Dom
4
Dic
2011

Homilía II Domingo de Adviento

Año litúrgico 2011 - 2012 - (Ciclo B)

En el desierto preparadle un camino al Señor

Pautas para la homilía

En este segundo domingo hemos encendido la segunda vela en la corona de adviento como una expresión de que poco a poco nos vamos acercando a aquel que sabemos que viene a salvarnos como “luz del mundo”. El, con su primera venida nos ha abierto caminos por el desierto para llevarnos a la verdadera liberación y encontrarnos con el “cielo nuevo y la tierra nueva donde sea posible la justicia” Esta esperanza, que ha de llenar nuestro corazón, nos empuja a estar activos para encontrarnos de verdad con el Señor que viene a salvarnos en medio de nuestras realidades

  • “En el desierto preparadle un camino al Señor”

Este es el gran mensaje central del Adviento y que hoy se repite con insistencia en la Palabra de Dios que hemos proclamado.

El desierto que rodeaba a Jerusalén obligaba a abrir caminos para que algún personaje o el pueblo que subía a celebrar la Pascua o acudía al templo, pudiera transitar fácilmente. El profeta nos recuerda cómo hacían este trabajo:”allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que los montes y colinas se abajen, que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale”.Todo se hacia para facilitar el encuentro con el Señor en Sión.

Esta imagen, tan familiar para muchos judíos, era empleada por los profetas y por el mismo Juan el Bautista con la seguridad de que todos les entendían. Ellos invitaban a que hicieran un esfuerzo de conversión, de cambio de vida, para así responder a lo que ya había realizado el Señor. De este modo es como se facilitaba la revelación de “la gloria del Señor, y que la vieran todos los hombres juntos”.

En esta Adviento de la “crisis”, de cambio político, de “travesía del desierto”, es necesario que los creyentes recibamos como dirigido a nosotros las palabras del profeta Isaias: “Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios; hablad al corazón de Jerusalén”. ¿Qué significa hablar al corazón? ¿Qué hay en el corazón humano para que pueda recibir una palabra, que le consuele, que le de conciencia de su dignidad, que le llene de esperanza? Sabemos que Dios mismo nos da la respuesta a estos interrogantes. El se revela al corazón del hombre como el Padre lleno de afecto, de comprensión y de perdón. El Sínodo sobre la Palabra nos ha invitado a escucharla con un corazón sencillo y abierto para conseguir una verdadera renovación interior de vida que nos ayude a vivir los momentos duros, de falta de empleo, de recortes económicos, de situaciones difíciles de muchos hermanos nuestros que necesitan mantener una esperanza de que esa situación se va a superar. ¡La Comunidad cristiana tenemos una buena tarea para este Adviento!: Consolar, ayudando de verdad y con obras a que se haga realidad la presencia de Dios en medio de nuestra sociedad porque le hemos preparado en este “desierto” un camino al Señor.

  • Para tener “un cielo nuevo y una tierra nueva en los que habita la justicia”

El corazón humano entiende de ternura y de acogida, de misericordia y de fidelidad, de amor y de perdón. Los que estamos bautizados no sólo con agua sino “con Espíritu Santo”, tenemos la obligación de “adelantar la venida del Señor” acercándonos a El y a nuestros hermanos, principalmente a los que en este tiempo lo están pasando peor. Es el mejor modo de vivir un Adviento en constante vigilancia y de una manera activa. Hoy más que nuca, tenemos que anunciar al Jesucristo y allanar los senderos para que este anuncio llegue a todos, a nosotros los primeros, a nuestra familia, a nuestro trabajo, a nuestra sociedad… La Palabra de Dios no puede ser callada, ni nuestro testimonio cristiano puede ser reducido a lo privado., sino todo lo contrario.

Hemos de dar vida a lo que se ha proclamado en el Salmo responsorial. “Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos. La salvación está ya cerca de sus fieles y la gloria habitará en nuestra tierra. La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan; la fidelidad brota de la tierra, y la justicia mira desde el cielo” (Salmo 84) Es un modo concreto para transforma la aridez del desierto de nuestra sociedad, y contribuir a crear acequias que hagan productible este desierto nuestro. Estamos dando pasos para construir el Reino creando una “tierra nueva” donde Dios se manifiesta como liberador de toda esclavitud y lo hace con la fuerza de un guerrero y la ternura de un pastor. “Como un pastor apacienta a su rebaño, su mano lo reune. Lleva en brazos los corderos, cuida de las madres”. Los creyente en Jesús, el Mesías , el Señor h, tenemos la obligación de pregonar la llegada de “un cielo nuevo y una tierra nueva en los que habite la justicia”.

“Ven, Señor, que la fuerza de tu Reino nos convierta en hombres y mujeres nuevos a la medida de Cristo Jesús. Que seamos capaces de transformar desde dentro las estructuras familiares, laborales, políticas y económicas, posibilitando tu presencia en el nacimiento del hombre y mundo nuevos”.