Dice san Pablo en su Primera Carta a los Corintios: «Ha escogido Dios más bien lo necio del mundo para confundir a los sabios. Y ha escogido Dios lo débil del mundo, para confundir lo fuerte» (1Cor 1,27).
Dijo Jesús a un grupo de fariseos y saduceos: «Al atardecer decís: “Va a hacer buen tiempo, porque el cielo tiene un rojo de fuego”, y a la mañana: “Hoy habrá tormenta, porque el cielo tiene un rojo sombrío”. ¡Conque sabéis discernir el aspecto del cielo y no podéis discernir los signos de los tiempos!» (Mt 16,2-3)
Dijo Jesús: «Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos» (Lc 14,13-14).
«La amada: ¡Desfallezco de amor! Ponme la mano izquierda sobre la cabeza y abrázame con la derecha. El Amado: ¡Muchachas de Jerusalén, por la ciervas y gacelas de los campos, os conjuro, que no vayáis a molestar, que no despertéis al amor, hasta que él quiera!» (Can 2,6-7)
Una monja en su lecho de muerte recuerda un momento de su juventud en que vivió una experiencia de fe que la reafirmó en su vocación y por la que se entregó completamente al Señor
Unos monjes son expulsados de su Monasterios y comienzan a trabajar en parroquias, pero siguen sintiendo la necesidad de recuperar la vida contemplativa, su verdadera vocación
Andrea siente cómo entra a una nueva vida cada noche, a la luz de la vela. En la dulce calma de su habitación, cuando el mundo se ha parado a su alrededor, estando a solas con su Amado, su vida entra en otra dimensión. Y aquello lo siente en lo más profundo de su corazón
Del Evangelio según san Marcos: «Jesús les dijo: “Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres”. Al instante, dejando las redes, le siguieron» (Mc 1,17-18).