Vie
26
Abr
2013

Evangelio del día

Cuarta Semana de Pascua

Que vean vuestras buenas obras y den gloria a Dios

Primera lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 2, 1-10

Yo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado. Me presenté a vosotros débil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicación no fue con persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. Hablamos, entre los perfectos, una sabiduría que no es de este mundo ni de los príncipes de este mundo, que quedan desvanecidos, sino que enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Ninguno de los príncipes de este mundo la ha conocido; pues, si la hubiesen conocido, nunca hubieran crucificado al Señor de la gloria. Sino, como está escrito: «Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el hombre puede pensar lo que Dios ha preparado para los que lo aman.» Y Dios nos lo ha revelado por el Espíritu. El Espíritu lo sondea todo, incluso lo profundo de Dios.

Salmo

Sal 118, 99-100. 101-102. 103-104 R. Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero.

Soy más docto que todos mis maestros,
porque medito tus preceptos.
Soy más sagaz que los ancianos,
porque cumplo tus leyes. R.

Aparto mí pie de toda senda mala,
para guardar tu palabra;
no me aparto de tus mandamientos,
porque tú me has instruido. R.

¡Qué dulce al paladar tu promesa:
más que miel en la boca!
Considero tus decretos,
y odio el camino de la mentira. R.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»

Reflexión del Evangelio de hoy

  • Vuestra fe se apoye en el poder de Dios

n esta lectura Pablo nos enseña cual es la verdadera sabiduría. La teología de la cruz, a la que acaba de referirse como clave interpretativa de los planes salvadores de Dios, afirma que en Cristo paciente, crucificado y muerto radica la fuerza y la sabiduría de Dios. Afirma que los humanamente insignificantes han sido escogidos por Dios para confundir a los fuertes y sabios de este mundo. Una peculiar sabiduría que hunde sus raíces en Dios y que es, por tanto, única, profunda, misteriosa. Pablo la identifica con Cristo mismo en el misterio de la cruz. Salva, en cambio, la misteriosa sabiduría de la cruz. Locura de la cruz –la llama Pablo—porque en ella se hace presente toda la impotencia a la que Dios se ha entregado, toda la profundidad y la angustia a la que ha llegado su amor. En ella Dios ha abierto un camino de salvación que contradice radicalmente la aspiración del hombre a realizarse como tal sólo en el horizonte de una orgullosa autosuficiencia. La cruz es nuestra sabiduría, por eso no podemos apoyarnos en la sabiduría humana, sino en el poder de Dios. Y esto mediante el poder del Espíritu Santo.

Hemos recibido el Espíritu que viene de Dios para que conozcamos lo que Dios nos ha dado. Todo, pues, procede del Espíritu, tanto el correcto conocimiento de las cosas de Dios como las palabras adecuadas para expresar dicho conocimiento. Demos gracias a Dios que por medio de su Espíritu nos concede esta sabiduría. Que sólo desde la cruz, podemos entender y comprender nuestra salvación. No la dejemos escapar de nuestras manos.

  • Vosotros sois la luz del mundo

Las dos comparaciones de la sal y la luz, forman parte del exordio del sermón de la montaña y están muy relacionadas con la última bienaventuranza. La imagen de la sal como conservante para los alimentos y para dar sabor. Esta imagen de ser sal que dirige Jesús a sus discípulos, era porque estaban llamados a aportar al mundo la novedad del evangelio, algo que el mundo no posee, pero ellos sí. Para Mateo ser luz consiste, ante todo, en practicar las buenas obras para que todos los hombres den gloria a Dios. Los discípulos son invitados a ser fermento de una nueva humanidad, que no queda reducida a los estrechos límites del judaísmo, sino que alcanza a todos los hombres.

Jesús al igual que a los discípulos nos dice a nosotros que seamos sal y luz para el mundo. Sal para dar sabor y conservar este maravilloso mensaje de la Palabra que nos llega cada día, de anunciar su mensaje con nuestra vida y con nuestras obras, y dando testimonio de nuestra fe. Y ser luz, no para unos pocos, sino para todo el mundo. No podemos esconder la luz que recibimos de Dios, sino ponerla en el candelero para que alumbre a todos y todos se beneficien de esa luz que es el Espíritu Santo, que obra en nosotros. Sin él no podemos nada.
Que como san Isidoro pongamos al servicio de los demás esa sabiduría, que recibimos de Dios. (La sabiduría de la cruz, misericordia y perdón).