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Vie
9
Dic
2011

Evangelio del día

Segunda Semana de Adviento

El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 48,17-19:

Así dice el Señor, tu redentor, el Santo de Israel: «Yo, el Señor, tu Dios, te enseño para tu bien, te guío por el camino que sigues. Si hubieras atendido a mis mandatos, sería tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar; tu progenie sería como arena, como sus granos, los vástagos de tus entrañas; tu nombre no sería aniquilado ni destruido ante mí.»

Salmo

Sal 1,1-2.3.4.6 R/. El que te sigue, Señor, tendrá la luz de la vida

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.

Será como un árbol plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,16-19

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «¿A quién se parece esta generación? Se parece a los niños sentados en la plaza, que gritan a otros: "Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos cantado lamentaciones, y no habéis llorado." Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Tiene un demonio." Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores." Pero los hechos dan razón a la sabiduría de Dios.»

Reflexión del Evangelio de hoy

En las fechas en las que estamos se empieza ya a notar cierto calor en las lecturas. Calor de Esperanza, calor de Sabiduría, calor de Paz. Una subida de temperatura litúrgica que a todos nos viene francamente bien ante los gélidos tiempos que corren.

En la lectura de Isaías ya se nos expone de forma abierta que si fuéramos personas cautas, observadoras, atentas, precavidas... encontraríamos, de una forma clara, sentido en nuestra forma de hacer las cosas y de caminar por la vida. Sentiríamos los cálidos brazos de nuestro Padre-Madre. Una calidez trasladada a lo más sencillo de nuestro hacer:

A la forma de resolver nuestros conflictos en la que “sería tu paz como un río”, que arrastra y empapa a los demás.

A la forma de entender y realizar una justicia “como las olas del mar”, fuerte, sin fisuras.

A la forma de relacionarnos con nuestros hermanos, a imagen de Jesús, “amigo de publicanos y pecadores", sin discriminación de ningún tipo.

Nuestra vida será un camino largo o corto, pero debemos intentar que no faltaran en ella elementos que hicieran más agradable a los demás y a nosotros mismos el transitar por él.
No estará el camino de la vida falto de obstáculos, ni de desvíos sin señalizar que nos pondrán en la tesitura de escoger hacia dónde seguir, ni de tiempo inestable que nos retrasará en nuestras metas programadas; pero nada de ello debería hacernos desfallecer.
Encontraremos piedras que serán obstáculo, pero también lugar de descanso donde poder reducir el ritmo desmedido; árboles que nos taparán a veces el camino, pero también serán cobijo ante las tormentas y los días acalorados. Todo depende de con qué ojos queramos (o podamos) ver nuestro tránsito por la vida.

No seamos inconformistas y a la vez indecisos. Tengamos claros y firmes nuestros criterios y principios. Dejemos senda en el camino, que ayude a otros a entender la vida de una forma más auténtica, y plena, valorando lo realmente importante de todo lo que nos rodea, de todos los que nos rodean.