Vie
11
Abr
2014

Evangelio del día

Quinta semana de Cuaresma

Intentaron detenerlo pero se les escabulló de las manos

Primera lectura

Lectura del libro de Jeremías 20, 10-13

Oía la acusación de la gente:
«“Pavor-en-torno”,
delatadlo, vamos a delatarlo».
Mis amigos acechaban mi traspié:
«A ver si, engañado, lo sometemos
y podemos vengarnos de él».
Pero el Señor es mi fuerte defensor:
me persiguen, pero tropiezan impotentes.
Acabarán avergonzados de su fracaso,
con sonrojo eterno que no se olvidará.
Señor del universo, que examinas al honrado
y sondeas las entrañas y el corazón,
¡que yo vea tu venganza sobre ellos,
pues te he encomendado mi causa!
Cantad al Señor, alabad al Señor,
que libera la vida del pobre
de las manos de gente perversa.

Salmo

Sal 17, 2-3a. 3bc-4. 5-6. 7 R/. En el peligro invoqué al Señor, y él me escuchó

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R/.

Dios mío, peña mía, refugio mío,
escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos. R/.

Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de la muerte. R/.

En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios:
desde su templo él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Juan 10, 31-42

En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.
Él les replicó:
«Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?».
Los judíos le contestaron:
«No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios».
Jesús les replicó:
«¿No está escrito en vuestra ley: “Yo os digo: sois dioses”? Si la Escritura llama dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios, y no puede fallar la Escritura, a quien el Padre consagró y envió al mundo, ¿decís vosotros: “¡Blasfemas!” Porque he dicho: “Soy Hijo de Dios”? Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis, pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que comprendáis y sepáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre».
Intentaron de nuevo detenerlo, pero se les escabulló de las manos. Se marchó de nuevo al otro lado del Jordán, al lugar donde antes había bautizado Juan, y se quedó allí.
Muchos acudieron a él y decían:
«Juan no hizo ningún signo; pero todo lo que Juan dijo de este era verdad».
Y muchos creyeron en él allí.

Reflexión del Evangelio de hoy

Jeremías, en la Primera Lectura, es un modelo de comportamiento por lo que dice y por lo que hace. En medio de problemas y dificultades de todo tipo, pero sobre todo personales, sigue siendo fiel a Dios y a la misión encomendada. Se sabe escuchado, que no es sinónimo de atendido, pero le basta saber que Dios sigue estando de su parte. Lo demás, él sabrá lo que hace y por qué lo hace.

En el Evangelio, a una semana del Viernes Santo, Jesús se siente más acosado y acusado que nunca por parte de los escribas y fariseos. Incapaces de creer y creyéndose en posesión de la verdad, juzgan a un Jesús que les echa en cara su incoherencia, su cerrazón y dureza de corazón. 

  • Jesús y el Padre

Nuestro Viernes Santo lo celebraremos dentro de una semana. Pero, Jesús comenzó a vivirlo bastante antes. Hoy mismo hemos proclamado parte del prólogo. Y, a pesar de todo, Jesús, aparentemente ajeno a su situación, paseaba por los atrios del Templo. Siempre he admirado y envidiado esa paz y serenidad de Jesús incluso cuando ”los judíos agarraron piedras para apedrearlo”. Su secreto estaba precisamente en lo que le acusaban sus enemigos: en sus relaciones con su Padre. En que “el Padre está en mí y yo en el Padre”.

La fijación de Jesús era su Padre. Y, sabedor de que su misión era hacer la voluntad del Padre, fue capaz de preguntar a los judíos: “Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis?” Nada ni nadie le quitarán la paz a Jesús, porque sabe que su Padre aprueba y bendice lo que, en su nombre está haciendo.

  • Predicar y dar trigo. Armonía de Jesús

Jesús predicó. Nos mostró, con alegorías y parábolas, el rostro de su Padre. Y lo que nos dijo sigue siendo modelo de bien decir, de buen decir, del mejor decir. Pero, además de decir, Jesús “dio trigo”, trigo ya molido y preparado para su degustación. No es extraño que él mismo dijera a los judíos: “Si no hago las obras de mi Padre, no me creáis; pero si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras”. Sed coherentes, sed honrados, y, a sabiendas, no os mantengáis en el error.

Esta es la armonía de Jesús y, por él, la de su Padre, cuyo rostro él nos estaba mostrando. Esta es la serenidad y la transparencia total de su vida y persona. Armonía y serenidad compatible con el sufrimiento que intuimos anida en su alma, y que vamos a ir desgranando en la Semana Santa. Sufrimiento, pasión, muerte y, al final, Resurrección.

Y, a pesar de las piedras – de nuestras piedras- y la postura de los judíos –y la nuestra-, “muchos creyeron en él”. Y muchos seguimos apostando por él, como aquéllos. Lo importante, lo decisivo no es eso; es que él sigue apostando por nosotros.