Dom
29
Dic
2019

Homilía La Sagrada Familia

Ser y hacer familia: un reto de nuestro tiempo

Comentario bíblico
de Fr. Gerardo Sánchez Mielgo - Convento de Santo Domingo. Torrent (Valencia)



Primera lectura: (Eclesiástico 3,3-7. 14-17a)

Nota: se aconseja leer detenidamente la alocución de Pablo VI cuando visitó Nazaret (se encuentra en la Liturgia de las Horas).

Marco: El fragmento pertenece a la primera parte del Eclesiástico con el tema general centrado en la naturaleza y beneficios de la sabiduría. La existencia individual y comunitaria del hombre creyente tiene que fundarse en la confianza divina. La lectura recuerda el respeto a los padres, según aquella mentalidad antigua, pero que sigue teniendo vigencia muchos de los elementos recogidos.

Reflexiones

1ª) ¡Es urgente recuperar el sentido de honra a los padres!

Dios hace al padre más respetables que a los hijos y afirma la autoridad de la madre. La Escritura fundamenta las relaciones de los hijos con los padres en una verdad sólida: son los colaboradores inmediatos de Dios en la transmisión de la vida. Y la vida es un bien irrenunciable. Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza, pero los dos: padre y madre. Esta proyección de la vida comunitaria de Dios al crear al hombre y la mujer es el fundamento más sólido de la familia y del matrimonio. Por eso la Escritura habla siempre con profundo respeto de la familia y del matrimonio. Era una concepción primitiva, pero muy sólida. Pablo recuerda en su carta a los Efesios 6,3: "Honra a tu padre y a tu madre" es el primer mandamiento al que se añade una promesa: "Te irá bien y vivirás largo tiempo den la tierra". Es necesario volver a las raíces de la familia según el proyecto de Dios, volver a los orígenes de familia como una comunidad de vida y de amor. Ciertamente la autoridad de los padres hay que amasarla hoy con un sincero y generoso diálogo permanente entre todos. Si todos son escuchados y atendidos la familia crece con fuerza, especialmente hoy que se anhelan espacios cálidos de intercomunicación.

2ª) ¡Respeto y ternura para con los padres!

El que honra a su padre expía los pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros... el que respeta a su padre tendrá larga vida, al que honra a su madre el Señor le escucha. En la Escritura está muy presente la bendición. Dios ha relacionado su bendición con los grandes momentos de su obra: bendijo a nuestros primeros padres, a Noé, a Abraham, etc. Esta bendición es eficaz por sí misma. Hoy se diría que es performativa, es decir, operante, dinámica y eficaz. También a la familia la ha enriquecido con una bendición. La familia es para Dios algo muy entrañable, es el reflejo de su propia vida íntima en la eternidad: tres y uno a la vez; como en la familia: tres y uno a la vez. La bendición se vive en la comunión y ternura de unos con otros. Es urgente recuperar las relaciones entre todos los miembros de la familia. Hijos que no respetan a sus padres, sufren las mismas consecuencias cuando ellos a su vez forman una familia. El proyecto de Dios sigue siendo válido y eficaz. La familia atraviesa por graves problemas, por eso urge recuperar su estabilidad para el bien de todos, especialmente de los hijos.

3ª) ¡Acogida cariñosa a los padres en sus achaques!

No abandones a tu padre mientras viva; aunque flaquee su mente ten indulgencia, no lo abochornes mientras seas fuerte. La Escritura recuerda una realidad que debió darse entonces con cierta frecuencia. En la antigüedad también llegaban momentos en que los padres estorbaban el desenvolvimiento de ciertos proyectos de los hijos. Cuando flaquee su mente, ten indulgencia. La autoridad paterna y materna se vuelven ahora como una súplica a los hijos. ¡Cuántas residencias de ancianos no enfermos, sino simplemente ancianos! Esto es un síntoma alarmante de la situación actual de la familia. La Iglesia siempre ha manifestado seria preocupación por este célula básica de la sociedad y de la propia Iglesia que es la familia asaltada por tantos problemas. Hoy como nunca es necesario recuperar el sentido total de la familia. Todos los miembros deben respetarse y quererse sinceramente. La convivencia familiar está apoyada continuamente por el sacramento que está en la base de su formación.


Segunda lectura: (Colosenses, 3,12-21)

Marco: Pertenece a la tercera parte de la Carta: la vida nueva en Cristo. Es la sección moral en que se recogen las exigencias de la vida cristiana y recomendaciones concretas para la conviven-cia familiar. La fuente de toda moral cristiana es la unión con Cristo resucitado.

