Mar
6
Ene
2015

Homilía Epifanía del Señor

Tu Corazón se asombrará

Pautas para la homilía

  • La Epifanía: una gran luz

La Palabra de Dios en el profeta Isaías presenta la Epifanía como una gran luz, que da fuerza para levantarte de la postración y del pecado en el que cada uno se encuentra. Es verdad que las tinieblas cubren la tierra, y los pueblos yacen en la oscuridad, pero se nos anuncia que el Señor ha llegado y los pueblos caminarán a su luz. Es cierto que si examinamos la sociedad y la política parece que no vemos otra cosa que intereses y corrupción; parece que no hay espacio y tiempo para la esperanza. La sociedad que encontraron los primeros cristianos no era mejor que la nuestra.
Sin embargo, la Palabra te ordena: Levanta la vista, mira en torno, y verás el resplandor de la aurora y los pueblos que caminan hacia Jerusalén, porque han visto la estrella y vienen a adorarlo. Entonces, si también tú te pones en camino, verás, estarás radiante y tu corazón ensanchado se asombrará. Aunque todo depende de Dios, algo tenemos que hacer nosotros con su ayuda.

No esperes que cambien los demás, cambia tú primero. Basta buscar, encontrar y adorar a Jesús. Este es el misterio de la fe, que te da la posibilidad de ver las cosas de otro modo; no es el mundo el que te va cambiar; eres tú el que has sido llamado a cambiar el mundo. No hemos sido llamados a hacer encuestas sobre cómo está el mundo, sino que hemos sido enviados a transformar el mundo

  • La Epifanía es la manifestación del misterio de Jesucristo, fuente de vida y de salvación.

Pablo es el ministro de la distribución de esta gracia, escondida todavía a tantas personas, y ahora manifestado a los hombres por el Espíritu Santo. Somos nosotros los ahora llamados a recibir y gozar de esta gracia, amor y salvación que nos trae Jesús en esta fiesta de su epifanía, en la que se nos dice que también nosotros somos llamados a participar de esta promesa en Jesucristo por el Evangelio, siendo miembros de su cuerpo. Y una vez iluminados nosotros por esta gracia, podamos iluminar a los demás.

  • Dejarnos mover por Dios, pues sólo Él nos señala el camino adecuado

Los Reyes Magos nos señalan lo que tenemos que hacer para que esta gran luz y esta gran esperanza, símbolos y realidades de la Epifanía, pueden ser también nuestras. Cuando hablo de algo que tenemos que hacer, se sobreentiende que tenemos que dejarnos mover por Dios, pues sólo Él nos señala el camino adecuado. ¡Cuánto tiempo perdido hoy en la Iglesia por no hacer lo que habría que hacer!

Lo primero que tenemos que hacer es moverse, salir de nuestra comodidad, dejar nuestra existencia fácil, y ponernos en camino siguiendo la estrella, y llegados allí, hay que preguntar. Quedaremos extrañados al ver que aquellos que habían recibido las promesas no se preocupan de su cumplimiento. No obstante, hay que preguntar, pues ellos tienen la palabra, que nos encaminará hacia Belén. Es preciso llegar a Belén, porque es necesario ver al Niño. Es necesario preguntar a la Iglesia, aunque no todos los sacerdotes estén a la altura de su misión.

Lo segundo, que tenemos que hacer, es visto el Niño hay que adorarlo, ofreciéndole nuestros dones. Es preciso adorarlo, pues no se trata de un conocimiento teórico, sino de un asombro de la persona y para ello tenemos que adorarlo. Un modo de adorarlo es entregándonos a Él, nuestra persona y nuestros dones, oro, incienso y mirra. Quien encuentra a Dios lo adora y desde entonces no adora más que a Dios.

Lo tercero, que tenemos que hacer, es regresar a nuestra tierra por otro camino, no sólo porque no podemos volver a Jerusalén, ya que Herodes había decidido matar a Jesús, sino porque cuando uno se encuentra con Jesús cambia su forma de vida. ¡Qué suerte tan diferente, unos en Jesús encuentran la luz, la vida, el futuro, otros no encuentran nada! Jesús es y sigue siendo signo de contradicción en nuestro mundo. La Providencia divina avisará a quien se deja guiar por la fe, pues no todo lo podemos controlar con la razón.

Las lecturas son las mismas en la Misa de la Vigilia y en la Misa de la Solemnidad.

Después de la proclamación del Evangelio, se pueden anunciar las fiestas movibles del año litúrgico.