Sáb
22
Ene
2022
Jesús fue a casa con sus discípulos

Primera lectura

Lectura del segundo libro de Samuel 1, 1-27

En aquellos días, David regresó tras derrotar a Amaalec y se detuvo dos días en Sicelag.
Al tercer día vino un hombre del campamento de Saúl, con las vestiduras rasgadas y tierra en la cabeza. Al llegar a la presencia de David, cayó en tierra y se postró.
David le preguntó:
«¿De dónde vienes?».
Respondió:
«He huido del campamento de Israel».
David le preguntó de nuevo:
«¿Qué ha sucedido? Cuéntamelo».
Respondió:
«La tropa ha huido de la batalla y muchos del pueblo han caído entre ellos Saúl y su hijo Jonatán».
Entonces David, echando mano a sus vestidos, los rasgó, lo mismo que sus acompañantes. Hicieron duelo, lloraron y ayunaron hasta la tarde por Saúl, por su hijo Jonatán, por el pueblo del Señor y por la casa de Israel, caídos a espada.
Y dijo David:
«La flor de Israel herida en tus alturas. Cómo han caído los héroes. Saúl y Jonatán, amables y gratos en su vida, inseparables en su muerte, más veloces que águilas, más valientes que los leones.
Hijas de Israel, llorad por Saúl, que os cubría de púrpura y adornos, que adornaba con alhajas de oro vuestros vestidos.
Cómo han caído los héroes en medio del del combate. Jonatán, herido en tus alturas.
Estoy apenado por ti, Jonatán, hermano mío. Me ras gratísimo, tu amistad me resultaba más dulce que el amor de las mujeres.
Cómo han caído los héroes. Han perecido las armas de combate».

Salmo de hoy

Sal 79,2-3.5-7 R/. Que brille tu rostro, Señor, y nos salve

Pastor de Israel, escucha,
tú que guías a José como a un rebaño;
tú que te sientas sobre querubines, resplandece
ante Efrain, Benjamin y Manasés;
despierta tu poder y ven a salvarnos. R.

Señor Dios del universo,
¿hasta cuándo estarás airado
mientras tu pueblo te suplica?
Les diste a comer llanto,
a beber lágrimas a tragos;
nos entregaste a las contiendas de nuestros vecinos,
nuestros enemigos. se burlan de nosotros. R.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 3, 20-21

En aquel tiempo, Jesús llega a casa con sus discípulos y de nuevo se junta tanta gente que no los dejaban ni comer.
Al enterarse su familia, vinieron a llevárselo, porque se decía que estaba fuera de sí.

Evangelio de hoy en audio

Reflexión del Evangelio de hoy

¡Cómo sufro por ti, Jonatán, hermano mío!

Comienza el segundo libro de Samuel, en el que se nos relatan las terribles consecuencias de una de las tantas batallas que libró el pueblo de Israel. Comienza con la llegada de un emisario ante la presencia de David, trayendo noticias nada agradables: la derrota en la batalla del ejército israelita y las muertes del Rey Saúl y su hijo Jonatán.

Lo más destacado del texto sin lugar a dudas es la oración de acción de gracias que David es capaz de hacer en medio de la tribulación; una acción de gracias que sale de un corazón noble, humilde. En medio de los sufrimientos, de esos enfrentamientos, persecuciones e incluso malos entendidos que pudieron existir en su relación con el Rey Saúl, por encima de todo están la lealtad y la amistad. Una oración de agradecimiento que se levanta de lo más íntimo del corazón para reconocer a dos valientes, dos amigos que son parte del pueblo de Israel y parte de su propia vida.

Jesús fue a casa con sus discípulos

A lo largo de la semana se nos ha ido presentando parte del capítulo 3 del Evangelio de Marcos. Hoy concretamente se nos narra un fragmento muy breve del mismo. Para comprender mejor el sentido del texto, su esencia y de este modo profundizar en su riqueza, sería bueno que leyésemos el capítulo completo. En él se nos cuenta con más lujo de detalles la jornada del «Pastor de Israel».

El marco de referencia es el Templo de Jerusalén y la curación de un hombre que tenía la mano paralizada. Es el primer elemento que va a enlazar con la piedra de tropiezo de Jesús: los fariseos y herodianos se confabulan desde ese momento para acabar con Él. Parece ser que en sus planes religiosos no está permitido hacer el bien y tener compasión en sábado. Sin embargo, el texto sigue relatando que hay mucha gente que sí lo reconoce, llegando incluso a echarse encima para poder tocarlo y quedar sanados. Su misión la alaban incluso los espíritus inmundos que se postran ante Él y gritan: «Tú eres el Hijo de Dios».

En esa actividad desbordante de Jesús ni siquiera tiene tiempo para comer y descansar. Ha subido al monte, ha hecho una llamada, ha instituido a los doce: «Para estar con Él y predicar». Momento más significativo del Evangelio es éste en el que Jesús fue a la casa con sus discípulos, por toda la carga simbólica que nos quiere transmitir para nuestro seguimiento y nuestra espiritualidad. La casa y la llamada son como el lugar de intimidad y de encuentro con Jesús. Haciéndonos eco del salmo del día de hoy, Jesús en nuestra vida es como ese «Pastor de Israel» que viene al encuentro de su pueblo. Un pastor que no sabe de matemáticas y deja a las 99 ovejas para buscar a la descarriada. Porque no tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos. Ese pastor sabe de heridas, sabe de nubarrones y de cañadas oscuras y cuando encuentra a la oveja la carga sobre los hombros y la lleva a casa. Este Pastor carga sobre sus hombros nuestras vidas cansadas.

Por eso, tanta gente se agolpa allí donde se encuentra el Pastor. Tienen necesidad de sanar heridas, de tranquilidad, de sosiego, de sentirse escuchados, de recibir una palabra de consuelo, de sentir una mirada compasiva en realidad concreta. Quieren  sentir sus vidas sostenidas por las manos del pastor. La familia de Jesús va también a ver qué verdad tienen todas aquellas acusaciones que hacen sobre Él los escribas que habían bajado del Templo de Jerusalén, tras la sanación del hombre.

A lo que Jesús responde con un guiño para toda la humanidad: mi madre y mis hermanos son todos aquellos que me buscan con un corazón sincero, son todos aquellos que en las dificultades de la vida tratan de hacer la voluntad de Dios. Los que me abren las puertas de su casa para que Yo pueda entrar y cenar con ellos. La casa es, pues, el lugar de encuentro y descanso en ÉL y se convierte en el Templo que somos cada uno del Espíritu Santo que mora en nosotros.