Sáb
5
Oct
2019
Todo esto viene de Dios

Primera lectura

Lectura del libro del Deuteronomio 8, 7-18

Moisés habló al pueblo, diciendo:
«Cuando el Señor, tu Dios, te introduzca en la tierra buena, tierra de torrentes, de fuentes y veneros que manan en el monte y la llanura, tierra de trigo y cebada, de viñas, higueras y granados, tierra de olivares y de miel, tierra en que no comerás tasado el pan, en que no carecerás de nada, tierra que lleva hierro en sus rocas y de cuyos montes sacarás cobre, entonces comerás hasta saciarte y bendecirás al Señor, tu Dios, por la tierra buena que te ha dado. Guárdate de olvidar al Señor, tu Dios, no observando sus preceptos, sus mandatos y sus decretos que yo te mando hoy.
No sea que, cuando comas hasta saciarte, cuando edifiques casas hermosas y las habites, cuando críen tus reses y ovejas, aumenten tu plata y tu oro, y abundes en todo, se engría tu corazón y olvides al Señor, tu Dios, que te sacó de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud, que te hizo recorrer aquel desierto inmenso y terrible, con serpientes abrasadoras y alacranes, un sequedal sin una gota de agua, que sacó agua para ti de una roca de pedernal; que te alimentó en el desierto con su maná que no conocían tus padres, para afligirte y probarte, y para hacerte el bien al final. Y no pienses: “Por mi fuerza y el poder de mi brazo me he creado estas riquezas”.
Acuérdate del Señor, tu Dios: que es el quien te da la fuerza para adquirir esa riqueza, a fin de mantener la alianza que juró a tus padres, como lo hace hoy».

Salmo

Sal 1 Crón 29, 10bc. 11abc. 11d-12a. 12bcd R/. Tú eres Señor del universo.

Bendito eres, Señor,
Dios de nuestro padre Israel,
por los siglos de los siglos. R/.

Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder,
la gloria, el esplendor, la majestad
porque tuyo es cuanto hay en el cielo y tierra. R/.

Tú eres rey y soberano de todo
de ti viene la riqueza y la gloria. R/.

Tú eres Señor del universo,
en tu mano está el poder y la fuerza,
tú engrandeces y confortas a todos. R/.

Segunda lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 5, 17-21

Hermanos:
Si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo.
Todo procede de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos encargo el ministerio de la reconciliación.
Porque Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirles cuenta de sus pecados, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación.
Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.
Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 7, 7-11

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre.
Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente? Pues si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden!».

Reflexión del Evangelio de hoy

Todo esto viene de Dios

En diversas partes del mundo, nuestra sociedad ha dejado de ser principalmente agrícola. La llamada industria lo ocupa casi todo. De todas las maneras, muchos países siguen siendo predominantemente agrícolas. Es también claro que tanto en las sociedades industriales como en las agrícolas todos sus habitantes seguimos alimentándonos y disfrutando de los frutos del campo.

La fiesta de las témporas de acción de gracias está colocada cuando, en algunos lugares, se ha llegado a la recolección de las cosechas y empiezan a prepararse para las del próximo año. Se nos quiere recordar una verdad clave en nuestra vida: nuestra dependencia de Dios. Sin Dios, no seríamos nada. Sin Dios, para empezar, ni habría mundo ni nosotros existiríamos. Él es el creador del cielo y tierra y también nuestro creador. Le tenemos que estar siempre agradecidos. Un buen momento para actualizar esta acción de gracias es cuando los hombres, trabajando el campo que nos ha sido regalado, recogen los frutos que Dios ha puesto en él.

La actitud de acción de gracias debe ser continua y permanente en nuestra vida  y no solo cuestión de un día, como fin de temporada. Entre otras cosas, como nos recuerda san Pablo en la segunda lectura, le hemos de dar gracias por nuestra segunda creación. No solo nos ha regalado la vida humana sino también la vida divina. “El que es de Cristo es una criatura nueva”. A la gran dignidad de ser personas humanas hay que añadir el don de ser hijos de Dios y hermanos unos de otros.

Además, introduciéndonos en su familia, nuestro Padre Dios nos perdona nuestros pecados y nos pide que perdonemos a los que nos ofenden. “Todos eso viene de Dios, que por medio de Cristo nos reconcilió consigo y nos encargó el servicio de reconciliar”. Qué gran paz nos proporciona Dios sabiendo que su amor y su perdón borran para siempre nuestros pecados.

Jesús, en el evangelio, nos exhorta a que conjuguemos tres verbos, no solo el primero de ellos, para que logremos vivir como lo que somos, hijos de Dios y hermanos entre nosotros: pedir, buscar y llamar. Pedírselo a nuestro Dios; buscarlo con todas nuestras fuerzas y llamar a las puertas de nuestro Dios y de nuestros hermanos para conseguirlo. Jesús nos asegura que nuestro Padre Dios siempre está al acecho para darnos “cosas buenas a los que le piden”.