La humildad monástica

La humildad monástica

Así dijo Jesús a sus discípulos: «Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos»(Mc 9,35).


En un alejado valle está situada la gran abadía de San Antón. En ella, cincuenta monjes dedican su vida a alabar a Dios y a orar por la humanidad.

Un día, después de comer, el portero y el maestro de novicios dieron un paseo por la huerta. Entonces, el portero aprovechó para contarle al maestro una anécdota:

‒Resulta que hoy se ha presentado en la portería un joven pidiendo ingresar en el monasterio. Cuando bajé a hablar con él, me dijo que quería ser monje porque no sabía hacer nada. ¿Tú te crees? ¡Qué desfachatez! Pero qué se habrá creído… Desde luego, los jóvenes están cada vez más alocados… Sin pensármelo dos veces, le di un bocadillo y le envié de regreso a su casa.

 El maestro de novicios se quedó en silencio un largo rato. Después le dijo al hermano portero:

‒No dudo de que tuviste buenas razones para rechazar a ese joven, pero te pido que reconsideres esa decisión. Yo estoy acostumbrado de estuchar a los novicios decir: «soy el mejor carpintero», «soy un excelente esquilador de ovejas», «en el taller de mi padre soy el más hábil tornero»… Todos llegan alardeando de algo. Todos necesitan mostrar su valía para sentirse importantes. Resulta que hoy ha venido un joven que ni presume ni se engríe, y que reconoce humildemente que no sabe hacer nada, y le enviamos de vuelta a su casa… Hermano portero, te recomiendo que envíes a alguien para que traiga a ese chico, porque intuyo que será un buen monje.

El portero conocía sobradamente la sabiduría del maestro de novicios, por eso, esa misma tarde reconsideró su postura y dio los pasos oportunos para que el joven regresara a la abadía.

Y el maestro de novicios tuvo razón. Aquel joven destacó por su humildad y pureza de corazón. No pretendiendo ser nada, pudo desempeñar con destreza todos los servicios que le pidieron. Y, pasados unos años, fue elegido Abad por sus hermanos.

 

Fr. Julián de Cos Pérez de Camino