Reflexiones

1ª) ¡Una comunidad de vida y de amor animada por la misericordia, la bondad, la dulzura y la comprensión!

Sea vuestro uniforme: la misericordia entrañable, la bondad, la humildad, la dulzura, la comprensión. La familia es una parte esencial e imprescindible del nuevo pueblo de Dios. El autor enfoca las características y cualidades de la familia desde la experiencia pascual. Recuerda algunas de esas cualidades bajo la imagen del "uniforme", es decir, aquello que identifica una realidad como singular y bien definida: la misericordia, la bondad, la dulzura y la comprensión. La misericordia ha sido elevada por Jesús a una de sus más bellas congratulaciones o bienaventuranzas: Dichosos los misericordiosos porque Dios tendrá misericordia de ellos (Mt 5,7). Una bienaventuranza se mueve entre la dificultad y la promesa gozosa. La misericordia es un atributo característico de Dios. Dios es misericordioso perdonando generosamente el pecado del hombre y acogiendo con ternísimo afecto. Esta realidad hace de la familia una auténtica comunidad de vida y de amor verdaderamente feliz. Dios nos quiere felices en la familia. También la dulzura o la no violencia es objeto de otra bienaventu-ranza de Jesús: Dichosos los no-violentos porque ellos poseerán la tierra (Mt 5,5). Y lo mismo podría decirse de la bondad y de la comprensión. Estas cualidades son de innegable actualidad. En un mundo agresivo, violento en tantos ámbitos, es necesaria la familia animada por estas cualidades. Los miembros que vuelven muchas veces derrotados de la lucha agresiva y dura, necesitan el ambiente cálido y sosegado de un hogar moderno pero auténtico en el que todos se acogen mutuamente en la dulzura y la misericordia y en los momentos tensos, la comprensión y la bondad en los gestos y en las palabras.

2ª) ¡Es necesario el perdón permanente a imitación de Jesús!

Perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro. El Señor os ha perdonado haced vosotros lo mismo. El perdón y la reconciliación se encuentran en la entraña misma de la obra de Jesús. Desde la primera declaración que hace Juan sobre Jesús aparece esta realidad: He ahí el cordero (siervo) de Dios que hace desaparecer el pecado del mundo (Jn. 1,36). La historia de la salvación nos recuerda con hiriente frecuencia la presencia y las manifestaciones del pecado en el mundo. Una realidad nunca querida por Dios que destruye al hombre y lo deshumaniza. El modelo del perdón permanente que todos los miembros de la familia necesitan conceder y recibir es el reflejo y el resultado del perdón conseguido a través de Cristo. Los miembros de las familias deben estar muy atentos a sus propias debilidades y a las debilidades de los demás. Por eso necesitan ser muy generosos en ofrecer el perdón (hasta setenta veces siete cada día) y recibirlo son sencillez y sinceridad. Cada vez que cualquiera nos diga "lo siento" hemos de reaccionar con el perdón generoso y gratuito, como lo es el que nos concede a nosotros Jesús mismo.

3ª) ¡El amor y la paz, secretos de una familia en comunión!

Por encima de todo esto, el amor que es el ceñidor de la unidad consumada. Que la paz de Cristo actúe de árbitro en vuestro corazón. El amor que es la fuerza motriz de toda la historia de la salvación y del misterio pascual, es la raíz de todo lo demás. Jesús en la cruz es la suprema manifestación y expresión del amor gratuito de Dios. San Juan cuando quiso interpretar este acontecimiento nos enseñó que nadie tiene amor más grande que el que está dispuesto a dar su vida por sus amigos: amaos mutuamente porque yo os he amado primero (Jn 15,12ss). En la Iglesia y en la familia no es posible el amor fraterno si antes no se ha experimentado sinceramente el amor que Dios nos tiene. En esta experiencia aprendemos la gratuidad total, la limpieza, la exigencia y la profunda felicidad que se siente cuando alguien se sabe amado por Dios. Lo mismo espera Jesús de los miembros de su Iglesia y de cada familia. La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente. Es necesario desterrar el mercadeo en las relaciones familiares. O los miembros de la familia se deciden por un amor generoso, universal y limpio o no es posible la verdadera comunión y felicidad de todos y de cada uno. El amor auténtico no tolera ser tratado como una mercancía o moneda de cambio. Es necesario que las familias cristianas maduras, abiertas, modernas reflejen la hondura, elegancia y exigencia del verdadero amor de Jesús reflejado en ellas.

Evangelio: (Mateo 2,13-15.19-23)

Marco: A continuación del relato de los magos, el evangelista Mateo narra la huida a Egipto y regreso.

