Mar
1
Oct
2019
Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños…

Primera lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 10, 17--11, 2

Hermanos:
El que se gloría que se gloríe en el Señor, porque no está aprobado el que se recomienda él solo, sino el que está recomendado por el Señor. Ojalá me toleraseis unos cuantos desvaríos; bueno, ya sé que me los toleráis. Tengo celos de vosotros, los celos de Dios; quise desposaros con un solo marido, presentándoos a Cristo como una virgen intacta.

Salmo

Salmo responsorial Sal 130, 1. 2. 3 R/. "Guarda mi alma en la paz, junto a ti, Señor"

Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas que superan mi capacidad.

Sino que acallo y modero mis deseos,
como un niño en brazos de su madre.

Espere Israel en el Señor ahora y por siempre.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san mateo 18, 1-4

En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron:
- ¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?
Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo:
- Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.

Reflexión del Evangelio de hoy

El que se gloríe, gloríese en el Señor

Nos habla la carta del Apóstol San Pablo de la gloria que debemos de buscar los creyentes o de aquello que debe ser para nosotros motivo de honra, y nos lo deja bien claro. Es Cristo, nuestro Señor, el motivo de nuestra gloria. Su vida, muerte y resurrección, su venida al mundo es el regocijo mayor que puede tener el cristiano y la humanidad abocada toda ella a ser recopilada y llevada al trono de Dios Creador.

Con la fiesta litúrgica de la gran Teresita del Niño Jesús, se pone todo esto de manifiesto. Mujer que vivió sola para Dios, sin dejar un momento de mirar al mundo, el dolor y las alegrías de hombres y mujeres, sintiéndolos como hermanos amados igual que su pequeño ser por Dios.

Debemos de tener en nuestro compromiso cristiano un gran ardor apostólico, un deseo ardiente de que todos conozcan, se enamoren de Jesucristo y su proyecto del reino. El celo por la salvación de las almas es propio de todos los santos, que cada uno realizando su vocación en plenitud han tenido en su vida el único deseo de atraer a los hermanos hacia Dios, de testimoniar al Dios por ellos experimentado y amado. Así lo hizo Teresita del niño Jesús, que desde el claustro de su monasterio con su oración silente y desde su entrega diaria hizo posible este misterio que la oración y el deseo de Dios hacen posible. Dejemos arder también nosotros en nuestro interior este celo por Dios y por la humanidad. Que esta sea nuestra gloria como fue la de San Pablo, la de Santa Teresita de Jesús y la de tantos hombres y mujeres a lo largo de la historia. Deseo apostólico, deseo misionero.

Cuidado con despreciar a  uno de estos pequeños…

Los discípulos siempre tan preocupados por quién es el más importante, quien tiene más poder, quién es más de cualquier modo. A veces al leer algunos pasajes evangélicos, nos puede dar que pensar que era lo que les importaba realmente al seguir a Jesús; ¿el reino de cielos por Jesús predicado e inaugurado, o el ansia de poder?

Nos puede chocar está actitud pero no extrañar, ya que es el poder, la fama, el ser importante, lo que junto con el dinero ha movido y mueve el corazón del hombre. Debemos de estar continuamente mirando en profundidad las motivaciones que nos llevan a hacer esto o aquello, ya que es tremendamente fácil y tremendamente sutil caer en querer ser dioses de forma velada, pero real.

Jesús pone de ejemplo a un niño, y nos pone en guardia ante el deseo de  ser importante o más que otros. El evangelio de hoy también pone el acento en un tema que nuestro santo Padre Francisco acude una y otra vez, y es el de despreciar, o en el lenguaje del Papa, “el descarte”. Dice el texto "cuidado con despreciar..."

Despreciar, excluir, no tomar en cuenta, ignorar; son actitudes muy poco evangélicas, y que por lo tanto, deben de estar lejos del corazón del creyente y del seguidor de Cristo.

Debemos de estar atentos a los sentimientos y actitudes que se hacen hueco en nosotros, debemos de evangelizar nuestros sentidos, los latidos de nuestro corazón, para que vayan conformándose con el pasar de la vida a los latidos y a los sentimientos del Cristo-Jesús. El hombre-Dios que vino a salvar a todos los hombres, el que nos enseñó con palabras y obras que todos los hombres caben en el corazón del Padre Dios.

Que el ser como niños para nosotros entrañe el deseo de confiar en Dios y de acoger sin mirar al extraño (el domingo pasado se celebrado en España la jornada por el migrante) ya que nosotros mismos somos extranjeros en este mundo y nuestro corazón tan solo encontrará consuelo y nuestras vidas sentido si hacemos más humana la humanidad, más divinas nuestras vidas, o lo que es lo mismo; más de Dios nuestro corazón, a ejemplo y con la intercesión de Santa Teresita del Niño Jesús.