Mié
3
Jun
2009
Dios es Dios de vivos, no de muertos

Primera lectura

Lectura del libro de Tobías 3,1-11.24-25

En aquellos días, profundamente afligido, sollocé, me a llorar y empecé a rezar entre sollozos: «Señor, tú eres justo, todas tus obras son justas; tú actúas con misericordia y lealtad, tú eres el juez del mundo. Tu, Señor, acuérdate de mi y mírame; no me castigues por mis pecados, mis errores y los de mis padres, cometidos en tu presencia, desobedeciendo tus mandatos. Nos has entregado al saqueo, al destierro y a la muerte, nos has hecho refrán, comentario y burla de todas las naciones donde nos has dispersado. SI, todas tus sentencias son justas cuando me tratas así por mis pecados, porque no hemos cumplido tus mandatos ni hemos procedido lealmente en tu presencia. Haz ahora de mi lo que te guste. Manda que me quiten la vida, y desapareceré de la faz de la tierra y en tierra me convertiré. Porque más vale morir que vivir, después de oír ultrajes que no merezco y verme invadido de tristeza. Manda, Señor, que yo me libre de esta prueba; déjame marchar a la eterna morada y no me apartes tu rostro, Señor, porque más me vale morir que vivir pasando esta prueba y escuchando tales ultrajes.»
Aquel mismo día, Sara, la hija de Ragüel, el de Ecbatana de Media, tuvo que soportar también los insultos de una criada de su padre; porque Sara se había casado siete veces, pero el maldito demonio Asmodeo fue matando a todos los maridos, cuando iban a unirse a ella según costumbre.
La criada le dijo: «Eres tú la que matas a tus maridos. Te han casado ya con siete, y no llevas el apellido ni siquiera de uno. Porque ellos hayan muerto, ¿a qué nos castigas por su culpa? ¡Vete con ellos! ¡Que no veamos nunca ni un hijo ni una hija tuya!»
Entonces Sara, profundamente afligida, se echó a llorar y subió al piso de arriba de la casa, con intención de ahorcarse.
Pero lo pensó otra vez, y se dijo: «¡Van a echárselo en cara a mi padre! Le dirán que la única hija que tenía, tan querida, se ahorcó al verse hecha una desgraciada. Y mandaré a la tumba a mi anciano padre, de puro dolor. Será mejor no ahorcarme, sino pedir al Señor la muerte, y así ya no tendré que oír más insultos.»
Extendió las manos hacia la ventana y rezó. En el mismo momento, el Dios de la gloria escuchó la oración de los dos, y envió a Rafael para curarlos.

Salmo

Sal 24 R/. A ti, Señor, levanto mi alma

Dios mío, en ti confío, no quede yo defraudado,
que no triunfen de mí mis enemigos;
pues los que esperan en ti no quedan defraudados,
mientras que el fracaso malogra a los traidores. R/.

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.

Recuerda, Señor,
que tu ternura y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mi con misericordia,
por tu bondad, Señor. R/.

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 12,18-27

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, de los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: "Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero no hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano." Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos; el segundo se casó con la viuda y murió también sin hijos; lo mismo el tercero; y ninguno de los siete dejó hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección y vuelvan a la vida, ¿de cuál de ellos será mujer? Porque los siete han estado casados con ella.»
Jesús les respondió: «Estáis equivocados, porque no entendéis la Escritura ni el poder de Dios. Cuando resuciten, ni los hombres ni las mujeres se casarán; serán como ángeles del cielo. Y a propósito de que los muertos resucitan, ¿no habéis leído en el libro de Moisés, en el episodio de la zarza, lo que le dijo Dios: "Yo soy el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob"? No es Dios de muertos, sino de vivos. Estáis muy equivocados.»

Reflexión del Evangelio de hoy

  • Eficacia de la oración

Las dos familias, la de Tobías en Nínive y la de Sara en Media, están unidas por la desgracia, por la aflicción, por su fe en Dios y por su oración. Oración difícil, “entre sollozos” la de Tobías; Sara “lloraba y rezaba sin cesar”. Oración, en un principio, imperfecta, quizá como la nuestra con frecuencia. Creen que sus males son castigo de Dios por sus faltas, y tanto Tobías como Sara llegan a desearse la muerte. Sin embargo, su oración es sincera y es escuchada y atendida por Dios. Por encima de Asmodeo, el demonio que mata, Dios envía a Rafael, el ángel “que sana” y cura a los dos.

Luego vino Jesús y, confirmando lo sucedido con Sara y Tobías, nos aseguró que “si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos” (Mt 18,19-20). Desde entonces sabemos que la oración siempre es eficaz, aunque no siempre sepamos en qué dirección irá esa eficacia. También aquí hay que echar mano de la fe: “Todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido” (Mc 11,24).

  • “Dios es Dios de vivos, no de muertos”

Los enemigos de Jesús no descansan. Hoy son los saduceos que, haciendo honor a su nombre, se dirigen con una “trampa saducea” para poner a prueba a Jesús. Lo hacen desde la Ley del Levirato, uniendo casuística, sutileza, astucia y maldad. Y Jesús lo sabe. Por eso, al contestar, lo hace desde la perspectiva de Dios, afirmando claramente la resurrección, dado que es “Dios de vivos –en esta vida y después de ella-, y no de muertos”.

Esto no quiere decir que lo tengamos todo claro en cuanto a la forma de vivir después de la muerte. Sabemos lo fundamental, ignoramos los detalles. Sabemos lo que no puede ser, desconocemos la mayoría de los pormenores. Sabemos que la resurrección no es una reanimación como en el caso de Lázaro, sino una auténtica transformación de nuestro ser y nuestra persona en la que no caben estilos y modos que usamos normalmente en esta vida.

Lo más tranquilizador para nosotros es oír decir a Jesús que Dios, su Padre, es tan amigo de la vida que es Dios de los que vivimos ahora y de los que ya han pasado la frontera y viven de la otra forma, no por misteriosa menos real. Y que apuesta por la vida ahora y después, pidiéndonos que hagamos nosotros lo mismo a todos los efectos.