Dom
5
Jul
2009

Homilía Decimocuarto Domingo del Tiempo Ordinario

Año litúrgico 2008 - 2009 - (Ciclo B)

Y no pudo hacer allí ningún milagro

Introducción

Desde que el hombre es hombre, siempre nos han gustado los fuegos de artificio, las noticias deslumbrantes, lo insólito y que llama la atención. “Ser el hijo del carpintero” no era noticia en tiempos de Jesús. Sin embargo, Jesús hacía milagros, interpretaba las Escrituras como nadie había hecho hasta entonces, pero “era el hijo de María”, el carpintero, un “don nadie”.

“Y desconfiaban de él”, o según otra traducción que parece más fidedigna, “se escandalizaban de él”. En realidad, si estaba María por allí, seguro que se acordó de los “piropos” del anciano Simeón sobre aquel niño entonces, hoy adulto, y, al recordarlo, empezaría a entender algo de lo que guardaba en su corazón.

Y, como les faltaba fe, ”no pudo hacer allí ningún milagro”. No es que la fe haga los milagros, pero es la condición para que Dios, con su poder, los realice. Porque, cuando tenemos fe, nos fiamos de Dios, confiamos en él, al mismo tiempo que reconocemos nuestra condición humana.