Sáb
1
Ene
2022

Homilía Santa María, Madre de Dios

Dar gloria y alabanza a Dios

Introducción al Evangelio del día

A los ocho días de la Navidad, justo el primer día del año civil, celebramos la solemnidad de Santa María, Madre de Dios. Es un título de la Virgen María que la Iglesia le dio prácticamente por deseo y aclamación del propio pueblo cristiano.

Es una fiesta que se centra en la bendición de Dios para su pueblo, en la maternidad de María y en la oración por la paz.

Son fechas para tener más presentes, si cabe, a quienes parecen menos bendecidos: los pobres en cualquiera de las manifestaciones de una pobreza que permanece y aumenta entre nosotros. Son quienes mejor nos muestran el rostro de un Dios que, al hacerse hombre, nació, vivió y murió pobre.

La maternidad es una forma de ser y de vivir a la que Dios nos convoca a todos. Acoger, escuchar, consolar, reír con el que ríe, llorar con quien llora, sufrir con quien sufre, aconsejar, perdonar, callar… todo eso y más es necesario en la nueva normalidad que buscamos, en la fraternidad social que nos propone el papa Francisco.

Y sobre todo necesitamos paz. Son muchas las tribulaciones pasadas y presentes. Necesitamos un futuro distinto. Podemos forjarlo desde la educación y la formación a las nuevas generaciones. Desde la creación de empleos y la transformación de las condiciones de trabajo en otras más estables, con tasas de desempleo más bajas y con remuneración suficiente y digna. Y desde el diálogo entre las distintas generaciones orientado a que crezca la solidaridad entre ellas y la confianza en el futuro. Educación, trabajo y diálogo son tres contextos que el papa Francisco considera herramientas para construir una paz duradera, en su mensaje para la Jornada Mundial de Oración por la Paz que también celebramos hoy.

Que realmente el Señor se fije en nosotros y nos haga constructores de la paz que procede de Él.

Fray José Antonio Fernández de Quevedo O.P.

Fray José Antonio Fernández de Quevedo O.P.
Real Convento de Santo Domingo (Almería)

Nací en Madrid. Crecí en un entorno dominicano de monjas y de frailes. Con 21 años ingresé en la Orden. Recibida la ordenación sacerdotal viví en Centroamérica durante veintiocho años. Luego estuve ocho años más en República Dominicana. Mi actividad fue siempre directamente pastoral. Tras los primeros dieciocho años pude hacer un paréntesis en que obtuve grados de licenciatura y doctorado en Catequética y en Teología Práctica. Al regresar a la actividad pastoral, la compaginé con docencia en institutos teológicos en San José (Costa Rica) y en Santo Domingo, durante un total de quince años. Mi interés se centró entonces en la iniciación y reiniciación cristiana de adultos, experiencias de primer anuncio y procesos de nueva evangelización. En la actualidad vivo en la Casa de Santo Domingo, de Almería, cuya iglesia conventual es también el Santuario de la Virgen del Mar, patrona de la ciudad.

Enviar comentario al autor/a