Lun
11
Jul
2016
Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido

Primera lectura

Lectura del libro de los Proverbios 2,1-9:

Hijo mío, si aceptas mis palabras y conservas mis consejos, prestando oído a la sensatez y prestando atención a la prudencia; si invocas a la inteligencia y llamas a la prudencia; si la procuras como el dinero y la buscas como un tesoro, entonces comprenderás el temor del Señor y alcanzarás el conocimiento de Dios. Porque es el Señor quien da sensatez, de su boca proceden saber e inteligencia. Él atesora acierto para los hombres rectos, es escudo para el de conducta intachable, custodia la senda del deber, la rectitud y los buenos senderos. Entonces comprenderás la justicia y el derecho, la rectitud y toda obra buena.

Salmo

Sal 33,2-3.4.6.9.12.14-15 R/. Bendigo al Señor en todo momento

Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. R/.

Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará. R/.

Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a él.
Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor. R/.

Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 19,27-29

En aquel tiempo, dijo Pedro a Jesús: «Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?»
Jesús les dijo: «Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.»

Reflexión del Evangelio de hoy

  • «Alcanzarás el conocimiento de Dios»

En este fragmento del libro de los Proverbios, se nos invita a buscar siempre la sensatez, la inteligencia y la prudencia, nos aconsejan buscarlas como si fueran un tesoro oculto, y cuando se consigue, comprendemos el conocimiento de Dios.

Toda sensatez procede de Dios, y Él mismo es el que nos otorga inteligencia, únicamente nos pide a cambio ser hombres y mujeres íntegros, de conducta intachable. El Señor nos otorga sensatez, acierto para los rectos, lo cual nos aporta sabiduría.

San Benito fue un hombre dotado de estos dones, fue un gran renovador dentro de la vida monástica. Su Regla para la vida de los monjes, fue aceptada por la mayoría de los monasterios. Inculcó a sus monjes el espíritu de oración sin olvidar dedicar tiempo, también, al trabajo.

Benito llevó a la práctica lo que recordamos en el salmo 33: «Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca».

  • «El que por mí deja casa, hermanos, padres, mujer o hijos, recibirá cien veces más»

En este pasaje de San Mateo Jesús, que acababa de encontrase con el joven rico, en el que puede más el dinero que el deseo de alcanzar la perfección, es el momento en que Pedro le pregunta: Nosotros que hemos dejado todo y te hemos seguido ¿qué nos va a tocar? Jesús le responde que seguramente en la tierra, no recibirán nada a cambio, salvo persecución e incomprensión, pero cuando llegue el momento de la renovación y el Hijo del Hombre se siente en su trono, recibirán cien veces más que lo que han dejado.

Jesús nos invita a que no nos dejemos esclavizar por las cosas que tenemos, que muchas son importantes, pero no son determinantes para alcanzar la perfección. Nos pide la entrega total, sin condiciones.

Dejarlo todo por Él, es la mejor opción que se nos presenta, entregarnos en alma y cuerpo al servicio a los demás, tomando como guía a Cristo.

Así actuó San Benito, que lo dejó todo por Jesús y su Evangelio, y, siguiendo su ejemplo gran número de monjes han seguido sus indicaciones de vida, enriqueciendo con su ejemplo a la Iglesia.

¿Buscamos la prudencia en nuestros actos?
¿Estamos arraigados a las cosas terrenas?
¿Somos capaces de dejarlo todo por Jesús?