Reflexiones

1ª) ¡Las dificultades de una joven familia!

El ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: levántate, coge al niño y a su madre y huye a Egipto. Quédate allí hasta que yo te avise. San Mateo ha conseguido un estremecedor y desconcertante relato, una elocuente dramatización cristológica. Jesús fue realmente una bandera discutida o un signo de contradicción durante todo su ministerio en el que fue rechazado por los que no aceptaban ni su mensaje ni su actuación con todos, especialmente con las personas marginales por razones morales, económicas o sociales. Todo desembocó en la muerte de Cruz. Pues bien, esta historia es retrotaida de alguna manera y se refleja en los relatos de la Infancia. La Sagrada Familia se vio envuelta en graves dificultades. Es modelo ejemplar en todos los aspectos, incluido el de las graves dificultades sufridas, siendo los tres profunda y totalmente inocentes de toda culpa. Hoy como ayer, la familia es asaltada desde muchos flancos, por tanto necesita una atención vigilante y solícita. Todas las familias que sufren por cualquier casa tienen donde dirigir la mirada para recuperar su comunión profunda, su mutua ayuda, sus razones para seguir adelante motivados por una gran esperanza. Sólo por ahí recuperaremos esta célula básica e insustituible para la Iglesia y la para sociedad.

2ª) ¡La Sagrada Familia en el número de los emigrantes forzosos!

José se levantó, cogió al niño y a su madre de noche; se fue a Egipto. Los patriarcas se vieron obligados a descender a Egipto acuciado por la urgente necesidad de alimentos. Allí les espera José que les facilita un lugar apropiado para su vida de pastores. Las situaciones cambiaron y cuatro siglos después el pueblo se ve obligado a duros trabajos forzados (esclavitud de Egipto). Fueron perseguidos por los faraones que decretaron la muerte de todos los varones. Dios interviene y los saca de Egipto por mano de Moisés. Todo este acontecimiento ha inspirado a Mateo para componer este aconteci-miento de Jesús. Jesús fue cruelmente perseguido durante su vida hasta la muerte injusta en la cruz. Este acontecimiento es preanunciado misteriosamente por la forzosa huida a Egipto porque peligraba la vida del niño. De este modo la Sagrada Familia pertenece a esa lista incalculable de exilados forzosos que se han dado en toda la historia. Hoy comprobamos el fenómeno doloroso de los exilados forzosos y de los inmigrantes impelidos por la necesidad vital. ¿Cómo acogemos, cómo tratamos a todos estos hermanos nuestros que buscan medios de vida?. Amnistía internacional no recuerda insistentemente las graves dificultades que encuentran todos ellos para integrarse laboral y socialmente. Los creyentes estamos llamados a ser mensajeros y promotores de respeto, acogida y ayuda a todo estos hombres y mujeres, familias enteras que se desplazan de sus países en busca de condiciones de vida más humanas. No podemos, no debemos quedarnos neutrales, ni inhibirnos. Todos estamos comprometidos desde nuestra propia situación.

3ª) ¡José y María con Jesús vuelven a Israel y se establecen en Nazaret!

Levántate, coge al niño y a su madre, y vuélvete a Israel. Se retiró a Galilea y se estableció en un pueblo llamado Nazaret. Egipto no es la patria definitiva del pueblo de Dios ni tampoco lo es del Hijo de Dios hecho hombre. Es una etapa dolorosa, pero ambos se dirigirán a la Tierra Prometida. Mateo se inspira en aquellos relatos antiguos para enseñarnos que Dios llama a su Hijo Jesús de Egipto para que vuelva a la tierra de la verdadera libertad. Llamé a mi hijo para que saliera de Egipto. Jesús sume y realiza el itinerario de su pueblo y lo ha hecho en familia, los tres juntos, y guiados por la Palabra de Dios. El proyecto de Dios para su Familia y para todas las familias no es la esclavitud ni el exilio, sino la tierra de la libertad. Se establecieron en un pueblo llamado Nazaret, donde desarrollaría el programa familiar marcado por la Escritura (voluntad de Dios) durante muchos años: convivencia íntima, laboral, social y religiosa. El mundo necesita que los creyentes le anuncien el proyecto para las familias, a saber, que vivan en libertad, en comunión, en mutua ayuda. Unidas en las alegrías y en las penas y como modelo ejemplar propone su propia Familia. Guiados por esta esperanza es necesario trabajar de la forma que a cada cual le incumba en la reconstrucción de esta realidad admirable que es la familia.

Fr. Gerardo Sánchez Mielgo

Fr. Gerardo Sánchez Mielgo
Convento de Santo Domingo. Torrent (Valencia)