Mié
11
Feb
2009
Lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre

Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 2,4b-9.15-17:

Cuando el Señor Dios hizo tierra y cielo, no había aún matorrales en la tierra, ni brotaba hierba en el campo, porque el Señor Dios no había enviado lluvia sobre la tierra, ni había hombre que cultivase el campo. Sólo un manantial saltaba del suelo y regaba la superficie del campo. Entonces el Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo. El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal. El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo guardara y lo cultivara.
El Señor Dios dio este mandato al hombre: «Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol del conocimiento del bien y el mal no comas; porque el día en que comas de él, tendrás que morir.»

Salmo

Sal 103,1-2a.27-28.29be-30 R/. Bendice, alma mía, al Señor

Bendice, alma mía, al Señor,
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R/.

Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo:
se la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes. R/.

Les retiras el aliento, y expiran,
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 7,14-23

En aquel tiempo, llamó. Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír, que oiga.»
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola.
Él les dijo: «¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre, y se echa en la letrina.»
Con esto declaraba puros todos los alimentos.
Y siguió: «Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»

Reflexión del Evangelio de hoy

  • Lo colocó en el frondoso jardín de Edén

Hemos comenzado esta semana la lectura del libro del Génesis. Hoy nos encontramos con el segundo relato de la creación del hombre, “modeló al hombre de arcilla”. El Señor Dios coloca al hombre en un buen lugar, en un frondoso jardín con “toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer”. Le pide que lo guarde y lo cultive. Dios dota al hombre de lo necesario para vivir una vida feliz. En esta misma línea de buscar su felicidad, le indica el camino que no debe seguir: “Del árbol del conocimiento del bien y del mal no comas; porque el día en que comas de él, tendrás que morir”. Dios le señala el camino de la felicidad para que lo siga, también le señala el camino de la infelicidad para que no lo siga. El hombre, a quien Dios ha dotado de libertad, elegirá el camino que desee.

  • La gran tarea del hombre

La gran tarea del hombre: procurarse un corazón bueno. La razón es bien sencilla. Todas nuestras acciones, todas nuestra reacciones, todos nuestros sentimientos brotan de nuestro corazón. No son los alimentos que nos vienen de fuera los que nos hacen puros o impuros, buenos o malos, como era doctrina común en tiempos de Jesús. Lo que hace bueno o malo a un hombre es su corazón, su interior. De un corazón bueno brotará sólo bondad y acciones buenas. De un corazón malo brotará sólo maldad y acciones malas. Por lo tanto, una de nuestras súplicas a Jesús es que nos cambie nuestro corazón de piedra por una de carne. Que nos cambie nuestro corazón por un corazón como el suyo. “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado”.