Lun
16
Feb
2009
No se le dará un signo a esta generación

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 4,1-15.25:

El hombre se llegó a Eva; ella concibió, dio a luz a Caín, y dijo: "He adquirido un hombre con la ayuda del Señor". Después dio a luz a Abel, el hermano. Abel era pastor de ovejas, mientras que Caín trabajaba en el campo. Pasado un tiempo, Caín ofreció al Señor dones de los frutos del campo, y Abel ofreció las primicias y la grasa de sus ovejas. El Señor se fijó en Abel y en su ofrenda, y no se fijó en Caín ni en su ofrenda, por lo cual Caín se enfureció y andaba abatido.
El Señor dijo a Caín: "¿Por qué te enfureces y andas abatido? Cierto, si obraras bien, estarías animado; pero, si no obras bien, el pecado acecha a la puerta; y, aunque viene por ti, tú puedes dominarlo". Caín dijo a su hermano Abel: "Vamos al campo".
Y, cuando estaban en el campo, Caín atacó a su hermano Abel y lo mató.
El Señor dijo a Caín: "¿Dónde está Abel, tu hermano?". Respondió Caín: "No sé; ¿soy yo el guardián de mi hermano?".
El Señor le replicó: "¿Qué has hecho? La sangre de tu hermano me está gritando desde la tierra. Por eso te maldice esa tierra que ha abierto sus fauces para recibir de tus manos la sangre de tu hermano. Aunque trabajes la tierra, no volverá a darte su fecundidad. Andarás errante y perdido por el mundo".
Caín contestó al Señor: "Mi culpa es demasiado grande para soportarla. Hoy me destierras de aquí; tendré que ocultarme de ti, andando errante y perdido por el mundo; el que tropiece conmigo me matará".
El Señor le dijo: "El que mate a Caín lo pagará siete veces".
Y el Señor puso una señal a Caín para que, si alguien tropezase con él, no lo matara.
Adán se llegó otra vez a su mujer, que concibió, dio a luz un hijo y lo llamó Set, pues dijo: "El Señor me ha dado un descendiente a cambio de Abel, asesinado por Caín".

Salmo

Sal 49 R/. Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza

El Dios de los dioses, el Señor, habla:
convoca la tierra de oriente a occidente.
«No te reprocho tus sacrificios,
pues siempre están tus holocaustos ante mí.» R/.

«¿Por qué recitas mis preceptos,
tú que detestas mi enseñanza
y te echas a la espalda mis mandatos?» R/.

«Te sientas a hablar contra tu hermano,
deshonras al hijo de tu madre;
esto haces, ¿y me voy a callar?
¿Crees que soy como tú?
Te acusaré, te lo echaré en cara.» R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 8, 11-13

En aquel tiempo se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo. Jesús dio un profundo suspiro y dijo: -¿Por qué esta generación reclama un signo?. Os aseguro que no se le dará un signo a esta generación. Los dejó, se embarcó de nuevo y fue a la otra orilla.

Reflexión del Evangelio de hoy

Es expresivo el texto: la tierra ha abierto las fauces para recibir la sangre de Abel, derramada por su hermano. Caín, y con Caín, tanto fratricida a lo largo de la historia ha regado la tierra con la sangre del, de los hermanos. Dice el poeta Ángel González:
Nada es lo mismo, nada
permanece.
Menos
la Historia y la morcilla de mi tierra:
se hacen las dos con sangre, se repiten

Es lo más terrible de nuestra historia. ¡Cómo nos habrá aguantado Dios! Ni a su Hijo perdonamos, ¡la expresión suprema de la condición humana! De la indiferencia ante el hermano: ¿soy yo el guardián de mi hermano? al crimen sólo hay un paso.  Fácil de dar. El fratricidio es lo que impide que nos aposentemos serenos en la tierra, no acabamos de entender que es el suelo de todos, lo disputamos y huimos unos de otros. Sin hermano la vida no tiene sentido, tiene su lógica el suicidio de Caín.
No necesitamos signos del cielo, basta que nos acojamos unos a otros, para sentirnos bien sobre la tierra, y disfrutar del otro. Los fariseos no supieron o no quisieron acoger a Jesús ni disfrutar de su presencia.