Jue
19
Mar
2009

Evangelio del día

Tercera Semana de Cuaresma

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo

Primera lectura

Lectura del segundo libro de Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16

En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor: -«Ve y dile a mi siervo David: "Esto dice el Señor: Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre." »

Salmo

Sal 88 R. Su linaje será perpetuo.

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» R.

Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades.» R.

Él me invocará:
«Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora.»
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable. R.

Segunda lectura

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 4, 13. 16-18. 22

Hermanos: No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo. Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Así, dice la Escritura: «Te hago padre de muchos pueblos.» Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que, no existe, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.» Por lo cual le valió la justificación.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 16. 18-21. 24a

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: Maria, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: -«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.» Cuando José se despertó, hizo lo que le habla mandado el ángel del Señor.

Reflexión del Evangelio de hoy

  • Esperó contra toda esperanza

San Pablo presenta a Abrahán como modelo de hombre que alcanza la salvación y  el favor de Dios por la fe en su Palabra. Dios sale al encuentro de Abrahán y éste se pone en marcha y en búsqueda. El Señor le llama para ser padre de un gran pueblo y para ser signo de salvación para la humanidad.Abrahán, a pesar de todas las aparentes contradicciones, se fió de Dios.

La misericordia de Dios se hizo presente en la descendencia de Abrahán y cumplió lo que había prometido.

Sólo Dios, por medio de la fe en Jesucristo, puede salvar y el hombre puede participar de esa salvación.

Fe y gracia van unidas y la esperanza no puede separarse de la fe.

  • El silencio elocuente de José

San José, como Abrahán, esperó contra toda esperanza y fue un instrumento dócil en las manos de Dios.

Por medio de Abrahán se cumple el designio de Dios: enviar un Mesías “hijo de David”.

José introdujo legalmente a Jesús en la estirpe de los descendientes de David y le dio el nombre que expresaba su misión: Jesús = Dios salva.

San José es el hombre grande en su sencillez y elocuente por su silencio. En el Evangelio no encontramos palabras suyas. Vivió junto a la Palabra, por eso guardó silencio. Su tarea fue escuchar y proteger la Palabra.

María esperaba un hijo antes de vivir con José. Situación de duda, de desconcierto y de angustia para éste, que lo llevaría a abrirse y aceptar desde lo más hondo de su silencio, los planes de Dios y el querer de Dios.

Todas las personas nos enfrentamos, alguna vez, en nuestra vida con situaciones difíciles que no entendemos y en las que nos preguntamos: ¿cómo puede ser?

No es fácil entrar en el misterio de Dios y en su modo de actuar en la historia.

Dios se fió de José y éste, a pesar de todas las dificultades, confió en Dios y en sus proyectos.