Dom
24
Jul
2011

Homilía XVII Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2010 - 2011 - (Ciclo A)

Te doy un corazón sabio e inteligente

Pautas para la homilía de hoy

Reflexión del Evangelio de hoy

  • “Te doy un corazón sabio e inteligente”

El libro de los Reyes nos habla del joven Salomón que acaba de acceder al trono. Esta situación le hace sentirse inseguro y dubitativo. No es difícil imaginar que pronto debió caer en la cuenta de la gran responsabilidad que le sobrevenía. Tenía ante él un pueblo que esperaba grandes decisiones de su gobierno.

Por el momento, no tenemos noticia de que a ningún miembro de la Familia Dominicana se le haya pedido que acceda a trono real alguno, o al menos, la noticia no ha sido publicada ni en esta página web de los dominicos ni en el IDI. Pero sí sabemos con seguridad que cada uno/a de nosotros tiene su parcela de poder, tanto en el ámbito público con en el privado. Así que nos es fácil comprender los sentimientos de incertidumbre que asaltan a Salomón. Todos desarrollamos alguna clase de poder, principalmente, a través de las relaciones que establecemos en nuestro día a día. Para ello, necesitamos “gobierno”, es decir, claves que nos ayuden a saber decidir y actuar correctamente. Ahí reside la mayor dificultad pues, eso del acierto, de lo pertinente, de lo que debe ser, es a veces una carga pesada de la que no nos es posible escapar ni salir corriendo por la puerta de atrás.

Sin embargo, si nos situamos en un ángulo diferente de lectura, los textos muestran otras claves que pueden ser para nosotros/as liberadoras. Salomón no pide éxito en su toma de decisiones sino saber discernir. No señala que quiera acierto o tener siempre la razón de su lado, sino docilidad de corazón. Quizá por eso Dios se alegró tanto de escuchar su petición. Salomón no se sitúa desde una actitud paternalista de superioridad ante los demás, al contrario, se siente en medio de ellos. Esta actitud implica una gran apertura por nuestra parte, exige que nos entendamos como personas relacionales. Hace que tengamos en cuenta cómo nos situamos junto a los demás, lo cual, exige no estar permanentemente “por encima” ni tampoco “por debajo”. Esta posición vital provoca que nos entendamos expuestos/as a los otros/as y por lo tanto, vulnerables.

Pero, no se preocupen, esta nueva forma de situarnos no nos convierte, automáticamente en seres débiles. Por el contrario, permite que caigamos en la cuenta de que contamos con otros elementos a nuestra disposición que no siempre tenemos presentes. Uno de ellos es, por ejemplo, nuestra juventud, como le sucedió a Salomón –no me refiero a la edad sino al modo de afrontar nuestras certezas vitales–. Esta juventud puede ser impulsora de nuestra vida y hacer que nos atrevamos a soñar. Así, gracias a nuestras ganas de ir más allá, de conocer más a fondo las cosas y las situaciones puede que éstas presenten ante nosotros un valor diferente. Al soñarlas se hacen, sencillamente, más plenas. Pues la imaginación junto a la esperanza tienen el poder de atraer lo real. Imaginando es como podemos, en un primer momento, hacer visibles nuestros deseos. Por eso, parece que el sueño se convierte en un “espacio posible”, también para las relaciones entre los seres humanos y Dios. Sin sueños y deseos o sin ganas de transformar nuestra realidad no podríamos ser plenamente humanos ni podríamos descubrirnos como llamados o glorificados.

  • Tesoros y verdades

La tradición dominicana señala que vamos tras una Veritas que nos ha poseído primero y que no depende de nosotros/as. Sabemos de una alegría profunda que puede guiar nuestros sueños, ese es nuestro gran tesoro.

Al encontrar algo que realmente merece la pena (y la alegría) somos capaces de dejar el resto de las cosas en un segundo plano. Pero me parece que, de nuevo, lo más importante no es la decisión tomada sino nuestra predisposición anterior para encontrar ese tesoro. Pues ni los tesoros escondidos ni las perlas valiosas aparecen sin más ante nosotros. Es necesario educar, transformar y hacer dócil nuestro interior para descubrir cuáles son las situaciones personales, comunitarias o eclesiales más apropiadas dónde puede florecer la vida. La clave para saber que estamos en el espacio y tiempo adecuados será una vez más la alegría.

¡Feliz búsqueda hacia la Sabiduría!