Dom
18
Mar
2012

Homilía IV Domingo de Cuaresma

Año litúrgico 2011 - 2012 - (Ciclo B)

Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Comentario bíblico
de Fr. Gerardo Sánchez Mielgo - (1937-2019)



Primera lectura: Segundo libro de las Crónicas 36,14 16.

Marco: Situación de Israel (Judá) al final de la monarquía. Se trata de un conjunto que es descrito más detalladamente en 2Re 23,31 25,30. El historiador Cronista pasa así rápidamente sobre el período sombrío que corre entre la reforma religiosa de Josías (muerto el 609 a.C.) y la restauración nacional y religiosa de la vuelta del exilio de Babilonia.

Reflexiones:

1ª) ¡Multiplicaron sus infidelidades!

En aquellos días, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según las costumbres
abominables de los gentiles. La historia de la salvación se podría definir como el encuentro de un pueblo que no acertaba a ser fiel y un Dios que no dejaba de serlo nunca. Es la característica fundamental de la religión revelada: que es histórica, real y crudamente humana. La grandeza de Dios en su pedagogía fue el intento repetido y mantenido por llevar a su pueblo a la salvación; a la experiencia de su amor generoso; a su designio de devolverle su dignidad de hombre. Este fragmento del Libro de las Crónicas no puede ser más escueto y revelador de la situación a que llegó Israel seis siglos después de la liberación de Egipto, tejidos por las dificultades de un pueblo para entender a su Dios y Soberano que se comprometió con él en un solemne pacto de superior a inferior (que eso fue la alianza del Sinaí) y que no ha recibido la contrapartida de la respuesta del hombre necesaria para que se lograse su proyecto en él. Estos textos siguen iluminando nuestra propia historia personal y eclesial. Seguimos en camino, seguimos en el empeño de Dios y seguimos contando con hombres envueltos en debilidades.

2ª) ¡La fidelidad de Dios a su palabra!

El Señor, Dios de sus padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su Morada. Pero Dios Fiel, en atención a los padres (Abraham, Isaac y Jacob) sigue empeñado en su oferta. Y este proyecto de Dios se traduce en que nunca faltaron a Israel mensajeros suyos que les recordasen las cláusulas de la Alianza. Porque esa fue la misión principal de los profetas: dirigirse a los hombres de su tiempo para intentar que sus vidas se adaptasen a las exigencias de la alianza. Este era el único camino que conducía a la salvación. Por eso los profetas representaron lo mejor de las intervenciones de Dios. Hablaban para los hombres de su tiempo: denunciaban exhortaban, alertaban. Eran como vigías en la noche. El futuro sólo sería posible si se daba una mirada auténtica al pasado de los padres y del Sinaí donde se hizo particularmente presente su Dios y Soberano. Era necesario volver a la roca de donde habían sido tallados.

Segunda lectura: Efesios 2,4 10.

Marco: La carta a los Efesios tiene dos partes o centros de interés más sobresalientes: el misterio de la salvación y de la Iglesia (1 3) y una exhortación a la unidad y a una vida coherente con la fe (4 6). El fragmento pertenece a la primera parte. Y, más en concreto, se afirma que la salvación por Cristo es totalmente gratuita y cuyo resultado el derribo de todas las fronteras que dividen a los judíos de los gentiles haciendo un sólo pueblo nuevo.

Reflexiones:

1ª) ¡Amor y misericordia desbordantes de Dios!.

Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó: estando nosotros muertos por el pecado, nos ha hecho vivir con Cristo (por pura gracia estáis salvados). Sólo puede comprender a Dios realmente el que se encuentra con su misericordia. Una misericordia que tiene dos vertientes ya indicadas en el Antiguo Testamento. Para expresar a Dios movido por su misericordia, el hebreo utiliza dos expresiones complementarias: janun y rajum. Dios es misericordioso (janún) cuando se acerca al hombre para perdonarlo, para romper la barrera que le impide acercarse a su Padre. El Dios que perdona lo hace porque sabe de qué masa hemos sido formados. Pero Dios es también misericordioso (rajum) cuando se acera a los hombres con ternísimo afecto, conmovido en sus entrañas como una madre auténtica. Lo que mejor expresa esta actitud de Dios lo encontramos en dos escenas de la Escritura: la primera, Oseas 11: Cuando Israel era niño, yo le amé...Yo enseñé a Efraím a caminar, tomándole por los brazos...Era para ellos como los que alzan a un niño contra su mejilla, me inclinaba hacia él y le daba de comer (Os 11,1.3.4). Y la otra escena nos la narra Lucas (el hijo pródigo): Estando él todavía lejos, le vio su padre y,conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente (Lc 15,20). ¡Dios es así! ¿Queréis reprocharle su conducta, preguntaba Jesús a los escribas y fariseos que criticaban su comportamiento con los pecadores? ¡Dios es lo totalmente otro, el que nos desborda, el que nos supera, el que nos desconcierta y rompe nuestras categorías superándolas!

2ª) Compartiendo profundamente el mismo destino.

Nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él. Así muestra a todos los tiempos la inmensa riqueza de su gracia. Pablo se ve obligado a inventar expresiones griegas (verbos compuestos que no existían, vg. conresucitar y cosentarse) porque la profunda realidad de lo que Cristo ofrece al hombre no se podía expresar de otra manera. La realidad rompía los límites de un lenguaje correcto. Lo acontecido en Cristo en favor de los hombres desbordaba por todas partes. Por eso recurrió a una nueva formulación. Lo totalmente nuevo exige un lenguaje distinto, porque en cierto modo es inefable (no fácil de decir y expresar). Volver la mirada constantemente a la profunda novedad que es Cristo, para el hombre concreto e histórico. Hoy como ayer es necesario ahondar en esta realidad humanizadora del hombre en su profunda dignidad humana y en su profunda necesidad de restaurarla y recuperarla.

