Dom
2
Ene
2011

Homilía II Domingo de Navidad

Acampó entre nosotros

Pautas para la homilía

A. La Teoría

  • Un Dios cercano a la humanidad

Dentro del ambiente navideño, resumiendo la revelación de la presencia del Verbo hecho carne aparece una imagen de Dios cercano al hombre. Jesús nos enseña a dirigirnos a Dios como Padre misericordioso, que ama al hombre desde antes de la creación del mundo y quiere su felicidad.

Se ha manifestado de muchas maneras a lo largo de la historia, y últimamente en la persona de su Hijo nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales... nos eligió antes de la creación del mundo para que fuésemos santos, hijos por adopción. Por Jesús sabemos mejor quien es el hombre, de dónde viene y adónde va.

De Jesús muerto y resucitado, por la acción del Espíritu nace la Iglesia, a la que somos incorporados gratuitamente por el bautismo, concediéndonos el perdón de los pecados y la esperanza de vida eterna.

  • El misterio del hombre de fe

Desde la racionalidad y humana filosofía llegamos al conocimiento del hombre, con sus límites y capacidades, desvaríos y genialidades. Hubo muchos y variados modos de interpretar su origen y término, insatisfacciones y posibilidades; al final permanecen grandes interrogantes que el creyente en Cristo puede verlos aclarados por la fe, que ilumina su propia racionalidad.

“El misterio del hombre se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. El Hijo de Dios, con su encarnación, se ha unido con todo hombre. Trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia humana, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nació de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de los nuestros, semejante en todo a nosotros, excepto en el pecado” (GS.22).

  • Crecimiento en Cristo por la gracia de Dios

El misterio del hombre existencial, nosotros, en nuestros días, radica en que la Palabra alumbra a todo hombre; vino al mundo y en el mundo estaba... y el mundo no la conoció, pero a los que la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre.

Hemos recibido en el bautismo la filiación adoptiva, y hacemos el itinerario cristiano en el tiempo real apoyados en la fe, con su firmeza y oscuridad. Desarrollo humano de los dones o talentos iguales y diferentes para cada uno, según herencia, y apoyos ambientales propios y variados como identidades individuales. Crecimiento humano, crecimiento cristiano; posible de medir en algunos ámbitos, y siempre reflejado en los frutos del amor servicial emanados del mandato del Señor Jesús.

 

B.- La vida práctica y real

  • Presencia de Dios en la propia vida

Acampó en nosotros. Nos corresponde hacer las aplicaciones concretas, conforme al auditorio para ayudar a que cada uno de los oyentes descubra que el espíritu de Dios, la Vida divina, propia de hijos, late en su interior en cada instante, en todas las acciones, y en las más variadas circunstancias de dolor/gozo, paz/ira, soledades/llenuras de la condición humana.

  • Presencia de Dios en toda vida humana

Acampó entre nosotros. Si el crecimiento personal se verifica en la comunicación, con Dios y con los demás, tomar conciencia de la presencia divina en cada instante y persona se convierte en un objetivo prioritario para el cristiano. Las más variadas realidades personales han de ser captadas desde la óptica de la trascendencia para poder descubrir en los otros -diferentes- al hermano, que también es hijo de Dios, salvado por Jesucristo.

Los juicios de valor, que a veces son excluyentes, dan origen a otro tipo de conclusiones cuando introducimos en la percepción de las personas “sus rostros divinos”, y la mediación que pueden brindarnos para dirigirnos y llegar a Dios en situaciones sorprendentes, por su tono y ocasión.

  • Evangelio viviente y actual

Acampó con nosotros. Descubrir los signos de los tiempos, que manifiestan la voluntad divina, la real, constituye una hermosa tarea cristiana; es una herramienta constructiva de la propia identidad, en aras de ser fiel en todo tiempo y en el mundo. Desde la parábola del buen samaritano, el óbolo de la viuda, o los pelos de la cabeza, que no caen al margen de la providencia divina... hallaremos ocasiones continuadas para descubrir huellas de Dios en el trabajo, la oración o la vida familiar.

  • Ya, pero todavía no en plenitud

Hoy celebramos el nacimiento del Salvador y el nacimiento de nuestra salvación. Celebramos la Navidad, el nacimiento de la Iglesia y también nuestra condición de hijos adoptivos. No son realidades independientes sino imbricadas, insertas unas en otras y particularmente gozosas: Porque Dios se ha hecho hombre en Jesucristo ha surgido la iglesia, como sacramento de salvación, cuerpo místico de Cristo, y nosotros hemos sido santificados desde siempre, en la mente divina.

  • Recordemos:

  1. Presencia habitual de Dios en mi propio ser.
  2. Reconocimiento de Dios con vosotros en las acciones litúrgicas.
  3. Hallazgo de Dios entre vosotros en el ser y quehacer temporal.