Vie
7
Ene
2011

Evangelio del día

Muéstranos, Señor, tu rostro

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 3, 22–4, 6

Queridos hermanos:
Cuanto pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada.
Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó. Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.
Queridos míos: no os fiéis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios, pues muchos falsos profetas han salido al mundo.
En esto podréis conocer el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios: es del Anticristo. El cual habéis oído que iba a venir; pues bien, ya está en el mundo.
Vosotros, hijos míos, sois de Dios y lo habéis vencido. Pues el que está en vosotros es más que el que está en el mundo. Ellos son del mundo; por eso hablan según el mundo y el mundo los escucha. Nosotros somos de Dios.
Quien conoce a Dios nos escucha, quien no es de Dios no nos escucha.
En esto conocemos el Espíritu de la verdad y el espíritu del error.

Salmo

Sal 2, 7-8. 10-12a R/. Te daré en herencia las naciones

Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho: «Tú eres mi Hijo:
yo te he engendrado hoy.
Pídemelo:
te daré en herencia las naciones;
en posesión, los confines de la tierra». R/.

Y ahora, reyes, sed sensatos;
escarmentad, los que regís la tierra:
servid al Señor con temor,
rendidle homenaje temblando. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 4, 12-17. 23-25

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea.
Dejando Nazaret se estableció en Cafarnaún, junto al mar, en el territorio de Zabulón y Neftalí, para que se cumpliera lo dicho por medio del profeta Isaías:
«Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí,
camino del mar, al otro lado del Jordán,
Galilea de los gentiles.
El pueblo que habitaba en tinieblas
vio una luz grande;
a los que habitaban en tierra y sombras de muerte,
una luz les brilló».
Desde entonces comenzó Jesús a predicar diciendo:
«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».
Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.
Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curó.
Y lo seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.

Reflexión del Evangelio de hoy

  • " Creer en el nombre de Jesús".

Antes de terminar el tiempo de Navidad, tenemos que recoger el mensaje que nos transmite S. Juan en su carta a los primeros cristianos, pequeña semilla de la Iglesia que nace con fuerza, pero también con lucha y dificultad. Su voz de alarma es plenamente actual: “No os fiéis de cualquier espíritu … pues muchos falsos profetas han salido al mundo…”
Si queremos vivir como hijos de Dios tenemos que “creer en Jesucristo y amar a los hermanos”. Fe y Amor. Dos palabras, dos consignas que se conjugan y complementan mutuamente. Y precisamente ahí está la eficacia de nuestra oración, pues todo es don de Dios; El nos concede su Espíritu, que nos ilumina y fortalece en la verdad.

  • " Muéstranos, Señor, tu rostro".

La Iglesia con su liturgia, nos da a gustar las “epifanías” del Verbo humanado. Epifanía es una palabra griega que significa “manifestación”. Ayer celebramos su gran manifestación a los pueblos gentiles en la persona de los tres reyes de Oriente, que a través de una estrella le descubren como luz del mundo; le reconocen y ofrecen dones como verdaderos hombre, rey y Dios. El próximo domingo, con su bautismo en el río Jordán le manifiesta el Padre como a su Hijo y Mesías al pueblo de Israel.

También el evangelio de Mateo en este día nos presenta a Jesucristo predicando a judíos y gentiles: “Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos” que Él inaugura con su persona que enseña y sana toda dolencia. Su Palabra, su autoridad sobre la enfermedad física y moral son una victoria sobre el reino del mal.

En síntesis, se trata de creer y amar, que eso exige la verdadera conversión; dimensión vertical y horizontal, fundamento de nuestra vida cristiana a nivel personal y social o comunitario.