Jue
25
Jul
2013
El que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor.

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 4, 33; 5, 12. 27b-33; 12, 2

En aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor. Y se los miraba a todos con mucho agrado.
Por mano de los apóstoles se realizaban muchos signos y prodigios en medio del pueblo.
Todos se reunían con un mismo espíritu en el pórtico de Salomón.
Les hicieron comparecer ante el Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó, diciendo:
«¿No os habíamos ordenado formalmente no enseñar en ese nombre? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre».
Pedro y los apóstoles replicaron:
«Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado con su diestra, haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que lo obedecen».
Ellos, al oír esto, se consumían de rabia y trataban de matarlos.
El rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.

Salmo

Sal 66, 2-3. 5. 7-8 R/. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R/.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
y gobiernas las naciones de la tierra. R/.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
todos los confines de la tierra. R/.

Segunda lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4, 7-15

Hermanos:
Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros:
Atribulados en todo, mas no aplastados; apurados, mas no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados, llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.
Pues, mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. De este modo, la muerte actúa en nosotros, y la vida en vosotros.
Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará con vosotros ante él.
Pues todo esto es para vuestro bien, a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 20-28

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos y se postró para hacerle una petición.
Él le preguntó:
«¿Qué deseas?».
Ella contestó:
«Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda».
Pero Jesús replicó:
«No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo he de beber?».
Contestaron:
«Podemos».
Él les dijo:
«Mi cáliz lo beberéis; pero sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre».
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra los dos hermanos. Y llamándolos, Jesús les dijo:
«Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo.
Igual que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos».

Reflexión del Evangelio de hoy

  • El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús

En el mosaico de estímulos que los Hechos de los Apóstoles nos ofrecen en este día y que sirven para enmarcar la tarea misionera de Santiago y su trágica muerte, encontramos motivos más que sobrados para trazar el perfil de la comunidad seguidora de Jesús: comunión de bienes que, vía el compartir, manifiestan un solo corazón y una sola alma, predicación valiente del mensaje del Señor resucitado, rango prestigiado el de los apóstoles, los testigos de la resurrección, que al estilo del Maestro operan signos y prodigios en favor de la humanidad doliente, a pesar de los palos que en sus ruedas ponían los jefes religiosos de Israel. Nuestro texto remata con el furor que sienten las autoridades por no silenciar la voz de los apóstoles y con la noticia de la muerte violenta de Santiago. Éste fue la primera víctima del acoso contra algunos miembros de la iglesia desatado por Agripa I, rey de Judea y Samaría entre el 41 y el 44 d.C.

  • Creemos, por eso hablamos

Oportuno aviso de Pablo para que los seguidores de Jesús no pensemos que merecemos la fe y la salvación; nada más lejos de la intención del apóstol, pues somos frágiles vasijas cuya consistencia sólo se puede explicar por la insobornable fuerza del Espíritu, que siempre alienta la predicación de la Buena Noticia. Pero eso no quiere decir que la inevitable debilidad humana del apóstol y misionero empequeñezca el ministerio predicador porque el tesoro que se porta y trasmite es el evangelio de Cristo, con la innegable ayuda del Espíritu, palabra de vida y alegría para nuestro mundo. El apóstol, por su debilidad, está expuesto a no pocos inconvenientes que de hecho se superan si hay fecunda tensión comunitaria, si siempre se predica a Cristo resucitado, si la misericordia no es anulada por el culto y el rito, y si el mensaje anunciado invita a formar una asamblea de hermanos en el único nombre que salva, Cristo el Señor.

  • El Hijo del hombre ha venido para servir

El servicio no es un rótulo de quita y pon para el creyente. Es más, hay equivalencias que forman la ristra del seguimiento del Señor Jesús, a cual más expresiva: creer en Cristo, ser testigo de su amor, seguirle con confianza, anunciar la buena noticia, servir al hermano, ser adicto a la misericordia… No es otro el sello que Jesús de Nazaret pone en el llamado que nos hace para el Reino. Y bien marcado que está el contraste entre el Maestro camino de Jerusalén y los Zebedeos: el servicio como estilo de Jesús y el afán de ascender en un hipotético escalafón de prebendas y honores. En la Iglesia del Señor Jesús no puede, no debe ser así, y se nos dice sin subterfugios ni raras lecturas: iglesia que no sirve al hombre y al mundo desde el evangelio, no sirve como iglesia, será otra cosa, pero no sacramento de Dios en nuestra historia.

Nuestra fe se enraíza en la fe de nuestros padres, los apóstoles, y en nuestra geografía patria esta fe tiene el aliciente de la gran perdonanza que hace concurrir muchos caminos en torno a Santiago apóstol.