Nov
Homilía XXXIII Domingo del tiempo ordinario
Año litúrgico 2025 - 2026 - (Ciclo A)
“ Llamó a sus siervos y los dejó a cargo de sus bienes ”
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Reflexión del Evangelio de hoy
“Trabaja con la destreza de sus manos”
Por varias razones, la primera lectura de este domingo es un texto muy interesante. En primer lugar, porque es un elogio de la “mujer fuerte”, que “busca la lana y el lino y los trabaja con la destreza de sus manos”, contribuyendo de este modo al sostenimiento del hogar. Es una mujer económicamente activa cuyos esfuerzos “traen ganancias, no pérdidas”.
Esta descripción del rol de la mujer en el hogar puede parecer sorprendentemente contemporánea, sin embargo, data de 700 años antes de Cristo. Pero, además, es alguien que “extiende la mano hacia el necesitado y abre sus brazos al pobre”; su ingenio y destreza no solo benefician a su familia, sino que alcanzan a quienes son más vulnerables o están excluidos.
En ese sentido personifica maravillosamente a los servidores que recibieron cinco y dos talentos. Con creatividad y entusiasmo, aprovecha aquello que ha recibido para multiplicar el bienestar, no solo de los suyos sino también del conjunto de la sociedad. Las palabras que el señor de la parábola dirige a los servidores que aumentaron los talentos, perfectamente podrían dirigirse a esta mujer: “sierva buena y fiel, como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante”.
“Los dejó a cargo de sus bienes”
Un aspecto para destacar es el hecho de que, en esta parábola, los bienes que se multiplican no son propiedad de los siervos sino de su señor. Han recibido una riqueza enorme (recordemos que, en tiempos de Jesús, un solo talento equivalía a lo que ganaría un jornalero común en 16 o 20 años de trabajo), pero no les pertenece a ellos, ni lo que recibieron ni lo que ganaron. Nada de esta riqueza es personal. El único dueño es el señor.
Es muy interesante pensar que estos siervos han recibido una fortuna colosal y, sin embargo, alegremente la devuelven ¡y multiplicada! No parecen apegados al dinero, no se guardan nada para sí mismos, sino que lo entregan todo a su verdadero dueño. Desde esta perspectiva se comprende mejor que lo que alaba el señor, no es su capacidad de generar riqueza, sino su “fidelidad”.
En un mundo tantas veces dominado por la lógica de la ganancia y por el afán de acumular bienes, la actitud desprendida y confiada de estos siervos, parece sorpresivamente contracultural. Trabajan con ingenio y destreza, pero nunca pierden de vista el hecho de que lo que poseen es del Señor (ahora sí con mayúscula), no suyo. No nos equivoquemos, esta no es una parábola sobre el afán desmedido de lucro, un mal que tantas veces predomina en nuestro mundo, más bien apunta, de un modo sutil, hacia la lógica del don y de la gratuidad, porque nos recuerda que todo le pertenece a un Señor que -no lo olvidemos- se preocupa de modo especial por los que no tienen nada.
“Entra en el gozo de tu Señor”
Este es un tema que me parece especialmente sugestivo. Los siervos que, con creatividad y entusiasmo se entregan a la tarea de aumentar los bienes de su señor, reciben un doble premio: por un lado, “un cargo importante”, es decir, más trabajo y más responsabilidades; y por otro, entrar en el “gozo” de su señor. No son premios materiales y, creo yo, tampoco son premios para recibir en la vida eterna. Las responsabilidades mayores y el gozo del trabajo creativo son para aquí y ahora.
Es una fuente de gozo y plenitud ser cooperadores en la obra de la creación que, en realidad, nunca está completamente acabada. Es una fuente de gozo y plenitud desarrollar al máximo las potencialidades que Dios mismo ha puesto en nosotros. Es una fuente de gozo y plenitud trabajar con el Señor para que crezcan los bienes de la justicia, la paz, la compasión y la fraternidad. Somos seres esencialmente creativos, a diferencia de los animales o las plantas, los humanos no nos adaptamos al entorno solo con transformaciones biológicas, sino que creamos soluciones novedosas y significados compartidos para poder sobrevivir.
La cultura es en sí misma resultado de la creatividad humana, es la criatura aprovechando al máximo lo que ha recibido del Creador. Somos capaces de idear herramientas, aprovechar el fuego, construir refugios y, sobre todo, somos capaces de crear símbolos y comunicarnos a través del lenguaje. Entramos en el gozo del Señor cuando tomamos conciencia de la enorme riqueza que hemos recibido y nos entregamos a la tarea de recrear este mundo -que no es nuestro- y hacer que aumente en él todo lo bueno, lo bello y lo verdadero.
“Tuve miedo”
Renunciar al gozo de la creatividad nos deja por fuera de ese espacio donde podemos trabajar con el Señor en la construcción del Reino. En la parábola, está claro que el siervo que recibió un talento es castigado, no tanto por su falta de productividad, como por dejarse paralizar por el miedo. De nuevo se enfatiza la importancia del ingenio y el potencial creativo cuando se describe al señor como alguien que “siega donde no siembra y recoge donde no esparce”; estamos frente a una persona capaz de hacer lo que parecía imposible, alguien que, con imaginación e inventiva, convierte en factible lo que otros consideran utópico.
Nosotros, por la fe, participamos de esa característica del Señor y somos realmente capaces de transformar la realidad. Cuando el miedo al fracaso, a los adversarios, a las dificultades, a las represalias o a tantas otras cosas más, nos impide desarrollar al máximo nuestras potencialidades, dejamos de ser “fieles” al Señor que ha confiado en nosotros. El miedo paralizante es una respuesta comprensible en los seres humanos cuando se sienten amenazados.
Pero cuando el Señor nos capacita y nos invita a la creatividad, lo hace sin ningún tipo de intimidación o amenaza, verlo de este modo significa que necesito purificar mi imagen de Dios. En la dinámica del Reino no hay lugar para miedos infundados o temores castrantes. Así como el Señor ha confiado en nosotros al otorgarnos la riqueza inmensa de sus bienes, también nosotros debemos confiar en Él.