dominicos.org utiliza cookies, propias y de terceros, para la mejora de la experiencia del usuario durante la navegación. Si decide continuar, entendemos que presta su consentimiento para su utilización por parte del Sitio Web. Más información en Política de Cookies.         Entendido
Sáb
4
May
2013

Evangelio del día

Quinta Semana de Pascua

El siervo no es más que su señor

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 16, 1-10

En aquellos días, Pablo fue a Derbe y luego a Listra. Había allí un discípulo que se llamaba Timoteo, hijo de un griego y de una judía creyente. Los hermanos de Listra y de Iconio daban buenos informes de él. Pablo quiso llevárselo y lo circuncidó, por consideración a los judíos de la región, pues todos sabían que su padre era griego.
Al pasar por las ciudades, comunicaban las decisiones de los apóstoles y presbíteros de Jerusalén, para que las observasen. Las Iglesias se robustecían en la fe y crecían en número de día en día.
Como el Espíritu Santo les impidió anunciar la palabra en la provincia de Asia, atravesaron Frigia y Galacia. Al llegar a la frontera de Misia, intentaron entrar en Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo consintió. Entonces dejaron Misia a un lado y bajaron a Troas.
Aquella noche Pablo tuvo una visión: se le apareció un macedonio, de pie, que le rogaba: «Ven a Macedonia y ayúdanos.»
Apenas tuvo la visión, inmediatamente tratamos de salir para Macedonia, seguros de que Dios nos llamaba a predicarles el Evangelio.

Salmo

Sal 99, 1-2. 3-5 R. Aclama al Señor, tierra entera

Aclama al Señor,
tierra entera, servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores. R.

Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño. R.

El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades. R.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 18-21

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
- «Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros.
Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia.
Recordad lo que os dije: "No es el siervo más que su amo. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra."
Y todo eso lo harán con vosotros a causa de mi nombre, porque no conocen al que me envió.»

Reflexión del Evangelio de hoy

  • El Espíritu: ánimo, luz y fuerza

Aquí se nos narra el inicio del llamado segundo viaje de Pablo, de sus misiones por las tierras de Asia y Grecia. Después de atravesar las regiones de Frigia y Galacia, cruza Misia para acabar en el puerto de Tróade, desde donde viaja a Macedonia por inspiración en sueños del Espíritu. Pablo es acompañado en este viaje por Timoteo, de quien “los hermanos de Listra e Iconio daban un buen testimonio”. La misión de Pablo está ligada a las tradiciones y decisiones de los Apóstoles y presbíteros de Jerusalén, y está encaminada hacia los judíos de la diáspora, de igual manera que a los gentiles que son tocados y atraídos por la Palabra del Señor. Es el Espíritu de Jesús quien les inunda y les impele a dar testimonio de la Resurrección. Es el Espíritu quien les anima en su misión de fortalecer la fe de las comunidades y buscar nuevos creyentes que acojan la fe en Cristo y la Salvación por su muerte y resurrección. Es el Espíritu quien les ilumina y les da fuerza para llevar el evangelio a los nuevos pueblos que esperan el anuncio de la Palabra y el mensaje de salvación de Dios realizada en Cristo Jesús.

Ese fervor, valor e impulso que anima a Timoteo y Pablo, según nos relata el libro de los Hechos, ha de ser para nosotros ejemplo de vida, de testimonio y misión en nuestras comunidades.

  • Testigos de su gracia y elección

Una misión que no será fácil, como nos anuncia el evangelio de Juan: “Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros”. Pero una misión que parte de la gracia y la elección previa de Jesús. El nos ha elegido y nos ha destinado a ser testigos de su Palabra. “Os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer”. Hemos recibido el Espíritu de Jesús que nos enseña a entender y asumir los gestos y las Palabras del Señor. Jesús nos deja su Espíritu para afrontar ante el mundo y descubrir el significado de su muerte, para ser testigos del misterio divino que se realizó en este acontecimiento escandaloso de la muerte en cruz: la condena del pecado, la victoria sobre el mal y el triunfo de la justicia de Dios.

No seremos más ni diferentes del Maestro. “Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán, porque no conocen a Quien me ha enviado”. Así, como discípulos elegidos por Ël, debemos anunciar el gran amor que el Padre nos tiene, ese que nos hace ser hijos de Dios en Cristo, testigos de su gracia y elección. Debemos trasmitir el mensaje de Jesús, la presencia del Reino de Dios en este mundo. Una presencia que significa opción por la justicia, por el amor, por la defensa y atención de los desfavorecidos y proscritos de este mundo. Abanderar el ideal evangélico del amor incondicional y verdadero, reflejo del amor recibido de Dios.