dominicos.org utiliza cookies, propias y de terceros, para la mejora de la experiencia del usuario durante la navegación. Si decide continuar, entendemos que presta su consentimiento para su utilización por parte del Sitio Web. Más información en Política de Cookies.         Entendido
Mié
24
Jun
2009
¡No! Se va a llamar JUAN.

Primera lectura

Lectura del libro de Isaías 49, 1-6

Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos:
Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre. Hizo de mi boca una espada afilada, me escondió en la sombra de su mano; me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba y me dijo: «Tú eres mi siervo, de quien estoy orgulloso.» Mientras yo pensaba: «En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas», en realidad mi derecho lo llevaba el Señor, mi salario lo tenla mi Dios. Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel -tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza-: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»

Salmo

Sal 138, 1-3. 13-14. 15 R. Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente.

Señor, tú me sondeas
y me conoces; me conoces
cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. R.
Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma. R.
No desconocías mis huesos,
cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra. R.

Segunda lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 13, 22-26

En aquellos días, dijo Pablo:
-«Dios nombró rey a David, de quien hizo esta alabanza: "Encontré a David, hijo de Jesé, hombre conforme a mi corazón, que cumplirá todos mis preceptos." Según lo prometido, Dios sacó de su descendencia un salvador para Israel: Jesús. Antes de que llegara, Juan predicó a todo Israel un bautismo de conversión; y, cuando estaba para acabar su vida, decía: "Yo no soy quien pensáis; viene uno detrás de mí a quien no merezco desatarle las sandalias." Hermanos, descendientes de Abrahán y todos los que teméis a Dios:
A vosotros se os ha enviado este mensaje de salvación.»

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1, 57-66. 80

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban.
A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo:
-«¡ No! Se va a llamar Juan. »
Le replicaron:
-«Ninguno de tus parientes se llama así.»
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Todos se quedaron extrañados.
Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo:
-«¿Qué va a ser este niño?»
Porque la mano del Señor estaba con él.
El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.

Reflexión del Evangelio de hoy

Celebramos hoy el nacimiento de Juan Bautista. La Iglesia sólo celebra tres nacimientos: el de Jesús, el de María y el de Juan. Curiosamente los tres personajes que se dan cita, junto con el Espíritu Santo, en la Visitación de María a Isabel. Nada más oír a María, “exultó el niño en su seno” e Isabel, su madre “se llenó del Espíritu Santo”.

Dando un gran salto, encontramos a Juan, ya adulto, predicando en el río Jordán y bautizando. Entre los que iban a bautizarse, un día fue su pariente Jesús, y Juan lo bautizó reconociendo que era él aquel a quien tenía que anunciar.

Un año más tarde, Juan aparece en la cárcel donde, con la complicidad de Herodías y Salomé, Herodes lo manda decapitar.

  • Juan y la coherencia

Juan simboliza la palabra profética sencilla, clara y directa; sin adornos y sin más matizaciones que las exigidas por la verdad. Tuvo un éxito arrollador y, como no podía ser menos, también tuvo enemigos. Juan atraía por su coherencia de vida, pero era incómodo para los que se sentían denunciados por su palabra profética.

Fue admirado y seguido por muchos. Pero reconoce que es necesario que él mengüe para que crezca Jesús. Llegado el momento, él mismo invita a sus discípulos a dejarle para que vayan con aquel a quien había venido a anunciar. Esa fue su misión. Señalar el camino para que todos puedan ir más fácilmente al único Salvador.

  • Juan y la fidelidad

Una de las notas que más llama la atención en San Juan es su fidelidad a la vocación, a la llamada que el oyó en el vientre de su madre, a la misión a la que siempre se sintió llamado, al carisma recibido del Espíritu Santo desde que comenzó a ser en el vientre de Isabel. Su camino no fue fácil, pero en absoluto lo cuestionó, sencillamente, una vez comprendido, respondió con lealtad y confianza.

Juan intuyó que su quehacer en la vida era preparar los caminos del que venía detrás de él. Y para ello vivió y por ello murió. Y no vivió de cualquier forma, sino respondiendo a lo que, espiritualmente hablando, se esperaba de él. Llamó a las cosas por su nombre, sin importarle las consecuencias. Lo que estaba mal hecho tenía que ser señalado y lo que debía hacerse, indicado y recalcado.

Juan cumplió fielmente su misión de señalar con el dedo a Cristo, de decir a los hombres dónde, cómo y cuándo podrían encontrarse con él. Que él nos señale el modo y la forma de vivir con tal coherencia y fidelidad que cuantos nos oigan o nos vean puedan intuir cómo, dónde y cuándo pueden encontrarse hoy con Jesús, el Señor