3ª) ¡Nadie puede presumir ni despreciar a su semejante!

Estáis salvados por su gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir. Ya el comportamiento histórico de Jesús fue desconcertante. Provocó, la "comensalidad abierta", la igualdad de todos en el reino de Dios y en la sociedad actual. Aquello provocó el escándalo, el estupor y finalmente la persecución. Los dones de la gracia son sustancialmente los mismos para todos. Sólo nos diferenciamos, en la familia de Dios, por los dones carismáticos que se nos conceden para servir a los demás. Lo que nos constituye en hijos de Dios y hermanos unos de otros son dones comunes e iguales para todos. ¡Otra cosa sería la Iglesia, sacramento de salvación para todo el mundo, si estas verdades básicas e irrenunciables se hicieran realidad! ¡Cuántas diferencias creamos sin fundamento! Todos somos iguales, porque nos ha igualado y hermanado el propio Jesús.

Tercera lectura: Jn 3,14-21.

Nota: este evangelio puede sustituirse por el correspondiente del ciclo A: Jn 9,1-41.

Marco: Jn 9-10 constituye el quinto episodio o escena del relato joánico, con un único tema central: Jesús es la luz del mundo. Y como todos los episodios se construye con un signo y discursos que desarrollan lo apuntado en el signo. El signo milagroso es la curación de un ciego de nacimiento. El discurso se compone de una serie de pequeñas unidades que desarrollan el tema.

Reflexiones.

1ª) ¿Por qué ha nacido ciego?

El signo milagroso es la curación de un ciego de nacimiento. El relato, sobrio pero denso, arranca con esta pregunta planteada por los discípulos a Jesús: "Maestro ¿quién pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego?" En la tradición bíblica se suponía con toda normalidad que la enfermedad era el resultado de un pecado. Pero es un ciego de nacimiento, de ahí la pregunta. Para nuestra sensibilidad y cultura nos extraña la primera parte de la pregunta. Si es ciego de nacimiento, ¿pudo tener responsabilidad personal? Sorprendentemente los rabinos enseñaban en tiempos de Jesús que también en el seno de la madre podía pecar alguien. Aunque incomprensible, es necesario contar con este dato para entender correctamente la pregunta. Jesús corrige la tradición judía de enfermedad como efecto de un pecado. Este caso es una oportunidad para manifestar las obras de Dios. Se lavó en Siloé (que significa Enviado) y recobró la vista.

2ª) ¿Es justo y se atreve a quebrantar el sábado?

Jesús ha realizado este milagro en día de sábado. Surge una dura discusión y enfrentamiento entre los judíos (fariseos) y Jesús, pero a través del ciego de nacimiento. En un estilo hondamente dramático se plantean varios problemas: ¿cómo es posible que un hombre de Dios quebrante el descanso sabático? En los diálogos se plantean algunos interrogantes: ¿Es verdad que este hombre era ciego? ¿es verdad que se ha realizado el milagro?
El ciego es acosado una y otra vez, incluso el recurso a sus padres, para asegurarse del hecho. El ciego responde una y otra vez que él era ciego y ahora ve. El no entiende demasiado los sutiles planteamientos de los juristas judíos. Pero él parte de algo irrefutable: era ciego y ahora ve.

3ª) El ciego curado es el creyente en Jesús.

Es texto es claramente bautismal. La fórmula "abrir los ojos" se utiliza siete veces. El autor joánico quiere expresar que el ciego está "totalmente" curado. La séptima vez (9,32) refleja los tres temas: ceguera, totalidad y pecado están estrechamente unidos. En ese caso la totalidad significa lo siguiente: que el ciego recobra la vista, que es purificado también de su pecado. Está ya presto para recibir la iluminación de la fe en Jesús, Hijo del hombre (9,35-37). La misma problemática era ya reconocida a propósito del relato de la curación del enfermo en la piscina de Betzatá (Jn 5).

4ª) El camino pedagógico de la fe.

En la perspectiva de esta interpretación bautismal, parece que el autor evoca las diferentes etapas de la fe de todo neófito: (a) el primer título que el antiguo ciego da a su bienhechor es puramente humano: "ése hombre llamado Jesús" (v.11). (b) El antiguo ciego confiesa inconscientemente una total ignorancia del misterio que rodea a aquel que llama salvándole; la reflexión suscitada por las dudas de los fariseos (9,16) le introduce en una luz más clara y reconoce que Jesús es "un profeta" (9,17); (c) poco más tarde se concreta más: Jesús "viene de parte de Dios" (9,33), expresión ambigua que puede significar o que Jesús ha sido enviado por Dios, como todo profeta, o más profundamente que tiene origen celeste; (d) al término de su formación simbolizada por la controversia, el neófito está preparado, en el último encuentro con aquel que busca, reconociéndolo como "el Hijo del hombre", como Aquél que viene del cielo (9,35; cf.3,13); (e) finalmente, se recoge la meta de su proceso de fe: "Creo, Señor. Y le adoró".

Fr. Gerardo Sánchez Mielgo

Fr. Gerardo Sánchez Mielgo
(1937-2019)