Mié
10
Feb
2016
Cuando hagáis limosna, recéis y ayunéis, no lo hagáis como los hipócritas

Primera lectura

Lectura de la profecía de Joel 2,12-18:

«Ahora, oráculo del Señor, convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad los corazones y no las vestiduras; convertíos al Señor, Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad; y se arrepiente de las amenazas.» Quizá se arrepienta y nos deje todavía su bendición, la ofrenda, la libación para el Señor, vuestro Dios. Tocad la trompeta en Sión, proclamad el ayuno, convocad la reunión. Congregad al pueblo, santificad la asamblea, reunid a los ancianos. Congregad a muchachos y niños de pecho. Salga el esposo de la alcoba, la esposa del tálamo. Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan: «Perdona, Señor, a tu pueblo; no entregues tu heredad al oprobio, no la dominen los gentiles; no se diga entre las naciones: ¿Dónde está su Dios? El Señor tenga celos por su tierra, y perdone a su pueblo.»

Salmo

Sal 50,3-4.5-6a.12-13.14.17 R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R/.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces. R/.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso. Señor,
me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R/.

Segunda lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5,20–6,2

Nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios. Secundando su obra, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice: «En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu ayuda»; pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensara.»

Reflexión del Evangelio de hoy

No sé cómo se vivirá la Cuaresma en el futuro. Lo que sí puedo constatar es que la actual, la que a mí me toca vivir, en cuanto a sus rasgos externos se refiere, no tiene mucho que ver con la que viví hace 50 y 60 años. Entonces ya existía carnaval, pero el de entonces, que no tenía mucho que ver con el de ahora. Hoy día no se puede pensar en Cuaresma sin Carnaval.

Lejos de mí intentar pecar de nostálgico o de querer cambiar la sociedad, que tiene sus ritmos, siempre distintos. Ni siquiera de demonizar o criticar aquello con lo que puedo no estar de acuerdo. Sólo quiero constatar lo que hay; aquello con lo que nos toca vivir y que conviene colocar en su sitio, sin invadir otros terrenos que pudieran ser muy respetables, pero ajenos. Carnaval está muy bien; pero sólo carnaval, con sus luces, sus paisajes, su colorido, sus canciones, sus disfraces, pudiera ser como un fuego de artificio, que suena, luce, adorna y, de repente, desaparece. Nosotros lo admiramos, pero buscamos, después de degustarlo, algo más profundo y duradero que llamamos Cuaresma. Y que llego a pensar que ambas cosas pueden ser colocadas en el sitio que les corresponde.

  •  Cuaresma y Ceniza

Comenzamos hoy el tiempo litúrgico de Cuaresma con la imposición de la ceniza sobre nuestra cabeza. Es una forma muy plástica de tomar conciencia de nuestra condición de peregrinos. Y de que, como en toda peregrinación, no todo lo hacemos bien. Los seguidores de Jesús somos tan vulnerables como los demás; con la diferencia de que nosotros intentamos reconocerlo y, por honradez, pedimos disculpas y practicamos gestos que nos muevan a cambiar. Uno de ellos es el de la ceniza.

La ceniza nos grita contra todo aquello que no tiene visos de eternidad. Porque vivimos en el mundo, necesitamos del mundo, pero con la conciencia de que, en el fondo, no somos del mundo. Pero, mientras estamos en este estadio, tenemos la opción de vivir y practicar actitudes que nos hacen la vida más agradable y, sobre todo, perduran para después, para la vida eterna. Son las actitudes y valores que vivió Jesús y que nos dejó encomendados; las actitudes y valores que podemos no sólo explotar en este primer tiempo de la vida, sino llevar con nosotros en el segundo y definitivo.

  • Cuaresma y Conversión

Jesús nos hace hoy en el Evangelio una llamada a la conversión, y se sirve de tres ideas que, vividas, nos conducirán, a través de la cuaresma, a vivir y celebrar la Pascua en toda su plenitud. Nos habla de la limosna, la oración y el ayuno.

La limosna nos invita a mirar y preocuparnos por los demás, por los que son menos que nosotros; y por los que, siendo iguales, tienen menos que nosotros. Se suele concretar en el aspecto económico, porque es primordial, pero no es el único ni, quizá, el más importante. Hoy lo que más se necesita, a todos los niveles, es acogida, solidaridad y auténtica fraternidad. Son gestos que vemos y admiramos en el Santo Padre Francisco y que todos entendemos, aplaudimos y nos sirven de estímulo.

La oración es más vertical y mira hacia Dios y lo espiritual. En un mundo como el que nos toca vivir, cada día es más importante el silencio, el sosiego, la paz. Pues bien, estas actitudes son la antesala de la oración. Jesús solía retirarse a la montaña o a sitios tranquilos para hacerla; nosotros no podemos intentar llegar a dialogar con Dios a no ser en un ambiente similar. Lo primero será escuchar la Palabra, que nos conduzca al encuentro. Una vez allí, la iniciativa será de Dios.

El ayuno mira hacia nosotros, hacia los posibles excesos en nuestra vida, hacia la tentación del consumismo. Jesús nos ha mostrado la Buena Noticia, la perla, el tesoro ante el cual hay que abandonar valores que creíamos valiosos, pero que, ante la oferta de Jesús, pasan a un grado muy inferior. Cuaresma nos invita a, respetando las necesidades que como humanos tenemos, relativizar todo en comparación con lo absoluto del Reino, de sus actitudes y valores.

Lo iremos viendo y viviendo a través del itinerario cuaresmal. Lo notaremos cuando lleguemos a la Pascua, hacia la que nos encaminamos.