Tres consideraciones en torno a la vida nueva en Cristo resucitado, la mística ausencia del Señor que se nos va el día de la Ascensión, y la celebración con María del gozo en la plenitud de la salvación
Meditación ante una imagen de Cristo Crucificado de Abraham van Diepenbeeck y una oración de tradición dominicana que se encuentra en la Liturgia de las Horas de la Orden de Predicadores.
Meditaciones sobre la llamada a ser santos, y a encontrarnos, con las manos y el corazón colmados de obras que rezumen amor, caridad, solidaridad, gratitud, sacrificio. Propia para los días primeros de noviembre. Texto de san Juan Crisóstomo, san Basilio, Cesareo de Arlés, Ignacio de Antioquía
Con Cristo y con María, las meditaciones de este mes quieren recoger los gozos, sufrimientos y triunfos del Reino de Dios y de la Humanidad, considerándolos a la luz de los misterios del Santísimo Rosario.
El mes de Noviembre lo dedica la liturgia, con predilección, a celebrar la santidad de innumerables personas que ya en la tierra dieron gloria a Dios mediante el cultivo de virtudes heroicas. Las dominicas de la Piedad ofrecen una meditación para este mes con textos de San Agustín.
Rosario contemplativo, con el texto evangélico, ilustrado con una imagen de fr. Angélico y acompañado con música de H.I.F. Biber y sus sonatas para cada misterio del Rosario. Aunque habitualmente cada misterio del Rosario se acompaña con diez Ave Marías, en esta ocasión sugerimos cinco para adaptarnos al tiempo de la pieza musical y hacer la oración más pausada.
Rosario contemplativo, con el texto evangélico, ilustrado con una imagen de fr. Angélico y acompañado con música de H.I.F. Biber y sus sonatas para cada misterio del Rosario. Aunque habitualmente cada misterio del Rosario se acompaña con diez Ave Marías, en esta ocasión sugerimos cinco para adaptarnos al tiempo de la pieza musical y hacer la oración más pausada.
Rosario contemplativo, con el texto evangélico, ilustrado con una imagen de fr. Angélico y acompañado con música de H.I.F. Biber y sus sonatas para cada misterio del Rosario. Aunque habitualmente cada misterio del Rosario se acompaña con diez Ave Marías, en esta ocasión sugerimos cinco para adaptarnos al tiempo de la pieza musical y hacer la oración más pausada.
Rosario contemplativo, con el texto evangélico, ilustrado con una imagen de fr. Angélico y acompañado con música de H.I.F. Biber y sus sonatas para cada misterio del Rosario. Aunque habitualmente cada misterio del Rosario se acompaña con diez Ave Marías, en esta ocasión sugerimos cinco para adaptarnos al tiempo de la pieza musical y hacer la oración más pausada.
Rosario contemplativo, con el texto evangélico, ilustrado con una imagen de fr. Angélico y acompañado con música de H.I.F. Biber y sus sonatas para cada misterio del Rosario. Aunque habitualmente cada misterio del Rosario se acompaña con diez Ave Marías, en esta ocasión sugerimos cinco para adaptarnos al tiempo de la pieza musical y hacer la oración más pausada.
Rosario contemplativo, con el texto evangélico, ilustrado con una imagen de fr. Angélico y acompañado con música de H.I.F. Biber y sus sonatas para cada misterio del Rosario. Aunque habitualmente cada misterio del Rosario se acompaña con diez Ave Marías, en esta ocasión sugerimos cinco para adaptarnos al tiempo de la pieza musical y hacer la oración más pausada.
Rosario contemplativo, con el texto evangélico, ilustrado con una imagen de fr. Angélico y acompañado con música de H.I.F. Biber y sus sonatas para cada misterio del Rosario. Aunque habitualmente cada misterio del Rosario se acompaña con diez Ave Marías, en esta ocasión sugerimos cinco para adaptarnos al tiempo de la pieza musical y hacer la oración más pausada.
Rosario contemplativo, con el texto evangélico, ilustrado con una imagen de fr. Angélico y acompañado con música de H.I.F. Biber y sus sonatas para cada misterio del Rosario. Aunque habitualmente cada misterio del Rosario se acompaña con diez Ave Marías, en esta ocasión sugerimos cinco para adaptarnos al tiempo de la pieza musical y hacer la oración más pausada.
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Presentamos un sermón o tratadito de Juan Taulero sobre la oración: su práctica, las condiciones que ella requiere para ser fecunda, y tres grados en la consiguiente elevación de espíritu.