Nov
Evangelio del día
“ La mesa compartida ”
Primera lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 2, 5-11
Hermanos:
Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús.
El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario, se despojó de sí mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres.
Y así, reconocido como hombre por su presencia, se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz.
Por eso Dios lo exaltó sobre todo y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra, en el abismo, y toda lengua proclame: Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.
Salmo de hoy
Salmo 21, 26b-27. 28-30a. 31-32 R/. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea
Cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan.
¡Viva su corazón por siempre! R/.
Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos. R/.
Porque del Señor es el reino,
el gobierna a los pueblos.
Ante él se postrarán los que duermen en la tierra. R/.
Mi descendencia le servirá;
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
«Todo lo que hizo el Señor». R/.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Lucas 14, 15-24
En aquel tiempo, uno de los comensales dijo a Jesús:
«¡Bienaventurado el que coma en el reino de Dios!».
Jesús le contestó:
«Un hombre daba un gran banquete y convidó a mucha gente; a la hora del banquete mandó a su criado a avisar a los convidados:
“Venid, que ya está preparado”.
Pero todos a una empezaron a excusarse.
El primero le dijo:
«He comprado un campo y necesito ir a verlo. Dispénsame, por favor”.
Otro dijo:
«He comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas. Dispénsame, por favor”.
Otro dijo:
“Me acabo de casar y, por ello, no puedo ir”.
El criado volvió a contárselo a su señor. Entonces el dueño de casa, indignado, dijo a su criado:
“Sal aprisa a las plazas y calles de la ciudad y tráete aquí a los pobres, a los lisiados, a los ciegos y a los cojos”.
El criado dijo:
“Señor, se ha hecho lo que mandaste, y todavía queda sitio”.
Entonces el señor dijo al criado:
“Sal por los caminos y senderos, e insísteles hasta que entren y se llene mi casa. Y os digo que ninguno de aquellos convidados probará mi banquete”».
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Evangelio de hoy en vídeo
Reflexión del Evangelio de hoy
“Un Dios que se acerca a la humanidad”
La epístola de Pablo a los Filipenses, nos invita a mirar la divinidad de una manera diferente; y es que nos presenta a un Dios que no utiliza su posición para imponerse, sino para acercarse a la humanidad; un Dios que, desde su hijo, elige compartir la fragilidad, el cansancio y el dolor de las personas no permaneciendo distante ante el sufrimiento. Para los hijos e hijas de Dios, tener la certeza de que Dios baja hasta nuestra realidad y camina a nuestro lado, nos dota de una razón profunda para la esperanza en los momentos más sufrientes de nuestras vidas.
Pablo está mostrando a los Filipenses un Dios entregado al servicio porque reconoce la misma dignidad en todos los seres humanos, y les pide, también ahora a nosotros, “Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús”.
Cuando Jesús elige servir y no ser servido, nos está mostrando un tipo de relaciones humanas dignificantes, que prediquen esperanza desde el servicio y el compromiso con los hermanos y hermanas. Reconocer la dignidad del hermano significa trabajar por un Reino de Dios donde la igualdad y la hermandad de todos los seres humanos sea compartida.
Hoy, la Iglesia recuerda a San Martín de Porres, santo peruano y dominico que fue ejemplo de humildad. Que, como Martín, podamos construir un mundo lleno de bondad.
“Invitados a invitar”
La parábola de hoy nos presenta el Reino de Dios como una mesa felizmente preparada para compartir, celebrar y encontrarse entre todos los invitados. Dios nos ofrece un Reino lleno de alegría y paz.
Sin embargo, quienes habían sido invitados comienzan a poner diferentes excusas para no acudir con asuntos personales que les parecen más importantes o urgentes, cosa que no llama nada la atención porque suele pasarnos a todos, que una vez se nos muestra cómo construir y celebrar el Reino de Dios, ponemos escusas, y es que la vida cotidiana puede encerrarnos tanto que dejamos pasar lo verdaderamente importante: Dios.
Pero la mesa no puede estar vacía, y Dios llama a quienes normalmente quedan fuera de esta para llenarla de personas enfermas, excluidas o heridas. Dios siempre se acuerda de quienes viven en los márgenes, de quienes no tienen poder o capacidad de decisión.
El mensaje de hoy es claro: toda persona merece estar en la mesa del Señor. Toda persona está dotada de dignidad para compartir la fiesta. Sin distinción alguna. Sin discriminación. La vida se convierte en una verdadera celebración cuando nadie queda fuera. Seamos anfitriones que construyan, incluyan y que nunca pongan escusas para compartir el banquete del Señor.
¿Qué excusas ponemos para no escuchar, acompañar o ayudar a quienes nos necesitan? ¿Quiénes son hoy las personas que dejamos fuera de nuestras mesas, comunidades y espacios de decisión? ¿Qué podemos hacer para que cada persona se sienta acogida, valorada y parte de la comunidad? ¿Estamos dispuestos a compartir nuestro tiempo, nuestros recursos y nuestra vida con quienes suelen quedar al margen?