Dom
28
Oct
2012

Homilía XXX Domingo del tiempo ordinario

Año litúrgico 2011 - 2012 - (Ciclo B)

Maestro, que pueda ver

Introducción

Este domingo hemos cometido un error en la coordinación, pero ha sido un "bendito" error porque eso nos permite ofreceros doble material, dos introducciones y dos homilías, realizadas por fr. Octavio y la Hna. Elo.

Nuestro mundo, plurar y globalizado, con un avance en las ciencias como nunca antes y con reconocimientos de derechos e igualdades cada día en ascenso, muestra la grandeza del ser humano capaz de modificar su entorno y de crear herramientas para vivir y conocer. Este avance, que es propio de la naturaleza humana siempre en desarrollo, no ha podido dar respuestas a las interrogantes más profundas de la humanidad.

Generación tras generación, el sentido de la vida, la búsqueda de la salud y de la felicidad han sido un reto a conquistar. ¿Existe ya alguna respuesta o habrá que seguir buscando?

Las lecturas de este XXX domingo del Tiempo Ordinario nos ayudan a descubrir en Jesús una fuente inagotable de luz y salud, y una respuesta a la condición humana de vulnerabilidad y de búsqueda de sentido.
 

Fr. Octavio Sánchez O.P.
Convento de S.Esteban  (Salamanca)
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Hoy celebramos el XXX domingo del tiempo ordinario. Aparentemente se trata de un domingo más, ordinario y de otoño, que da paso a la semana en que celebraremos la fiesta de todos los Santos de la Iglesia, los reconocidos como tal y los que no. No nos limitemos a esperar a que llegue el jueves, celebrar a los santos y recordar a quienes nos han precedido en el camino del encuentro personal con Dios, sino vivamos este domingo como ese encuentro personal. Hoy, en el evangelio, asistimos en primera fila a uno de los escenarios donde sucede un encuentro.

Hace apenas veinte días, al celebrar el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, Benedicto XVI inauguraba oficialmente el Año de la Fe. ¿Qué quiere celebrar exactamente la Iglesia con este acontecimiento? ¿Acaso podemos dar a la fe mayor importancia de la que tiene por sí misma para la vida de cualquier creyente? ¿Puede la reflexión teológica y eclesial ayudarnos a profundizar en nuestra fe personal? ¿Qué experiencias personales e intransferibles juegan este papel? Hoy, el ciego Bartimeo nos enseña qué actitud es necesaria para realizar la vivir de la fe: la esperanza en recuperar aquello que habíamos perdido.