Sáb
23
Ene
2016
Que brille tu rostro, Señor, y nos salve

Primera lectura

Lectura del primer libro de Samuel 1, 1-27

En aquellos días, al volver de su victoria sobre los amalecitas, Da- vid se detuvo dos días en Sicelag. Al tercer día de la muerte de Saúl, llegó uno del ejército con la ropa hecha jirones y polvo en la cabeza; cuando llegó, cayó en tierra, postrándose ante David. David le preguntó: -«¿De dónde vienes?» Respondió: -«Me he escapado del campamento israelita.» David dijo: -«¿Qué ha ocurrido? Cuéntame.» Él respondió: -«Pues que la tropa ha huido de la batalla, y ha habido muchas bajas entre la tropa y muchos muertos, y hasta han muerto Saúl y su hijo Jonatán.» Entonces David agarró sus vestiduras y las rasgó, y sus acompañantes hicieron lo mismo. Hicieron duelo, lloraron y ayunaron hasta el atardecer por Saúl y por su hijo Jonatán, por el pueblo del Señor, por la casa de Israel, porque hablan muerto a espada. Y dijo David: «¡Ay, la flor de Israel, herida en tus alturas! ¡Cómo cayeron los valientes! Saúl y Jonatán, mis amigos queridos, ni vida ni muerte los pudo separar; más ágiles que águilas, más bravos que leones. Muchachas de Israel, llorad por Saúl, que os vestía de púrpura y de joyas, que enjoyaba con oro vuestros vestidos. ¡Cómo cayeron los valientes en medio del combate! ¡Jonatán, herido en tus alturas! ¡Cómo sufro por ti, Jonatán, hermano mío! ¡Ay, cómo te quería! Tu amor era para mi más maravilloso que el amor de mujeres. ¡Cómo cayeron los valientes, los rayos de la guerra perecieron!»

Salmo

Sal 79,2-3.5-7 R/. Que brille tu rostro, Señor, y nos salve

Pastor de Israel, escucha,
tú que guias a José como a un rebaño;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece
ante Efraín, Benjamín y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvarnos. R/.

Señor Dios de los ejércitos,
¿hasta cuándo estarás airado
mientras tu pueblo te suplica? R/.

Les diste a comer llanto,
a beber lágrimas a tragos;
nos entregaste a las contiendas de nuestros vecinos
nuestros enemigos se burlan de nosotros. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 3, 20-21

En aquel tiempo, Jesús fue a casa con sus discipulos y se juntó de nuevo tanta gente que no los dejaban ni comer. Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque decían que no estaba en sus cabales.

Reflexión del Evangelio de hoy

  • ¡Cómo cayeron los valientes en medio del combate!

Un fugitivo del campo de batalla, la que se libraba en el monte Gelboé, cuenta a David la derrota que sufrieron los israelitas y las muertes de Saúl y Jonatán, el hijo de éste. Todos los elementos que dibujan la reacción de David hablan de la nobleza y gran corazón del rey, muy por encima de los molestos despropósitos que de Saúl recibiera, porque para él el Ungido del Señor merecía todos los respetos. Es más que emotiva el haz de sentimientos que expresa la lamentación de David, lo que ayuda a que de Saúl nos quede un buen recuerdo, pues no siempre fue bien tratado en los textos bíblicos. Los lamentos davídicos son hermosos y nos trasladan la grandeza de su corazón que, en el dolor, sabe el rey ser generoso, exento de rencor y adornado de inocencia, pues según este relato nada tuvo que ver David en la muerte de su antecesor. Por eso acepta la corona y el brazalete que el emisario le entrega y, de esta manera, accede al trono con las manos limpias.

  • No le dejaban ni comer

Al parecer Jesús está en su entorno doméstico, pero los suyos no lo ven muy centrado en su familia, e incluso ni muy centrado en él mismo. Cuando uno no responde a las expectativas que sobre él proyecta su entorno ni ocupa el rol que los demás le asignan, comienza a suscitar cuestiones que son expresión de la inquietud y preocupación provocadas por tal expectación no cumplida. Este breve texto hay que incluirlo en el conjunto de los que se oponen a la persona y al Mensaje de Jesús; sus parientes no pensaban que estaba endemoniado, eso lo hacían los escribas. Los familiares salen a su encuentro, quizá, para comprobar con sus propios ojos que no estaba loco como decían muchos de sus detractores. Bueno es admitir que Jesús de Nazaret no abundaba de reacciones inquebrantables, porque desde muy pronto tuvo la enemiga de un amplio sector del pueblo judío (quizá los que se estimaban sanos) que entendían que el contenido de su predicación era propio de un endemoniado y descerebrado. De cualquier forma es un fino aviso contra quien pretende juzgar lo de Dios desde las estrechas demandas del poder, negocio, fama…

Dan realce a este día el obispo de Toledo, San Ildefonso, el enamorado de María, y uno de los más insignes representantes de la mística renana, el Bienaventurado Fr. Enrique Susón OP.

No pensamos como Dios, sino como los hombres; pero ¿por qué no intentamos pensar a modo evangélico?