cuaresma

Pedid, buscad, llamad

Primera lectura

Lectura del libro de Ester 4, 17k. l-z

En aquellos días, la reina Ester, presa de un temor mortal, se refugió en el Señor.
Y se postró en tierra con sus doncellas desde la mañana a la tarde, diciendo:
«¡Bendito seas, Dios de Abrahán, Dios de Isaac y Dios de Jacob! Ven en mi ayuda, que estoy sola y no tengo otro socorro fuera de ti, Señor, porque me acecha un gran peligro.
Yo he escuchado en los libros de mis antepasados, Señor, que tú libras siempre a los que cumplen tu voluntad. Ahora, Señor, Dios mío, ayúdame, que estoy sola y no tengo a nadie fuera de ti. Ahora, ven en mi ayuda, pues estoy huérfana, y pon en mis labios una palabra oportuna delante del león, y hazme grata a sus ojos. Cambia su corazón para que aborrezca al que nos ataca, para su ruina y la de cuantos están de acuerdo con él.
Líbranos de la mano de nuestros enemigos, cambia nuestro luto en gozo y nuestros sufrimientos en salvación».

Salmo

Sal 137, 1bcd-2a. 2bcd-3. 7c-8 R/. Cuando te invoqué, me escuchaste, Señor

Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
porque escuchaste las palabras de mi boca;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario. R/.

Daré gracias a tu nombre:
por tu misericordia y tu lealtad,
porque tu promesa supera tu fama.
Cuando te invoqué, me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R/.

Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo.
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 7, 7-12

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.
Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!
Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas».

Reflexión del Evangelio de hoy

  • Señor mío, único rey nuestro

Son muy bellas y provechosas para alma las lecturas que la Liturgia nos propone hoy, pues muestran el poder del ayuno y de la oración.

Antes de acudir al rey la reina Ester ayunó durante tres días, y, con ella todo el pueblo. No solo ayunó de comida, sino que ayunó, sobre todo, de lo que le estorbaba en su caminar hacia Dios.
Este tipo de ayuno requiere más esfuerzo, más dominio, más amor y más colaboración.

El autor sagrado quiere hacer resaltar, también, el poder de la oración hecha con fe. Ester ora a Dios desde su corazón con la convicción de que va a ser escuchada y atendida su petición.

Comienza asumiendo su soledad y su angustia, y, decide a actuar en favor de su pueblo confiando en la ayuda de Dios, suplica: «Dame valor, Señor.»

Buscó la ayuda de Yahvé porque estaba totalmente convencida de que Él era el único que podía defenderla: «protégeme Tú, Señor, que lo sabes todo.»

No olvidó que sus padres le contaron las hazañas que Yahvé hizo a favor de su pueblo.

La oración de Ester fue sincera en cuanto a ella se refería e igualmente respecto a su pueblo: «hemos pecado contra Ti», por ello pide perdón.

Confía en la misericordia, en la justicia, y en la fidelidad de Yahvé por esto le invoca: «Señor mío, único Rey nuestro, protégeme.»

Pide a Dios que le inspire lo que tiene que decir cuando tenga que «hablar al león.» Suplica para ella y para su pueblo: «líbranos con Tu mano.»

Esta situación de Ester y de su pueblo nos hace presente a muchos hermanos nuestros, perseguidos y masacrados por el mero hecho de ser cristianos. Rogamos a Dios y le pedimos que: «les proteja», «les dé valor», «que les libre del exterminador porque no tienen otro defensor que Él», y, que con el salmista den gracias a Dios porque: «cuando te invoqué, me escuchaste, Señor.»

  • Quien pide, quien busca, al que busca

Este pasaje del Evangelio de hoy, es una recomendación del Señor en la que nos invita a:

Pedir para recibir.
Pedimos cuando reconocemos nuestra pobreza.
Buscar para encontrar.
Buscamos cuando somos conscientes de lo que hemos perdido.
Llamar para ser recibidos.
Llamamos cuando queremos estar con quien amamos.

La oración mantiene encendida en nosotros la llama de la fe. Por medio de la oración vivimos la auténtica esperanza porque en ella se nos desvela la verdadera razón por la cual es posible esperar. Orar por las necesidades de nuestro prójimo es un gran gesto de Caridad.

La oración frecuente nos transforma el corazón.
La oración eleva nuestra vida hacia Dios.
La oración es el lugar por excelencia de la gratuidad.
En la oración reconocemos nuestro vivir frente a Dios, a partir de Él y en orden a Él.

Orando reconocemos que simplemente somos criaturas, necesitados siempre de la ayuda de Dios.
Cuando oramos, Dios siempre tiene la iniciativa llamándonos al encuentro con Él. En la oración descubrimos la cercanía de Dios, nos damos cuenta de cómo nos protege y de cuántos peligros nos salva. Orando aprendemos a escuchar, meditar y a hacer silencio en nuestro interior para escuchar al Señor que nos habla.

En este tiempo de Cuaresma intentemos orar con más frecuencia, y dejemos que el Señor nos «renueve por dentro con espíritu firme.»

Hoy recordamos al “Beato Angélico”, que supo combinar su vocación de fraile dominico con la de pintor consumado. En sus obras dejó plasmada la serenidad, devoción y religiosidad de su vida de oración. Murió en el convento de Roma el 18 de Marzo de 1.455. Juan Pablo II lo beatificó el 3 de Octubre de 1.982, y en el año 2.000 lo nombró patrono de los artistas.