Lun
11
Jul
2011
El Señor custodia los buenos senderos

Primera lectura

Lectura del libro de los Proverbios 2,1-9:

Hijo mío, si aceptas mis palabras y conservas mis consejos, prestando oído a la sensatez y prestando atención a la prudencia; si invocas a la inteligencia y llamas a la prudencia; si la procuras como el dinero y la buscas como un tesoro, entonces comprenderás el temor del Señor y alcanzarás el conocimiento de Dios. Porque es el Señor quien da sensatez, de su boca proceden saber e inteligencia. Él atesora acierto para los hombres rectos, es escudo para el de conducta intachable, custodia la senda del deber, la rectitud y los buenos senderos. Entonces comprenderás la justicia y el derecho, la rectitud y toda obra buena.

Salmo

Sal 33,2-3.4.6.9.12.14-15 R/. Bendigo al Señor en todo momento

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará. R/.

Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él.
Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor. R/.

Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 19,27-29

En aquel tiempo, dijo Pedro a Jesús: «Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?»
Jesús les dijo: «Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.»

Reflexión del Evangelio de hoy

  • “El Señor custodia los buenos senderos”

Las palabras de los Proverbios, emanadas de Dios: “Porque es el Señor quien da sensatez, de su boca proceden saber e inteligencia”, están, en la misma línea de las de Jesús: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Todas las “instrucciones” de Yahvé en el Antiguo Testamento y todas la de Jesús aciertan, dan en el clavo. Instrucciones que, aunque de sobra conocidas, no dejan, principalmente algunas, de sorprendernos a primera vista. Aunque, a segunda vista, y después de nuestro recorrido cristiano, sabemos, tenemos la experiencia de que Jesús acierta en todas ellas, resumidas en sus bienaventuranzas y en todo el sermón de la montaña.

  • ¿Qué nos va a tocar?

No estoy seguro de que San Benito formulase a Jesús la misma pregunta de San Pedro en el evangelio de hoy, en torno a la recompensa a recibir por seguirle. San Benito, cuando atisbó quién era Dios, ante todo y sobre todo, quiso “quaerere Deum”, “buscar a Dios”. Y su recompensa no podía ser otra que encontrar a Dios y gozar de su amistad. No quería más. Los místicos siempre han tenido este fuerte deseo: la unión amorosa con Dios. Y este es también el deseo de todo buen cristiano. Sabiendo que nuestra unión amorosa con Dios es el mejor trampolín para amar a nuestros hermanos. Nuestra recompensa por seguir a Cristo Jesús es el amor, la realidad más sublime y bella de todas. El amor a Dios, a nuestros semejantes y a nosotros mismos.

Por eso, San Benito (480-547), fundador de los benedictinos y patriarca del monaquismo occidental, él y sus hijos, quieren recordarnos que Dios es Dios, a quien hay que alabar, agradecer, implorar, buscar, encontrar, disfrutar… Quieren ser memoria de Dios y de otra dimensión humana esencial: la de colaborar con el Creador con el trabajo de cada día: “Ora et labora”.