Sáb
25
Jul
2009
Cuando tú seas rey estos dos hijos míos se sienten uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 4, 33; 5, 12. 27b-33; 12, 2

En aquellos días, los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús con mucho valor y hacían muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Los condujeron a presencia del Sanedrín y el sumo sacerdote los interrogó: «¿No os habíamos prohibido formalmente enseñar en nombre de ése? En cambio, habéis llenado Jerusalén con vuestra enseñanza y queréis hacernos responsables de la sangre de ese hombre.»
Pedro y los apóstoles replicaron: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. La diestra de Dios lo exaltó, haciéndolo jefe y salvador, para otorgarle a Israel la conversión con el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen.» Esta respuesta los exasperó, y decidieron acabar con ellos. Más tarde, el rey Herodes hizo pasar a cuchillo a Santiago, hermano de Juan.

Salmo

Sal 66 R/. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R/.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R/.

La tierra ha dado su fruto,
nos bendice el Señor, nuestro Dios.
Que Dios nos bendiga; que le teman
hasta los confines del orbe. R/.

Segunda lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 4,7-15

Este tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros. Nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes, llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo. Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús; para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. Así, la muerte está actuando en nosotros, y la vida en vosotros. Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también con Jesús nos resucitará y nos hará estar con vosotros. Todo es para vuestro bien. Cuantos más reciban la gracia, mayor será el agradecimiento, para gloria de Dios.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 20-28

En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los Zebedeos con sus hijos y se postró para hacerle una petición. Él le preguntó: «¿Qué deseas?»
Ella contestó: «Ordena que estos dos hijos míos se sienten en tu reino, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.»
Pero Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís. ¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?»
Contestaron: «Lo somos.»
Él les dijo: «Mi cáliz lo beberéis; pero el puesto a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, es para aquellos para quienes lo tiene reservado mi Padre.»
Los otros diez, que lo habían oído, se indignaron contra los dos hermanos. Pero Jesús, reuniéndolos, les dijo: «Sabéis que los jefes de los pueblos los tiranizan y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor, y el que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.»

Reflexión del Evangelio de hoy

No sé si muchas veces somos conscientes de que nos ha tocado un gran regalo. A veces necesitamos recordarlo porque no se trata de algo que podamos captar a la primera. Necesita tiempo, contemplación y mucho cariño para caer en la cuenta de que sigue estando en el interior de cada uno de nosotros.

Pablo habla acerca de esto a la comunidad de Corinto y junto con ellos, también nosotros seguimos creyendo que algo de Dios se nos ha colado muy dentro. Y como los dones de Dios son bastante extraordinarios van produciendo en nosotros determinados cambios que podemos apreciar. Así que podemos recorrer nuestra vida y rastrear la presencia de su sabiduría en nosotros.  El resultado es una gran alegría, se lo garantizamos. Pero también a menudo cuando intentamos adaptarnos a la grandeza de todo lo que hemos recibido, caemos en la cuenta de que algunas transformaciones, retoques, cambios de dirección y modos de actuar han de ser incorporados lo antes posible a nuestra vida para poder trasparentar a Jesús.

En nuestra comunidad muchas veces hablamos de este tema y nos preguntamos: ¿cómo podremos profundizar más en nuestras vidas para poder aproximarnos a la de Jesús, el resucitado? Les aseguro que éste asunto nos preocupa bastante. Algunas de las respuestas las encontramos en ese sueño que Dios tiene para nosotros y que conocemos como el Reino.

Hoy nos sentimos identificados con la mujer que acude a Jesús y le pide por sus hijos. Uno de ellos es Santiago, el Zebedeo, al que dedicamos la festividad de este día. Nos reconocemos en ese encuentro. Ella se acerca a Jesús para pedir lo mejor para sus hijos y nosotros también queremos lo mismo para los nuestros: deseamos un gran futuro. Sin embargo, al igual que a ella, se nos recuerda que el Reino es necesario provocarlo y que su crecimiento no es ni sencillo ni inmediato. Se trata de un trabajo constante para lograr revertir la tiranía y la opresión. Este esfuerzo liberador no va de la mano del poder sino de la justicia y del amor. La receta no es sencilla pero sí es bastante clara, quien quiera participar de ello (el Reino) ha de ponerse al servicio de todo lo que puede ser sanador, liberador y que ayude a crecer al resto de seres humanos.

Disfruten ustedes de su regalo.